
Javiera Munita
Dirigenta MST
(Movimiento Socialista de les, las y los Trabajadores)
Históricamente, la rebelión popular de 2019 ocurrió ayer, por más que el paso de los años la ubique hace casi siete distantes años. Los análisis sobre los antecedentes que provocaron una de las luchas sociales más radicales y masivas de las últimas décadas, su desarrollo y las consecuencias que trajo, dejan planteadas dos grandes preguntas: ¿Por qué no surgió una organización política socialista, internacionalista y revolucionaria con peso de masas de esa movilización nacional? ¿Qué pasó con la clase trabajadora, como sujeto social y político, en ese conflicto?
La elevación en los niveles de organización, movilización y lucha en la clase trabajadora que surge de esos episodios de abierto enfrentamiento en la lucha de clases, parece suponer que abre grandes posibilidades para construir y fortalecer partidos obreros. Se ligan, de pronto y con claridad, los programas sindicales con las estrategias socialistas y se funden en las movilizaciones diarias contra los gobiernos capitalistas, incluyendo el uso de la autodefensa contra la violencia estatal. ¿Por qué no devino este salto en la conciencia en la fundación de un gran partido obrero socialista?
La ausencia de la clase obrera como sujeto social de las movilizaciones en Chile.
Es importante partir de una aclaración sobre dos conceptos que desarrollo en este artículo. Entiendo como sujeto social al sector de la sociedad que protagoniza un proceso de luchas concreto, en un país o ciudad, en un periodo de tiempo determinado. Por ejemplo, en una huelga general en Francia el sujeto social es la clase trabajadora, en el Chile de 2006 y 2011 fueron los estudiantes, etc. Como sujeto político, entiendo la organización política que dirige el proceso, que expresa lo más avanzado de la conciencia anticapitalista en su programa, organización, estrategia-táctica y principios.
A grandes rasgos, la dictadura liquidó un proceso de organización política y social de trascendencia histórica con el golpe de Estado de 1973. Con el Partido Comunista, y luego con el Partido Socialista, amplios sectores obreros rompieron con los partidos liberales burgueses y construyeron sus propias herramientas de lucha política. La cuestión de por qué en la Unidad Popular dichos partidos contaban con direcciones no revolucionarias es material para otro artículo. Es necesario agregar la fundación del MIR, que fue un intento de romper con esas direcciones y fundar una alternativa realmente revolucionaria en el país, a pesar de sostener diferencias con dicha dirección, me parece el caso más avanzado de conciencia y organización de dicho periodo interrumpido violentamente por la dictadura militar de Pinochet.
A partir de ese hecho, el rol histórico de la clase trabajadora es reemplazado por procesos de lucha de carácter popular, policlasistas y sin centralidad obrera. Un ejemplo de ello fue la lucha contra la dictadura de Pinochet. Esto no quiere decir que la clase trabajadora no jugase ningún papel, ni sus partidos tradicionales (PC-PS), sino que el sujeto social es mucho más amplio que las y los trabajadores organizados. Esto se radicaliza en las luchas sociales desde 2006 en Chile, cuando el enfrentamiento contra los gobiernos capitalistas de turno pasa a ocuparlo la juventud estudiantil (2006-2011), distintos sectores ambientalistas, deudores habitacionales, sectores de jubilados contra las AFP, el movimiento feminista y otros.
La acumulación de fuerzas no se da, en las casi dos décadas que anteceden al 2019, en los sindicatos y lugares de trabajo, sino que se gesta entre salas de clases, poblaciones, territorios afectados por procesos productivos contaminantes y otros. La consecuencia a nivel organizativo y programático es el surgimiento de demandas sectoriales, que si bien expresan contradicciones con el capitalismo y los empresarios, no logran expresar la aguda y creciente contradicción entre trabajo y capital que mueve a la sociedad.
La clase queda supeditada a luchar por demandas en tanto deudor habitacional, mujer obrera afectada por la violencia de género y el patriarcado, solidarizándose con sus hijas e hijos estudiantes. Las luchas sindicales coexisten con estos grandes procesos, pero sólo de modo tangencial, sin dirigir el enfrentamiento contra los gobiernos capitalistas. Se posterga su rol histórico como sujeto social, y por lo tanto, su tarea de construir un sujeto político, el partido obrero.

¿Cómo responder a este proceso objetivo en las luchas sociales?
No pretendo diluir el debate de fondo en posiciones obreristas, que supongan que sólo las y los trabajadores podemos enfrentar al capitalismo. Que en Chile prime el enfrentamiento popular, de sectores sociales oprimidos afectados por la lógica capitalista y no directamente la contradicción capital-trabajo, no le quita importancia a dichas movilizaciones. De última, toda lucha parcial es anticapitalista, sólo que carece de estrategia socialista si no la encabeza la clase trabajadora.
La cuestión es por qué no surgen las y los trabajadores como sujeto social que encabece esas luchas. Una primera aproximación a este problema tiene que ver con la relación con las viejas direcciones políticas obreras. La ruptura con el PS, sobre todo con el PC hoy día, ha avanzado lo suficiente como para permitir movilizaciones sin que esta casta burocrática pueda detenerlas o desviarlas por vías institucionales. La rebelión popular de 2019 es un gran ejemplo de este “rebalse” a direcciones traidoras como la de la CUT.
La ruptura, sin embargo, ha sido condicionada por respuestas espontáneas. No expresan una ruptura por izquierda, que de forma organizada reúna a todos los sectores, individuos y grupos, que en disputa con el PS-PC logren dirigir demandas obreras contra los gobiernos, y por lo tanto, contra las direcciones que impiden esa lucha, dotándolas de estrategia socialista y anticapitalista. A lo sumo, las organizaciones que nos reivindicamos revolucionarias participamos de ese rebalse espontáneo, ganando algunos sectores de lucha para engrosar nuestras filas.
Contra esta tendencia, la historia demuestra que lo que prima en estos procesos políticos, cuando se construyen nuevas direcciones obreras que doten a la clase y a todos los sectores oprimidos junto a ella, de una dirección revolucionaria para enfrentar al capitalismo, debe ser la unidad programática y estratégica de quienes nos reivindicamos socialistas, para construir una dirección alternativa que atraiga a los más avanzado en conciencia y organización de este proceso de ruptura política y social. Es una tarea consciente de encontrar caminos comunes para fundar el instrumento político que ayudará en ese proceso.
No es el nuevo partido u organización política obrera la que cambiará, por sí sola, el problema del sujeto social, reemplazando las luchas populares por luchas con centralidad de las y los trabajadores. Ese proceso es objetivo, y es posibilitado día a día por la sistemática caída en el nivel de vida de amplios sectores de trabajadores, por el aumento de la explotación laboral, por la falta de expectativas, y por lo tanto por la ruptura con los gobiernos de turno que saque a las y los trabajadores a la calle.
La cuestión es acompañar esa acumulación de descontento social, de ruptura política con las viejas y traidoras direcciones obreras, de experiencias de lucha recién pasadas, con la construcción consciente y sistemática de una alternativa política de las y los trabajadores, con su programa y estrategia. Hasta hoy, todos los atajos para reemplazar esa tarea con otros sujetos sociales (pobladores, estudiantes, etc.) han devenido en un fracaso.
No basta, tampoco, los caminos propios en los que prima el sectarismo, el “autobombo”, de organizaciones políticas que creen encarnar ellas solas toda la tarea histórica de la clase obrera chilena, reduciendo el problema a ingresar a militar a sus filas para resolver la cuestión. Nunca ocurrió así en la historia de nuestra clase. La tarea es mucho más profunda e indispensable que eso.
Hoy, quizás más que nunca, que enfrentamos la crisis capitalista combinada con una profunda crisis ecológica y la decadencia del imperialismo yanqui, cuando las condiciones de vida de millones de trabajadoras y trabajadores vienen cayendo dramáticamente, es que debemos acudir a las viejas enseñanzas del marxismo: el sujeto político, la organización, no surge como resultado espontáneo, ni siquiera si la luchas sociales son encabezada por las y los trabajadores. Es una tarea diaria, persistente, consciente. Será el triunfo de la unidad que se forja en luchas cotidianas, y desde ellas pasa la prueba de la historia demostrando la necesidad de llevar a fondo el combate contra los capitalistas, la lucha política centralizada por el poder, por quien dirige la sociedad.


