
Gustavo
Militante de Tejer-ConstruIR.
Pertenezco a la generación que conoció ese edificio emplazado en la Alameda como “Diego Portales”, símbolo de la dictadura durante muchos años, en contraste las generaciones mayores, aquellos jóvenes de los 70’s lo nombraban como “UNCTAD” y aquí intentaré hacer un ejercicio de memoria.
El Premio Nacional de Artes Samuel Román creó una escultura que se emplazaba en el edificio donde se podía leer:
“Este edificio refleja el espíritu de trabajo, la capacidad creadora y el esfuerzo del pueblo de Chile representado por :
Sus Obreros
Sus Tecnicos
Sus Artistas
Sus Profesionales
Fue construido en 275 días y terminado el 3 de abril de 1972 durante el gobierno popular del compañero presidente de la república Salvador Allende G.”
¿qué significa realmente lo que está grabado aquí?
Es esta inscripción una profunda declaración política que representa lo que significó, que entre junio de 1971 y abril de 1972, se realizara la construcción del edificio para albergar en Chile la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, toda una proeza para la época.
El gobierno popular emprende la tarea de construirlo utilizando para este fin un gran paño de terreno, parte de la remodelación San Borja,con el objetivo de albergar la conferencia, pero con la misión final de convertirse en un centro cultural abierto al pueblo emplazado en pleno centro de la capital.
En un momento histórico donde el Estado contaba con herramientas que le permitían modelar la ciudad y con un Gobierno que mostró su firme voluntad de utilizar esas herramientas para generar impactos positivos en la vida del Pueblo.
Traer desde el olvido lo que rodeó al edificio, su construcción y posterior uso, no solo tiene que ver con lo monumental de la obra, sino con rescatar factores que incidieron en que se concluyera de forma exitosa un desafío que parecía imposible para un país como Chile en la década de los 70’s.
El desafío que se enfrentaba era construir 40.000 cuadrados en menos de un año, proeza que parecía imposible para el Chile de los 70’s, es aquí que factores como la incorporación de los desarrollos tecnológicos en la gestión del Estado son puestos al servicio de este gran objetivo, la CORMU1 contaba con personal que se había capacitado en el uso de software de vanguardia que permitían calcular rutas críticas para un gran número de actividades , permitiendo priorizar o corregir de forma eficiente la ejecución de una o más tareas dependiendo del nivel de impacto en la cadena de actividades que de ella dependen. La planificación de la obra se realizó por primera vez en Chile, con recursos informáticos, factor que incidió en la velocidad con la que se concluyeron las obras, el edificio es levantado en un periodo de 275 días, cuando los cálculos estándar de la época para una construcción de esta envergadura estimaban un par de años para la ejecución de una obra de esta envergadura.

Desde la CORMU se instruyó acerca de 75 jefes de obra del proyecto UNCTAD III en el ingreso de información diaria en cartas Gantt y finalmente en tarjetas de información IBM con las cuales podían calcular el mínimo detalle de la ruta crítica, pues no sólo era un inspector técnico, sino los mismos ejecutores los que ingresaban la información y luego seguían las instrucciones del trazado de actividades semanales.
Además como reflejo de la época la empresa DESCO, que se adjudicó la construcción del edificio, había implementado el modelo de comité de obra y empresa, ahí se discutían aspectos del proyecto en asambleas con todos los involucrados y se tomaban las decisiones entre directivos y trabajadores. Las decisiones son tomadas de forma horizontal entregando importancia a la experiencia de los obreros de la obra, considerando la opinión de todos los involucrados.
Es vital hacer el rescate de la memoria del proceso de construcción de este edificio, en un país que en la actualidad no tiene la capacidad de utilizar los enormes recursos tecnológicos y humanos para garantizar el bienestar de su pueblo. Y es tremendamente necesario destacar que el desarrollo de las tecnologías y el uso de estas no tienen por qué llevar a la precarización de las condiciones laborales de la clase trabajadora, que cuando los objetivos trazados tienen como horizonte el bien común, es la tecnología un aliado fundamental para llegar a ese destino.
Las dimensiones del edificio construido imponían desafíos de aislación acústica, separación de ambientes, iluminación, ventilación y otras. Aquí surge el llamado a quienes podían embellecer esos espacios, artesanos y artistas fueron convocados a sumarse a este esfuerzo, fueron remunerados con un sueldo equivalente al de un carpintero de primera categoría, un jornal de maestro de terminaciones.

Míticos son los peces de Mimbre que decoraban e iluminaban el casino, que luego de la conferencia fue abierto al público y se convirtió en un espacio donde convivían los trabajadores del centro de la capital, con los estudiantes de las universidades cercanas al edificio. Tampoco se puede dejar de mencionar el vitral del volantín que con sus colores daba calidez al espacio de la placa y la monumental chimenea de acero, de casi seis metros de altura, que convertida en una bella escultura cumplía el fundamental rol de ventilar el casino.
El arte, el mobiliario funcional, de los cuales he nombrado muy pocos en este texto, no pudo esperar que el edificio estuviera terminado, el tiempo apremiaba, y entonces nace el concepto, la práctica del “Arte Integrado” y en la obra comienzan a convivir junto con los ingenieros y arquitectos y el obrero de la construcción y el artista, con el objetivo al frente de cumplir el mandato del gobierno popular de entregar un espacio en el centro de la ciudad que pudiera recibir a las delegaciones extranjeras pero que su objetivo final era ser un espacio abierto, accesible, diverso, bello, puesto ahí a nivel de calle para la gente común, para convertirse en el Centro Cultural Gabriela Mistral.
Y el complejo de edificios funcionó tal y como había sido ideado; un lugar de encuentros, un espacio abierto con el arte a nivel de calle. La conferencia se realizó en sus salones, circularon por sus pasillos los representantes del mundo que a ella asistieron, Chile mostró orgulloso un edificio que había levantado en menos de un año, con una planificación impecable, con tecnología y trabajo colectivo.
Cuando la sombra del fascismo cubrió, primero la moneda con el vuelo rasante de los Hawker Hunter, para luego extenderse por todo el país, parte de esa sombra vino a destruir física y simbólicamente lo que se había logrado en 275 días de intenso trabajo. Lo enrejaron, destruyeron o removieron, en el mejor de los casos, prácticamente todo el arte que embellecía el conjunto de salones y espacios y descargaron también aquí la criminal garra de la represión y la oscuridad.
Diego Portales pasó a llamarse, así fue conocido por muchos durante largos años, símbolo del poder autoritario, la fuerza implacable, el orden, el orden, el rígido orden gris de los milicos.
«Menos cóndor y más huemul»2 nos dijo hace casi un siglo Gabriela Mistral y así define al huemul en su texto, “ El huemul es una bestezuela sensible y menuda; tiene parentesco con la gacela, lo cual es estar emparentado con lo perfecto. Su fuerza está en su agilidad. Lo defiende la finura de su sentidos: el oído delicado, el ojo de agua atento, el olfato agudo.”.

Y lo que nos trajo la dictadura fue solamente más cóndor junto con la garra de la DINA, luego los Chicago Boys y su desprecio por todo aquello que fuera en la línea del balance que muestra las utilidades, sin espacio para la belleza, para el arte, para el desarrollo. Trajeron también el mazo para demoler, tumbaron también las esculturas, destruyeron los peces de mimbre, quebraron los vitrales, no podían soportar que en letras grabadas en piedra dijeran “Este edificio refleja el espíritu de trabajo, la capacidad creadora y el esfuerzo del pueblo de Chile” y por eso también destruyeron la piedra de Román.
Seguro en los acuerdos y transacas que aseguraron el continuismo de este modelo precarizante no había espacio para poner los ojos en lo que había significado la construcción del complejo de edificios que albergaron en Chile la Tercera Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. No hubo intención de poner en la mesa la discusión del rol que un Estado cumple al desplegar todas sus capacidades para llevar adelante proyectos que tienen en su base el sentido colectivo y como objetivo central el bienestar común.
Esta es otra de las muchas deudas que dejaron los que dijeron ser los portadores de la alegría.
Fue, paradójicamente, el incendio del año 2006 lo que puso al edificio nuevamente en los noticieros, luego de eso se comenzó a hablar de recuperación. A propósito de las llamas se volvió a hablar de lo que había ahí, de la necesidad de rescatar algo de su sentido original. Veinte años y aún el proceso de recuperación no concluye, los que hoy administran el Estado, esos que son herederos del dictador y su séquito ya anunciaron que no financiaran las etapas que restan; que van a saber los hijos del gris cóndor de la claridad de la mirada del huemul.
Al hoy nombrarlo como GAM, en la abreviatura tan de estos tiempos, también dejamos un poco cojo el acto de recuperar, la sigla va dejando en el olvido, un tanto oculto el nombre de Gabriela Mistral y lo que su obra y vida significan y como esto es también parte del sentido final que siempre tuvo.
No tengo intención de cerrar atrapado en la melancolía, quiero poner los ojos en lo que pudo haber ocurrido. Quiero imaginar ese Chile que luego de la tarea cumplida con la construcción del edificio, la experiencia adquirida tenía la base para ambicionar con mejorar su infraestructura pública, ya no eran un misterio los diagramas de PERT, ya la asamblea de obra estaba probada como un aporte al desarrollo del trabajo.
En ese “quiero imaginar” reside la pregunta, que habría significado para un pequeño país en los bordes del mundo aplicar la técnica y la tecnología al servicio del verdadero progreso, de ese que mejora la condición material de la vida del pueblo; construyendo puentes y caminos, vivienda social, escuelas y hospitales y por qué no luego mejorando la producción de alimentos y bienes de primera necesidad.
La dictadura no podía arriesgarse a que esa pregunta quedara flotando, por eso enrejaron el edificio, por eso le cambiaron el nombre, por eso destruyeron la Piedra de Román y es por eso que vale la pena escribir estas líneas para traerlas y continuar con el porfiado ejercicio de la memoria.

- Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU): Organismo estatal autónomo dependiente del Ministerio de Vivienda y Urbanismo de Chile, creado en 1965. Su función principal fue la renovación, densificación y remodelación de áreas urbanas deterioradas o estratégicas, mediante la adquisición de suelo, planificación de equipamiento comunitario y ejecución de grandes proyectos seccionales de diseño urbano y habitacional ↩︎
- Gabriela Mistral. «Menos cóndor y más huemul». La Nación (Buenos Aires), 17 de abril de 1932. ↩︎

