
Lili Madariaga Torrejón
A modo de presentación
Eduardo “Waro” Arancibia
La historia que se presenta es profunda y sutil, como la palabra misma, esta narración dice de fragilidades aceradas en la fragua de las convicciones, una especie de alquimia que resulta en coraje.
Este mini texto, que nos retrotrae a la histórica colección de mini libros Quimantú, trata de vidas singulares, dispersas en medio de tanto miedo, horror y que encuentran la fuerza y todo sentido en el ser colectivo, dispuesto a reconocerse y ser junto a los otros.
Los hechos que se relatan dan cuenta de una geografía del atardecer de los 80, dice de esa dualidad: REPRESION-RESISTENCIA a la que nos condujo de “golpe” el empresariado y su brazo uniformado y una de esas derivadas eran los prisioneros de la dictadura; aquellos que haciendo uso de todas las formas de lucha no trepidamos en el empeño de construir entre todos una sociedad, en donde la preeminencia fueran las personas y el valor de lo colectivo. Cuanta razón tiene el aforismo de Rosa, en cuanto a que reconocer las diferencias, los derechos y la libertad.
Entonces, esta historia, que puede ser la historia de los comunes y corrientes, devela con amoroso y emocionante encanto, como cada una de nuestras vidas se haya en el umbral de tránsito a la más profunda vivencia, ensanchando la propia dimensión humana. Pienso en las heroínas y héroes de cada día en lucha por la subsistencia, por mantener viva la esperanza. En aquellos dormidos en la locomoción colectiva, para desde allí reconstituir fuerzas y seguir abrigando a los suyos.
Pero bueno, este relato llega a mis manos años después de haberlo escrito la protagonista. Esto fue a principios del 90 del siglo pasado y ya con la transición política, la del continuismo Pinochetista, en ciernes.
Había salido en libertad un par de años luego del triunfo del NO, en un parto doloroso e intenso que significó el que se abrieran las cárceles de la dictadura. El sentido oligárquico de la nueva elite, lo comenzamos a sentir de inmediato.
Luego de indultos y libertad bajo fianza logro salir de prisión, a poco andar, debo desplazarme por entre los techos de mi casa y de los vecinos. Esta vez la PDI con orden de captura en mi contra. Había aparecido una nueva condena, luego de meses de clandestinidad y por gestiones de un hombre bueno, justo, sensible, Andrés Aylwin, se logra mi último indulto y en estado de rebeldía.
Bueno, decía que un amigo de la infancia, en nuestro reencuentro, me señala que una vecina de antaño le había entregado un escrito inspirado en su experiencia al allegarse a la cárcel a realizar la solidaridad humana, esa que vence miedos y se pone a las órdenes de su propia conciencia. Hoy creo que esa valiente mujer debe ser abrazada en reconocimiento profundo de mi parte, además de retribuir sus letras con “memoria” en formato libro, destacando el tanto valor que contiene la dignidad humana. Y ella, qué mejor ejemplo.
Gracias, estimada compañera, y juntos crecimos desde ese abrazo entre muros, rejas y gendarmes, pero también, alimentando esperanzas. Hoy revivo tus miedos y valentías al releer tus letras y es nuestra historia de siempre que cantera de pueblo valiente son los rostros sencillos, los cotidianos, cuánta valentía y arrojo, coraje y perseverancia hay en cada hijo de este pueblo, de los popularicos decía nuestra Violeta. Solo cabe sentir el abrazo fecundo de Miguel cuando nos convoca con el estratégico mirar al futuro con el perenne:
¡¡¡ Adelante, adelante con todas las fuerzas de la historia!!!
WARO
Diciembre 2024

La más dulce de las calugas comidas jamás
Me sobresalté con la noticia: “Motín en la Cárcel Pública”. Todos los medios de comunicación informaban el hecho, inmediatamente se me vino a la memoria WARO. Un muchacho que conocí en mi barrio, amigo de mi hermano, un muy vago recuerdo tenía de él, pues lo conocí cuando él era un Scout, alrededor de los 14 años de edad. Físicamente no lo recordaba mucho, solamente sabía que se encontraba detenido en calidad de PRESO POLÍTICO por supuesta participación en el asalto a tres sucursales bancarias ubicadas en calle Santa Elena de la actual comuna de San Joaquín y que, por esta misma razón, toda su familia tuvo que emigrar fuera del país, quedando sólo en Chile. Pensé con escalofríos. ¿Qué será de él? ¿Estará en la nómina de Detenidos muertos? Pues hubo varios que murieron acribillados por los gendarmes de la Ex Cárcel Pública. Quise averiguar, pero no sabía ni su nombre ni su apellido real, sólo sabía que le llamaban “WARO”. Pasaron los días, tal vez 2, 3, 5, o quizás más, me mantuve intranquila, algo dentro nació en mí, quise averiguar, sentí la necesidad de verle, cosa curiosa, pues nunca en los años que llevaba detenido lo sentí. Tal vez el hecho de saber que se encontraba solo, sin familia en Chile, y tal vez por el gran aprecio y cariño a mi hermano, quien se encontraba, y se encuentra, fuera del país, de quien WARO fue amigo de infancia. Me animé y fui a la Vicaría de la Solidaridad, pero con tan pocos antecedentes me fue mal, luego fui a la Comisión de Derechos Humanos, en donde no cesé hasta que logré saber su nombre real: Eduardo Arancibia, acusado de ser integrante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria MIR. A través de la presidenta de la Agrupación de Presos Políticos supe de él y empecé a gestionar mi posibilidad de visitarlo, cosa que no fue fácil, pues la desconfianza se había apoderado de él. Costó mucho que accediera a recibirme, pues afortunadamente podían darse ese lujo.
Lo visité un día miércoles en la mañana, era primera vez que visitaba una cárcel y sobre todo a un preso político supuestamente peligroso…me sensibilicé enormemente, jamás hubiese imaginado la forma en que se preparaban para recibir a sus visitas. Pasé la típica fila antes del ingreso, un poco asustada tal vez, o quizás ansiosa, no sé, era una serie de sentimientos encontrados. Luego vino la típica revisión personal, el toqueteo íntimo no dejó de hacerme sentir molesta y pasada a llevar en mi dignidad de persona, pero bueno, pensé, es la rutina. Llegué a un patio grande, muchos jóvenes paseando de lado a lado, como apresurados, buscando tal vez sus visitas o quizás solo estirando sus piernas. Vi cómo algunos estaban en sus “Departamentos provisorios”, hechos de frazadas o cualquier cosa que sirviera para dividir el espacio y hacer sus lugares de encuentro con los suyos, allí recibían a sus esposas, compañeras, allí hacían el amor a solas, allí se producía ese reencuentro único y no me cabe duda alguna de que se producía con un amor sincero y puro. Muchos niños jugando, corriendo y también muchos gendarmes, pero yo lo esperaba a él, no sabía cómo lo iba a identificar, pregunté por él, alguien me dijo “Aquél es”. Me acerqué, WARO le dije, eres tú. Me miró con desconfianza, quizás con apatía, me presenté como hermana de César, su amigo de la infancia, le recordé que había estado en nuestro hogar en varias oportunidades, me seguía mirando sin hablarme, sentí un enorme deseo de abrazarle, lo hice, sentí que abrazaba a mi hermano, a quien no veía hace años, respondió a mi afecto, sentí que se dejó querer. Para ser mi primera vez fue buena, le solicité que me permitiera seguir visitándole y le ofrecí ayuda en lo que él necesitara, me preguntó por qué, yo no podía responder, solo dije así lo siento. Aceptó que le visitara nuevamente y me dijo que quería comer brócoli. Volví a casa, no podía dejar de pensar en él y en todos esos hombres que vi ese día.
Llegó ese nuevo ansiado día, le llevé brócolis cocidos, le gustó el tono del verdor, me pidió la receta pues según dijo a él le quedaban malos. Me habló de su mascota, un canario que había llegado a su celda una tarde, quiso cogerle, pensó que volaría antes de hacerlo, pero, cosa curiosa, el canario se quedó ahí como pidiéndole que lo cogiera, cosa que él hizo y así éste pasó a ser la Mascota de Los Presos Políticos. Le hicieron una jaula de madera, aunque no eran partidarios de encerrarlo, pero era la única forma de conservarlo y así éste les cantara todas las mañanas y dialogaran con él.

Seguí visitándole hasta sentir el privilegio de ser invitada a almorzar un día sábado con él, cosa que sucedía una vez al mes, autorizada por Gendarmería. Me fue realmente enriquecedor poder estar más tiempo con él y conocerle más como persona. Y así fue pasando el tiempo, fue tomando confianza en mi persona hasta que un día estando de visita me manifestó que necesitaba de mi ayuda, a lo cual respondí, sin imaginar de qué se trataba, que lo haría con el mayor agrado. La solicitud era sacar a la calle una información iba contenida en una caluga, la cual tenía que echar en mi boca, luego afuera transcribirla y que hacerla llegar a su destino. Debo reconocer que corrí un gran riesgo, pues yo no sabía el contenido de esa caluga, pero mi fe y el deseo de ayudarles me dijeron que debía hacerlo. La eché a mi boca, él hizo repetir mi nombre, pues al retirarme de la visita debía presentarme a retirar mi Cédula de Identidad, pero antes debía decir mi nombre en voz alta al Gendarme. Comprobé que podía pronunciarlo sin que se notara que llevaba algo dentro de mi boca. Las instrucciones eran que si me sentía sorprendida, debía tragarla. Debo reconocer que, a pesar del temor que sentí frente a los Gendarmes al salir, igualmente sentía confianza y bruscamente escuché: ¡nombre!, respondí guardando la caluga en el espacio de la conocida muela del juicio. Recibí mi Cédula de Identidad, salí a la calle, que alivio por un lado, pero empezaba mi misión, a cumplir lo solicitado por WARO.
Llego a mi casa ansiosa por saber en qué lío me estaba metiendo. Empecé a desenrollar esta minúscula caluga lentamente para no dañarla y ¡oh! Sorpresa, la caluga terminó siendo un escrito de más o menos una página de tamaño oficio, con una letra que solo era legible con lupa. Manos a la obra, me dije. Compré una lupa, la más potente que encontré en la librería de mi barrio y empecé a transcribir el contenido. Debo ser honesta, la transcribí con mucho temor, pues me había comprometido con WARO a cumplir con el cometido sin saber de qué se trataba, pero mi intuición femenina, como también mi osadía innata, me indicaban que siguiera adelante. Nuevamente quedé sorprendida, y muy sorprendida, pues me esperaba cualquier otra cosa menos lo que WARO me solicitaba en su MENSAJE. Esto era un listado de nombres de personajes del ambiente artístico, cultural y literario, de los cuales tenía que llegar a ubicar sus domicilios o números telefónicos y una vez hecho el contacto, hacerle entrega, a cada uno de ellos, de la carta transcrita.
Fue así como me contacté primeramente con MATILDE LADRÓN DE GUEVARA, escritora. Llegué a su domicilio en Las Torres de San Borja, Providencia, Santiago. Se me impide el paso en portería, insisto y vuelvo a insistir, el conserje se comunica por citófono con la señora Matilde, ésta pide hablar conmigo y me pide que le deje el mensaje en portería, le digo que debo hacerlo personalmente, se lo debo pasar en sus manos…lo logré, me hace pasar, subo, me encuentro con un departamento protegido, una puerta con reja de fierro, no la conocía, me encuentro con una mujer alta, muy elegante, fina y hermosa, me hace pasar, le hago entrega de la carta, donde Los Presos Políticos solicitan el apoyo de ciertos personajes del ambiente artístico, cultural y literario para que se unieran y trabajaran por la Libertad de los Presos Políticos, concretamente estaban solicitando que se unieran a una Gran Manifestación de Protesta, que se iniciaría en la presencia de la visita de algunas personalidades extranjeras. Fue genial, conversé con ella hasta tarde, me deslumbró su casa, acogedora al máximo, me embobé con sus escritos, sus fotografías, su todo ella, me marcó fuertemente.
Empezamos a trabajar juntas por la Libertad de los Presos Políticos, con su ayuda implementamos la BIBLIOTECA en la Cárcel Pública. Hizo su primera visita a los detenidos, conversó con ellos, sobre sus inquietudes, sus deseos, sus sueños y esperanzas. Soñamos juntos también con El Canario, fue realmente hermoso.
Luego conocí a JOSÉ DONOSO, escritor, le llamé por teléfono, le contesté que debía entregarle un mensaje de Los Presos Políticos, recuerdo me citó en el café Coppelia al interior del Drugstore de Providencia, le consulté cómo lo ubicaría, me dice voy a ir con un traje color mantequilla: llegó a la hora señalada ¿Don José Donoso? Pregunto. Sí responde él, nos saludamos, me invita a servirme un café, nos sentamos y conversamos largamente, hago entrega del mensaje y así uno por uno cumplo lo prometido.
Llega el gran día, frente a La Cárcel Pública, manifestación grandiosa, actores, pintores, escritores, cantantes, músicos, todo el ambiente artístico y cultural por la libertad de los presos políticos… Hasta que llegó el gran día “WARO” fue puesto en LIBERTAD, después de 13 años de encarcelamiento sin siquiera ser procesado… y así como él tantos otros y por supuesto Él… “EL CANARIO”.
Curiosamente al concluir estas líneas me siento también yo liberada.
“OSADA”


