
Entrevista a Margarita Peña
Vocera de la Coordinadora Feminista 8M.
Margarita Peña ofrece un agudo balance político y estratégico frente al complejo escenario inaugurado por el gobierno de José Antonio Kast y el avance de la ola reaccionaria. Con un profundo arraigo clasista, la dirigenta caracteriza la actual gestión como una arremetida orientada a profundizar el modelo neoliberal, favorecer la acumulación del gran capital y criminalizar la pobreza, advirtiendo que esta derechización de las políticas punitivas fue pavimentada por el propio progresismo saliente de Gabriel Boric. Frente a la ausencia de un proyecto transformador que convoque a las mayorías, plantea la necesidad de desbordar las lógicas reactivas y la institucionalidad burguesa, delimitando una explícita autonomía política respecto a los partidos que han administrado el consenso neoliberal. Finalmente, Peña reivindica la Huelga General no solo como una herramienta de resistencia para frenar la restauración patriarcal y las megarreformas del ejecutivo, sino como un proceso estratégico de acumulación de fuerzas que, al visibilizar el trabajo reproductivo y de cuidados dentro del sujeto obrero, busca unificar de forma independiente las luchas populares en torno a un horizonte anticapitalista, plurinacional e internacionalista
La derecha y la extrema derecha han hecho del antifeminismo un eje central de su proyecto político. Kast y sectores afines han logrado movilizar una reacción activa contra los derechos de las mujeres y las disidencias. ¿Cómo enfrenta la CF8M ese escenario? ¿Cambia el tipo de política feminista que es necesaria hoy?
José Antonio Kast es antifeminista por definición. Sin embargo, no ganó la presidencia en base a una campaña centrada en los ataques al feminismo. El triunfo de Kast y su gobierno representa para nosotras un momento extraordinariamente desafiante, de peligro, de alto riesgo para la vida y los derechos de mujeres, niñeces, trabajadores y trabajadoras, pueblos originarios y personas precarizadas. Este gobierno viene a favorecer la acumulación de capital en manos de los más ricos del país. Al mismo tiempo, viene a profundizar la desigualdad social, la criminalización de la pobreza, la persecución de personas migrantes, de las sin casa y de quienes luchan. Consideramos que el antifeminismo de este sector no ha logrado, hasta el momento, una movilización activa contra los derechos de mujeres y disidencias. No han podido. El antifeminismo abierto le costó la campaña presidencial de 2021 a Kast, y su propuesta constitucional también fue rechazada en gran medida por esta razón. Estos hechos tienen su importancia porque demuestran que la conciencia de las mujeres ha cambiado a pesar de todo el contexto de atraso del movimiento popular. Las consignas y propuestas del feminismo hacen sentido a millones de mujeres que salen a defenderlas. En su última campaña, y ante el silencio antifeminista de Kast, se radicó en Kaiser la ofensiva antifeminista.

El escenario que se inaugura con Kast en la presidencia no nos encontró desprevenidas. La derechización y fascistización de las políticas públicas y la propagación de discursos de odio no son privativos de la derecha. Esta ola reaccionaria tuvo eco incluso al interior del autodenominado gobierno “progresista y feminista” de Boric, que apoyó la ley Nain Retamal y la ley de usurpaciones, antesala de la ola de desalojos que afecta a tomas y campamentos. Esa política vino a consolidar este enfoque de que los problemas sociales son problemas penales y que quienes los sufren son, en realidad, delincuentes. Cuestión que este gobierno amplifica y refuerza.
Enfrentamos el momento actual fortaleciendo nuestra organización y articulación con diversos sectores sociales. Hemos convocado a asambleas abiertas desde antes de que asumiera este gobierno para fortalecer la decisión de ser oposición social y política a esta arremetida de clase, mostrar la voluntad de no aceptar pasivamente un retroceso en derechos y condiciones de vida e insistir en nuestras demandas. Nuestras definiciones programáticas y de principios no cambian, solo se defienden en un escenario de mayor peligro, bajo un gobierno que pretende la restauración patriarcal y neoliberal en todas sus dimensiones.
Dentro del movimiento feminista chileno hay una diversidad muy grande: organizaciones territoriales, feminismos liberales, feminismos institucionales, corrientes más radicales. ¿Cómo sitúa la CF8M su posición dentro de ese campo? ¿Qué las distingue?
El feminismo que enarbolamos defiende un programa transversal que se pronuncia sobre las condiciones políticas, económicas, sociales e internacionales que alimentan la precarización de la vida, la violencia hacia las mujeres y disidencias sexuales. Reconocemos que la crisis capitalista golpea y amenaza la vida actual y futura de nuestros pueblos, ante lo cual construimos un feminismo que busca una salida a la crisis en clave anticapitalista. Se trata de un feminismo plurinacional, transgeneracional, transfronterizo, anticolonialista, antiimperialista, ambientalista y esto tiene consecuencias concretas. Una de las más importantes es que defendemos un programa que nos convoca en nuestra diversidad. Somos antirracistas y luchamos junto a mujeres migrantes. Es un feminismo que considera el trabajo realizado por las mujeres en todos los ámbitos, esto es, en el ámbito productivo y reproductivo. Este último normalmente invisibilizado, no remunerado y ejercido en condiciones extremas de soledad y abandono. Quienes lo realizan no tienen descanso ni protección de la seguridad social. Nuestra corriente define democráticamente su programa, sus orientaciones fundamentales y su política de alianzas.
Junto a los secundarios y universitarios, la CF8M aparece como uno de los sectores más activos en la oposición al gobierno de Kast en estos primeros meses. ¿Qué explicación dan a ese rol? ¿En qué espacio de la oposición se sitúa la Coordinadora?
La CF8M ha logrado, desde el año 2018 en adelante, una presencia importante en las calles con motivo de la conmemoración del 8 de marzo de cada año. En forma permanente desplegamos iniciativas que nos permiten articular luchas y constituirnos en un sujeto social activo y vigente. El momento actual es de avance de la ultraderecha y de reflujo para el movimiento popular. En un contexto así no es fácil mantener vivo un movimiento como este y es difícil provocar su desarrollo. Sin embargo, ponemos la imaginación, la voluntad y nuestra capacidad de trabajo al servicio de nuestros objetivos para mantenernos, crecer y articularnos con muchos otros sectores sociales de oposición a este gobierno y a todo gobierno que defienda las políticas del consenso neoliberal. En los inicios de nuestra organización (año 2018) coincidimos con la toma feminista de las universidades en lucha contra el abuso sexual y por una educación no sexista. Nos encontramos y nos potenciamos mutuamente. Hoy el movimiento estudiantil, tanto secundario como universitario, se está poniendo de pie y comienza a salir a las calles; nosotras también. El llamado que hicimos a manifestarnos el 1 de junio para impugnar la cuenta presidencial de Kast es un puntapié inicial que hemos evaluado positivamente como un primer paso, en un camino de resistencia que recién inicia y que irá de menos a más. Aún falta mucho trabajo. Consideramos que hay que despertar conciencias, acumular fuerzas para resistir el embate antiderechos que se propone eliminar conquistas sociales que han costado años de lucha.

Existe el riesgo de que la izquierda quede atrapada en una lógica puramente reactiva: todo pasa por frenar a Kast, sin que haya un proyecto propio que logre convocar a las mayorías populares. ¿Cómo ven ese riesgo? Y, en ese mismo sentido, ¿creen que es necesario diferenciarse del progresismo y del PC en la construcción de una oposición a Kast? ¿Es posible hacer alianzas con esos sectores? ¿Es posible -y necesario- evitar que estos sectores capitalicen la movilización popular?
Aquí hay varias preguntas en una, pero vamos. Una de las características del periodo político actual es la ausencia de un proyecto político transformador que convoque y comprometa a amplias capas del mundo popular. Ese proyecto no existe y su inexistencia no está determinada por la política que tenga un sector u otro frente al gobierno de Kast. Es un problema mucho más profundo y de largo aliento que desborda con creces un análisis coyuntural, que tiene sus raíces en importantes capítulos de la lucha anticapitalista y por el socialismo. Es un problema de la mayor importancia. Desde el feminismo podemos aportar a la construcción de tal proyecto, y los procesos de huelga feminista levantados alrededor del mundo han aportado en esa dirección. Nos hemos situado como un feminismo internacionalista; estamos atentas a las dinámicas y tendencias fundamentales que despliega el imperialismo y sus aliados para oprimir a los pueblos y arrebatar sus derechos: el genocidio, la guerra, el neocolonialismo, el giro autoritario y el neofacismo que se imponen en distintas partes del mundo. La Huelga General es, para nosotras, herramienta y proceso de lucha potenciada por la ampliación del sujeto obrero. Cuando afirmamos que las tareas domésticas también son trabajo, que todas las mujeres somos trabajadoras, pretendemos también superar la fractura interna del mundo obrero que antes se reconoció exclusivamente en el trabajo productivo y asalariado. Cuando politizamos los problemas que millones de mujeres interpretaban como problemas personales debidos a su “mala suerte”, cuando hacemos de la violencia cotidiana un terreno de acción política colectiva, estamos sumando fuerzas dispuestas a sumarse a una lucha antisistema en claves que les hagan sentido e inviten a la acción común.
En relación al progresismo y al Partido Comunista. El progresismo neoliberal y el Partido Comunista se encuentran en oposición al gobierno de Kast. Desconocemos cuán profunda y estable es la distancia entre estos conglomerados políticos y el gobierno; eso lo dirá el tiempo. La derechización de políticas públicas tuvo expresiones concretas en el gobierno de Boric. Quienes lo apoyan pueden alegar en su favor que no contó con mayoría parlamentaria para aprobar sus proyectos. Ese es un argumento válido, pero hay que distinguir entre lo que no pudo realizar, que es distinto a impulsar políticas neoliberales, proempresariales, punitivistas, antimigrantes que profundizaron la precarización de la vida. Afirmamos que no es posible combatir a la extrema derecha sin combatir las políticas que precarizan la vida, y esto marca una distancia entre nosotras y el progresismo personificado por el gobierno saliente. En consecuencia ,creemos que es necesario articularnos en explícita autonomía respecto de todos los espacios centrales de los partidos políticos que han administrado el consenso neoliberal. Reconocemos, de todas formas, que al habitar el amplio espacio de la oposición, es posible que nos encontremos en acciones y momentos específicos de lucha, especialmente porque nosotras no somos un partido, sino parte del movimiento social y desde ahí nos encontramos con múltiples sectores, con y sin militancia partidaria. Quién capitalizará las luchas del presente ciclo no es una respuesta que se pueda entregar de antemano. Son muchos los factores en juego incluso fuera del progresismo. No es descartable que el descontento vuelva a fortalecer posiciones de derecha populista como las del PDG, por ejemplo. Desde nuestra perspectiva, la tarea es salir de este ciclo con una fuerza de clase independiente, feminista, promigrante y antiracista, capaz de superar la fragmentación de las luchas e ir encarnando, progresivamente, un proyecto propio.
Si tuviera que definir en pocas palabras cuál es la apuesta política central de la CF8M para los próximos años, ¿cuál sería?
Lo central es que hacemos énfasis en la apuesta para el momento político actual. Es importante para nosotras poder proyectar un horizonte de transformación social, en el que de la mano del feminismo, sea posible construir una vida emancipatoria para la clase trabajadora, como una respuesta a la desesperanza, precarización y empobrecimiento a los que quieren lanzarnos. Es desde el feminismo que nos apoyamos y convocamos para poner en perspectiva nuestro proyecto común y con él enfrentar a la ultraderecha. Para tal, es necesario poder sostener una movilización amplia y activa que le haga frente a las reformas del gobierno de Kast, las cuales tienen una repercusión tremenda en la vida de las personas. Creemos en la necesidad de articulación y acción conjunta de trabajadores, trabajadoras, sindicatos, organizaciones sociales y articulaciones territoriales y de agrupaciones políticas de izquierda para frenar la megarreforma, el plan laboral del gobierno y su propuesta de ley de presupuesto que ataca innumerables derechos sociales que se conquistaron con movilización, lucha y a un alto costo para sus protagonistas. Este 8 de marzo anunciamos nuestra política con la consigna de NI UN PASO ATRÁS, CIEN PASOS HACIA ADELANTE. La forma que proponemos para hacer realidad esta consigna es la Huelga General que para nosotras es un camino y proceso en el que situamos nuestras tareas.


