
Esta entrevista recoge la voz de Jorge y Emilio, repartidores de delivery en Santiago, integrantes del colectivo Delivery por derechos, que impulsan la creación del primer sindicato de deliverys en Chile. Ellos, desde trayectorias distintas —uno realizador audiovisual hoy subsumido en el reparto por aplicaciones, el otro sociólogo en formación que investiga el capitalismo de plataforma— comparten una experiencia común de precarización, explotación y desgaste cotidiano. Ambos encarnan una figura cada vez más extendida de la clase trabajadora contemporánea: trabajadores formalmente “independientes”, pero materialmente subordinados a algoritmos, tarifas impuestas y una estructura empresarial que traslada todos los riesgos al individuo mientras concentra las ganancias.
Escuchar estas voces no es solo un ejercicio testimonial, sino una necesidad política. En el trabajo de delivery se están configurando nuevas subjetividades obreras, atravesadas por el discurso del emprendimiento, la autoexplotación y la fragmentación, pero también por fisuras, quiebres y procesos incipientes de organización colectiva. En un Chile marcado por la precarización laboral, la migración y la ofensiva del capital sobre el trabajo, estas experiencias revelan tanto las formas actuales de dominación como las luchas que comienzan a emerger desde abajo, allí donde el capital creyó haber disuelto toda conciencia de clase.
¿Cómo es la realidad de los trabajadores del delivery?
Jorge: Sí, bueno, es súper precarizada, de partida los pagos, las tarifas de los pedidos son bajas, eso hace que uno tenga que trabajar hartas horas, las jornadas son bien extensas, es muy común que se trabaje hasta 12 horas. No hay áreas de descanso adecuadas; el acceso al baño no está garantizado. Algunos locales te lo prestan, otros no, hay algunos malls que han empezado a cerrar el acceso solo a clientes. Tampoco hay acceso a cobertura por accidente, los implementos de protección las aplicaciones no te lo entregan, uno incluso tiene que pagar por la mochila, por la mantención del vehículo.
Emilio: Bueno, primero que todo te diría que para poder tener ingresos relativamente importantes, o al menos para sostener un hogar, hay que estar bastantes horas arriba de la bicicleta o de la moto, entre 8 y 10, incluso más. Si bien las aplicaciones tienen un máximo de horas conectadas por día, tú te puedes conectar en Uber y terminaste el tiempo y después te puedes conectar con Rapi. En el fondo, la aplicación te regula el tiempo por ley, pero eso no quiere decir que tú no vayas a trabajar con otra aplicación y seguir con la misma dinámica. Entonces hay bastante autoexplotación porque las tarifas son bajas. Y en lo cotidiano, como decía Jorge, en muchos casos no tienes algún lugar donde poder ir al baño, sentarte bajo la sombra cuando hace calor o refugiarte de la lluvia un rato cuando está lloviendo. Si bien muchas veces se puede usar el baño de los locales, por ejemplo un Burger King , hay muchos lugares en donde solamente atienden detrás de una ventana y te pasan el pedido y ya. Entonces, no hay forma de acceso a un baño. Y algo que hemos notado ya, que no tenemos pruebas ni tampoco dudas, es que hoy día vas a recibir un pedido al Burger King o al McDonald’s y ya no hay muchas personas comiendo adentro del espacio. Pero sí hoy día esos negocios están funcionando gracias al trabajo de los delivery, es casi todo por reparto. O sea, toda la producción que está saliendo de McDonald’s, no tengo el dato duro, pero desde lo que uno puede observar, de 10 pedidos quizás siete son deliver y tres son ahí en el local. Entonces tampoco hay ningún tipo de beneficio extensivo en donde el comercio diga: «Ya, mira, ellos me están moviendo toda la producción o gran parte de la producción, les vamos a hacer una sala de descanso.» No, eso no ocurre. Tengo entendido que en algunos sectores del sector oriente hay espacios, pero no es la regla, de hecho, es una excepción a la regla.
Usaste un concepto de autoexplotación. ¿Cuánto perciben ustedes que hay efectivamente de autoexplotación y cuánto hay de explotación de estas grandes empresas?
Emilio: Yo creo que material y contractualmente está la explotación por parte de las empresas, empresas multinacionales, pero en términos de autoexplotación tiene que ver con una forma de pensar, con una subjetividad, en donde bueno, si no trabajo no gano, ¿comprendes? Si no reparto no gano, entonces, las empresas que hacen, están pagando cada vez menos o en realidad no es que pague cada vez menos, es que no se han actualizado, desde el 2019 las tarifas no se actualizan mucho. Y hubo un tiempo dorado, por así decirlo, que fue el tiempo de la pandemia, pero claro, como esto utiliza la oferta y la demanda, en ese momento había pocos repartidores y mucha gente encerrada en las casas pidiendo comida. Y hoy día es un poco al revés, hay muchas cuentas creadas, el algoritmo toma eso y dice, «Bueno, los bonos que voy a dar son bajos, ya no son atractivos, voy a pagar lo mínimo posible por los pedidos” y las personas dicen, «Bueno, yo si antes me conectaba eh 5 horas y tenía, no sé, 20 lucas, 25 lucas, hoy día me tengo que conectar ocho para tener esas 25, pero ya con 25 no me alcanza, necesito hacerme 30 lucas diarias. Entonces, yo no me voy a conectar 8, me voy a conectar 10 o 12 horas, entonces ahí está la autoexplotación, que si bien es la lógica algorítmica la explotadora, pero el esfuerzo de llegar a la meta depende, entre comillas, de uno, cada persona tiene su propio número. Si tú le preguntas a un extranjero que por ahí trabaja 12 horas, no se va para la casa pasa si no tiene 40 lucas al día. Entonces, ahí pasa el fenómeno de la autoexplotación, pero en realidad está completamente mediada por una estructura maquiavélica, por un algoritmo maquiavélico.
Jorge: Sí, de partida el discurso de la empresa y de este tipo de trabajo es justamente esta libertad que uno tiene o que te otorgaría esta flexibilidad de horario. Pero ahí es donde, claro, está la subjetividad que decía Emilio, uno termina asumiendo qué tan bien o tan mal me va, depende de mi esfuerzo, depende de cuánto trabajo, pero la verdad es que también hay otra variable. Si bien, claro, es verdad y es súper atractivo tener esta libertad de poder trabajar cuando uno quiera, también eso implica que como funcionan las aplicaciones, no te garantiza, digamos, un sueldo base, no hay un sueldo por hora, sino que depende de cuántos pedidos uno no haga, y a veces uno puede estar más de 2 horas, 3 horas y no te llega ningún pedido, entonces es súper incierto. Y claro, yo creo que entender que el éxito en este trabajo depende de uno también está como súper conforme con esta idea del capitalismo neoliberal. Como todo se traslada al individuo, en este caso todo se traslada al trabajador. Y el empleador se exime de la garantía que debería ofrecer.
¿Creen ustedes entonces hay una percepción de ser emprendedor más que la subjetividad de ser trabajador? ¿Cómo ven ustedes que se autopercibe el trabajador del delivery?

Jorge: Yo creo que, en general, hay una conciencia de la explotación. De que hay abuso, de que los pagos son bajos, de que uno trabaja mucha hora, de que estamos expuestos al clima duro, a accidentes, a que te roben. Pero sí, yo creo que en el fondo, en general se entiende como una idea de un emprendedor. Que depende de uno.
Emilio: Mira, si bien está esta idea de uno es su propio jefe, o que es un emprendedor, empresario de sí mismo, esa idea calza perfectamente con la gran mayoría de los delivery que son extranjeros, en este caso la comunidad venezolana, ¿entiende? Que todos ellos vienen con la mentalidad de, bueno, yo acá estoy para hacer plata, lo que yo hago es hacer plata. Entonces, si bien ellos son la gran masa, hasta hoy día todavía muchos miran con desconfianza la organización porque, en el fondo, tanto su forma de ver las cosas como la manera de funcionar de las aplicaciones calzan perfecto. Y por eso ha habido tantos años sin organización. Pero ahora se está viendo un quiebre, hay una lógica que se está quebrando, porque después de tantos años ven igual que ya es todo más difícil. Que la vida es más cara, que quizás ya no les alcanza como para poder hacer lo que hacían, enviar plata o vivir acá, en fin. Y también porque hay cuestiones que la ley no contempla y que les duele el bolsillo, por ejemplo, en la mantención de sus propias motos, o de la bicicleta. Hoy día no hay nada que en el contrato de prestación de servicios diga, «Oye, Uber te pagará el 0,5% de los facturados para mantener el desgaste o del equipamiento. Entonces tu pregunta sobre si hay una mentalidad de emprendedor, totalmente. Y yo digo que es una subjetividad capitalista neoliberal. Y eso es quizás el mayor desafío que tenemos, porque en términos de condiciones materiales estamos todos en la misma, pero en términos de cómo miramos, cómo pensamos y cómo nos posicionamos, ahí está la bolsa de gatos. Ahí hay gente que todavía cree que las plataformas no son malas, que son sus amigos. Pero en el fondo no, son lacayos nomás que, de hecho, ni siquiera uno al poner “te accidentaste” y tienes que poner un reclamo, es un bot el que te atiende, no es una persona que te va a decir: «Sí, váyase a la mutual de seguridad.» No. Es un bot. Y por ahí el accidente te imposibilitó incluso de enviar un mensaje de texto. Entonces, hay lógicas que son muy crueles.
¿Qué opinión tienen de la ley 21.341 que regula el trabajo en plataformas digitales?
Emilio: Mira, fue un avance en términos de papeles, pero en la práctica no garantiza mucho, o sea, si bien, por ejemplo, hay compañeros que han tenido accidentes y han podido atenderse, muchas personas, o no saben hacerlo o directamente tienen trabas burocráticas, a la hora de poder pedir el seguro de accidente, entonces la ley termina siendo letra muerta y por eso una de nuestras exigencias es una aplicación real de la ley, pero también avanzar hacia modificarla para que realmente podamos tener protección, que realmente se pueda hoy día establecer el vínculo laboral, porque no son socios libres prestando su servicio, eso es una falacia, es gente que si el día de mañana no salieran a repartir, un montón de empresas tendrían problema en su en su suministro de venta, o sea, se podría paralizar bastante el rubro de la gastronomía nacional. Entonces la ley básicamente es letra muerta en algunos casos, además la gran mayoría de los trabajadores son extranjeros y muchas de las personas extranjeras no tienen idea como el ordenamiento jurídico acá, como son los controles regulares para poder exigir eso, y tampoco hoy día hay un ente que esté detrás diciendo oye compañero tú tuviste un accidente y no tienes idea o no tenías una red de apoyo que te pueda como ayudar a exigir el seguro laboral, por ejemplo, de accidente y ahí bueno, nosotros como sindicato podemos. Por eso también lo queremos constituir, porque es necesario generar un referente de solidaridad, de protección frente a estas situaciones.
Jorge: Claro, lo otro es que como migrante, un migrante irregular está en mayor grado de vulnerabilidad porque no puede reclamar si tiene un accidente con una cuenta prestada, no puede seguir trabajando si la aplicación se da cuenta de que existe eso y las empresas se benefician mucho de esta situación de las cuentas prestadas, de los migrantes irregulares.
Emilio: Y además si tiene un accidente, esa persona no podría cobrar el seguro, queda en total indefensión. Mira, insisto, construir el dato como tal es difícil en términos metodológicos, en términos de acción de información. El centro de observación del conflicto social, COES, de la Universidad de Chile, generó un dato aproximado en el que se estima que hay 300.000 repartidores en todo Chile. Hace 10 años ese rubro no existía, ese rubro viene de la mano de las transformaciones laborales que hubo después del estallido social y del COVID, donde realmente el trabajo se precarizó. Entonces hubo una explosión de jóvenes de población que era económicamente activa que necesitaba trabajar y que dijo, bueno, me meto acá en el delivery. Entonces, este grupo antes no existía, hoy día según los datos del COES son 300 000 y de esos 300 000 se estima que 200.000 son migrantes y entre 150.000 y 170.000 podrían ser venezolanos y, de esos, quizás dos tercios trabajan con cuentas prestadas, todo arrendado, entonces, del total, un tercio está en una situación de precarización pero absoluta, porque es la precarización sobre la precarización.
¿Cuáles son entonces las demandas que están levantando?

Jorge: Dentro de las más importantes, es un sueldo, o sea, pago por hora trabajada, que eso no existe, entiendo, en ninguna aplicación. En algún momento escuché por ahí que en Pedidos Ya existía esto y se dejó de hacer. Lo otro es áreas de descanso adecuadas, equipadas, con acceso a baño también.
Emilio: También con respecto a lo de las áreas de descanso, nosotros creemos que es necesario cuestiones mínimas, un baño, un punto de hidratación y un lugar donde poder cargar el teléfono, que es una herramienta más de trabajo, con Wi-Fi ojalá, pero si no, bueno, todos los casi todos los repartidores tienen datos, pero al menos donde poder cargar el teléfono, donde poder guarecerse de la lluvia o del sol, en fin, un punto de hidratación y un lugar donde sentarse y cargar el teléfono, eso es lo mínimo. El otro punto, bueno, los contratos ajustados a derecho, ajustados a la ley actual y también mayor fiscalización de los pagos de las aplicaciones, porque a veces las aplicaciones te dicen, «Haz 20 entregas en las próximas 4 horas y te llevas eh 30 lucas.» Pero está pensado de manera tal que tú en las próximas 4 horas llegues a hacer 15 pedidos o 17, te faltaron dos para lograr la meta. Y entonces, a veces cuando llegas a lograr la meta, por lo que hemos recogido últimamente, muchas personas nos dicen que no les están pagando los bonos. En particular, Pedidos Ya está concentrando muchas quejas. También el sueldo mínimo calculado por hora de conexión, como pasa en España, como pasa ahora en Nueva York y como está pasando en otros países del mundo, si tú te conectaste y no te llegó un pedido en una, dos, tres horas, que te paguen un mínimo. Ese mínimo se tiene que construir de manera colectiva. Algunos dicen 1.000 pesos, 500 pesos, 1.500, en fin, o un promedio de lo que se hacen en el último mes, en fin, pero generar un mínimo porque el tiempo es dinero. Y también otro punto, que yo creo que esto tiene gran relación con lo que te decía hace un rato de las personas que están irregulares, tiene que ver con la regularización del contrato y la situación migratoria para trabajadores con antigüedad. ¿Qué quiere decir esto? Que si hay compañeros, de la nacionalidad que sea, que llevan más de 1 año trabajando como delivery, lograr una regularización, porque son personas económicamente activas, son personas insertadas en la sociedad chilena, son fuerza de trabajo que hoy día están trabajando, pero el Estado no los reconoce y es un trabajo con muchas posibilidades de resultar accidentado. Es un trabajo en donde la gente también discrimina un montón. Entonces, bueno, esos son los cinco puntos, el sueldo mínimo por hora conectada, los contratos ajustados a derecho, mayor fiscalización de los pagos de la app, área de descanso y regularización de contrato y situación migratoria para trabajadores con antigüedad.
Jorge: Sí, agregar que, por lo que supimos que pasó hace poco en Nueva York, una organización de trabajadores, en conjunto con la alcaldía, llevó a juicio a una empresa y les tiene que devolver la plata por las propinas que no les pagaron y reinstaurar las cuentas de trabajadores que habían sido canceladas. Y bueno, yo creo que es un súper buen ejemplo de que esas cosas se pueden lograr con organización. Creo que deberíamos apuntar hacia eso como trabajadores, como sindicato. Buenísimo.
Emilio: También se logró hacer un salario mínimo por hora, está bastante bueno allá en Nueva York. Yo creo que acá es fácil, sí, la cuestión es generar, sobre todo, lograr la victoria de reconocer el vínculo laboral, porque acá hay un vínculo laboral manifiesto.
Ahora entrando ya al proceso de construcción del sindicato, ¿cómo ha sido el proceso, en qué etapa están ahora y cuáles son sus objetivos a corto plazo?

Jorge: Nosotros venimos trabajando desde julio del año pasado. En primer lugar, fue tratar de que esto viniera desde los trabajadores. Ha sido súper difícil porque siempre hay desconfianza desde los trabajadores en la calle. Entonces, hemos intentado estar en la calle, plantear y armar legitimidad. Siempre hay un cuestionamiento de si uno trabaja o no de delivery. También hay cuestionamientos sobre los sindicatos. Pero eso, estamos trabajando en la calle, en redes también tenemos alto trabajo, hacemos videos, publicaciones. Bueno, y ahora el digamos bonito importante que se nos viene es la conformación misma del sindicato, que es el 27 de febrero. Y para eso seguimos como siempre, ahora estamos en una estrategia que nos ha funcionado harto y estamos con un stand en algunos puntos donde se reúnen hartos repartidores, y ahí estamos tomando los datos de la gente que está interesada, también le conversamos sobre la importancia de organizarse, los abusos, la explotación y todo eso.
Emilio: Como dice Jorge, desde julio más o menos nos venimos reuniendo. Ha sido un ir aprendiendo mientras uno va haciendo, aprender en el camino. Hemos tenido instancias de charlas con abogadas que nos vienen a contar un poco lo más jurídico, en los términos de la Constitución Legal de un sindicato. Hemos tenido también charlas expositivas sobre la situación de los delivery en el país, en la región y en el mundo, porque es un fenómeno global. Y bueno, si bien quizás nosotros habríamos querido constituirlo el año pasado, yo creo que esto es como pasito a pasito, y a medida que vamos sembrando, vamos también regando esta semilla y que florezca. Entonces, claro, ahora la coyuntura ha hecho que tome un poco más de fuerza en términos de que nos estamos acercando a la cifra para constituir el sindicato legalmente y también la estrategia que hemos adoptado, porque antes era como invitar a las personas a participar de nuestra charla. Pero, claro, al principio si la gente no te conoce, es difícil que vaya. Entonces decidimos cambiar la estrategia y salir hacia los lugares. Por ejemplo, ir a repartir volantes a los puntos icónicos donde se juntan los delivery, Santa Rosa con la Alameda, Apumanque, queremos ir a Estación Central, en fin, a distintos lugares y donde hay un delivery que uno conozca, uno le habla, le pasa un volante y así se ha ido haciendo una bola de nieve.
¿Cuáles han sido los principales obstáculos para la construcción del sindicato en este proceso que llevan desde julio?
Jorge: Como te decía, hay una cierta desconfianza, quizás no de la mayoría, pero de un grupo de trabajadores respecto de la idea del sindicato, desconfianza y también desconocimiento de las capacidades, del rol que puede tener un sindicato para proteger a los trabajadores y brindarles beneficios. También la legitimidad que, claro, a veces estoy trabajando y reparto un volante, pero es distinto cuando ya llevas tiempo y tienes un grupo de personas, cuando estamos con el stand, tenemos un pendón. Y eso también llama la atención y eso ha funcionado mucho mejor, en el último mes la gente que se ha comprometido, por una parte, a asistir a la conformación del sindicato ha subido. Quizá también hay una barrera ideológica entre la nacionalidad, ahí a veces es verdad que la xenofobia y los comentarios malos desde el chileno hacia el venezolano son brutales, entonces eso obviamente va generando también una barrera hacia los dos lados. Pero nosotros a lo que apuntamos también es a generar unión en base a esa dificultad.
Emilio: La mayor dificultad son las subjetividades, los puntos de vista por ahí que tienen que ver con la mentalidad de tiburón, por así decirlo, con la idea de ser el propio empresario de sí mismo, que a veces hace difícil poder generar puentes y justo son las personas que están más explotadas, porque se explotan más largas horas de trabajo, en fin. Pero hoy día esa lógica está haciendo agua, se está partiendo por varios lados, entonces hoy día creo que estamos en un momento propicio para la construcción del sindicato. Hay también cierta resistencia y desconfianza en algunas personas que dicen: «No, sindicato es igual a izquierda.» Sobre todo las personas de Venezuela. Pero otros colegas no, ven que necesitan algo o alguien que les agrupe, no que hable por ellos, pero que hable desde ellos. O sea, que diga lo mismo que están sintiendo, las mismas frustraciones. Entonces, yo creo que para este tipo de organizaciones nada es fácil, pero somos personas que estamos convencidas, creemos que es necesario y la principal dificultad es cierto prejuicio o desconocimiento, temores asociados.
El domingo 1 de febrero hubo una movilización, una convocatoria a huelga. ¿Cómo se gestó, quién convocó y cómo evalúan el resultado?

Jorge: Lo que supimos fue el llamado de una persona que trabaja en Pedidos Ya, en conjunto con un par de influencers de Instagram, empezaron a viralizar este llamado a paralizar el domingo, principalmente porque la aplicación comenzó con el problema de que los trabajadores empiezan en una zona limitada a trabajar y, en general, antes no se les mandaba de esa zona a otra, pero ahora lo que empezó a pasar es que terminaban en varias zonas dentro durante su jornada, con distancias muy largas y los pagos por esos pedidos no se correspondían con los kilómetros que aplicaban en esos pedidos. Entonces, fue por esta problemática en particular que paralizaron los trabajadores de Pedidos Ya. Y bueno, nosotros salimos como delivery por derechos a la organización a volantear, a mostrar nuestra exigencia, nuestras demandas, nos sumamos al llamado y a la exigencia que estas personas hacían, pero sí somos críticos, porque nosotros vemos que el alcance de este paro es muy corto, porque creemos que hay que unificar las problemáticas y las demandas, porque son problemáticas que son transversales a todas las aplicaciones. En cada aplicación estos problemas se expresan de distintas maneras, pero los problemas son los mismos al final. Entonces yo, personalmente, creo que el alcance es limitado si uno lo ve como de una aplicación. Y también las cosas que se puedan lograr en base a una persona o a un grupo de personas sin una organización más formal, más sólida, también son pocas.
Emilio: Yo creo que, para ser franco, la convocatoria no tuvo el impacto que uno esperaría. Pero sí hubo acciones que me parecieron interesantes, como la de La Florida, donde en un Pedidos Ya market, que es como un supermercado por delivery, los delivery directamente hicieron un boicot. O sea, pusieron la moto afuera y acá no se reparte, no se entregan pedidos, nada. Entonces, esa medida de fuerza me parece muy potente. Y nosotros salimos con volantes, o sea, salimos a distintos lugares y la recepción fue muy buena. A tal punto que incluso un muchacho, un chico de 25 años, pegó una fiche en su mochila y anduvo por todas partes con la mochila y el afiche.
¿Cómo creen ustedes que su organización puede dialogar con otras luchas que se están desarrollando, otros trabajadores organizados, pobladores, estudiantes?
Emilio: Yo creo que tiene total conexión y diálogo con otros sindicatos, el 70% de las personas en Chile gana menos de un palo, la mitad gana el sueldo mínimo. Entonces, con un sueldo mínimo hoy día no te alcanza para comprarte una casa, un departamento, en fin, hoy día estamos viviendo un proceso de precarización laboral general. Entonces, yo creo que la sindicalización o la unión entre los trabajadores y trabajadoras siempre dialoga, independientemente de si es con el gremio de los profesores o si es el gremio de los trabajadores del aseo o de los cajeros de supermercado, todo tiene relación, porque hoy día los sueldos no dan, por más que la gente se esfuerce, por más que la gente trabaje incluso horas extra. O sea, mi abuelo logró criar con un sueldo a ocho hijos, quizás no tenían grandes lujos, pero crió ocho hijos con un sueldo y nosotros con suerte podemos pagarle la comida a nuestros gatos y un arriendo.
Jorge: Y eso es generalizado, ya sea un profesor o de un trabajo de lo que sea. Entonces, ahí yo creo que está la conexión, en el fondo todos somos víctimas de estos síntomas del capitalismo neoliberal. Todos lo recibimos de distinta manera, pero en el fondo el problema, o el origen del problema, es el mismo. Entonces las herramientas que tengamos para enfrentarnos a esto son distintas, pero yo creo que el objetivo finalmente es común. Así que de todas maneras siempre vamos a estar dialogando con toda la esfera de los que somos víctimas de la explotación.
¿Qué mensaje le dejarían a otros trabajadores precarizados que aún están temerosos o que piensan que no vale la pena la organización sindical?
Jorge: Decirles que no tengan miedo, que no se dejen amedrentar, ni por la empresa ni por, como en este caso, la xenofobia. La fortaleza de la unión, yo creo que es importante, tengo la esperanza de que esto se va a reflejar en cosas prácticas. Eso, que no tengan miedo, que tengan esperanza.
Emilio: Yo diría que la invitación es que nos organicemos, que si hay dudas o miedos, qué mejor que poder compartirlos, socializarlos con otras personas que están en la misma situación, que acá la salida no es individual, claramente. Porque si bien hay ciertos personajes dentro del mundo del delivery que también son influencers y han hecho llamados a organizarse, también como tirándose flores a sí mismos, como una costumbre mesiánica. Nosotros creemos que un hecho aislado, un paro aislado o la convocatoria de una persona aislada, eso no construye a lo largo del tiempo, genera un hito claramente, pero no construye a lo largo del tiempo. Entonces, la invitación es que en conjunto, si sabemos que está esa fuerza, está este malestar y están estas ganas de poder conquistar un piso de derechos, que juntos lo logremos, porque esa es la única manera, o sea, si los sindicatos han existido por tanto tiempo, tantos años, es porque es una fórmula que está probada. Así que la unión hace la fuerza y la invitación está hecha para que vengan este 27 de febrero a constituir el primer sindicato de deliverys de Chile.


