Notas para un análisis de la coyuntura nacional

Mario Garcés
Historiador

El análisis político no es nada sencillo, ya que requiere, al menos, de un enfoque y de datos, ojalá, muy actualizados.

En la tradición de la Izquierda, el análisis estaba a cargo de la Dirección política de los partidos y se formulaba como Informe al Comité Central o al Pleno del Comité Central. En partidos más nuevos, como el MIR en los años setenta, el análisis lo hacía la Comisión Política o el Secretario Nacional y se denominaba SIPONA (Situación Política Nacional).

No tenemos muchas indicaciones teóricas y metodológicas para formular un análisis político. Tal vez, la SIPONA del MIR contenía un esquema útil, pero no es fácil de reproducir.

Desde un punto de vista teórico, las indicaciones de Antonio Gramsci parecen muy útiles y consistentes. Algunos de estos contenidos se pueden ver en Análisis de las situaciones. Correlaciones de fuerzas, que se encuentra en el Príncipe Moderno (Cuadernos de la Cárcel Nº 13, 1932-19341) En este trabajo Gramsci indica:

“El estudio de cómo se deben analizar las “situaciones”, es decir, de cómo se deben establecer los diversos grados de la correlación de fuerzas, puede prestarse a una exposición elemental de ciencia y de artes políticos, entendidos como un conjunto de reglas prácticas de investigación y de observaciones particulares útiles para despertar el interés por la realidad efectiva y suscitar intuiciones políticas más rigurosas y vigorosas (…)

Los elementos de observación empírica que se acostumbran a exponer sin orden, confusamente en los tratados de ciencia política (se puede tomar como ejemplo la obra de G. Mosca Elementi di scienza política) deberían incluirse, en la medida que no sean cuestiones abstractas o gratuitas, en los diversos grados de la correlación de fuerzas, empezando por la correlación de fuerzas internacionales (en la que se podrían incluir las notas escritas sobre lo que es una gran potencia, sobre el concepto de independencia y de soberanía en lo que se refiere a las pequeñas y medias), para pasar luego a las correlaciones de fuerzas sociales objetivas, es decir, al grado de desarrollo de las fuerzas productivas, a las correlaciones de fuerzas políticas y de partido (sistema hegemónicos dentro del Estadio) y a las correlaciones política inmediatas (o sea, potencialmente militares)” (La política y el Estado moderno, p. 107)

Circunscribiéndonos solo a estos párrafos, para Gramsci, el análisis de la situación política es un análisis de las “correlaciones de fuerzas” en el campo internacional, de las fuerzas sociales y de las fuerzas políticas.

Más adelante, en el texto que comentamos, Gramsci recrea un texto clásico del propio Carlos Marx en el que indica:

“Para llegar a un análisis justo de las fuerzas que operan en la historia de un determinado período y determinar su correlación se debe plantear exactamente y resolver el problema de las relaciones entre la estructura y las superestructuras. Debemos movernos en el ámbito de dos principios: a) que ninguna sociedad se plantea tareas para cuya solución no existen ya o están por lo menos en vías de aparición y desarrollo, las condiciones necesarias y suficientes; b) que ninguna sociedad desaparece y puede ser sustituida si antes no se han desarrollado todas las formas de vida que están implícitas en sus relaciones” (Estas afirmaciones están tomadas del Prefacio a la Critica de la Economía Política de Carlos Marx.)

Bueno, hay muchas otras indicaciones, pero me pareció que las citadas son ya suficientes para indicarnos la complejidad que supone un buen análisis político. Análisis de las correlaciones de fuerza, por un lado, y análisis más orgánico de las relaciones entre la estructura y las superestructuras.

Vamos por parte y veamos qué podemos hacer, por ahora y sobre todo cuáles son las preguntas que tenemos que hacernos:

1-. Relaciones internacionales. EL capitalismo mundial se encuentra en plena fase de reordenamiento transitando de un mundo unipolar a un mundo multipolar. Transición compleja ya que supone el debilitamiento del imperialismo norteamericano y un nuevo campo de fuerzas. Aquí pesa la guerra con Irán y el papel de Rusia y especialmente China como nueva potencia económica mundial. El mayor riesgo, en el mediano plazo, es evitar la “trampa de Tucídides” como le indicó Xi, el presidente chino, a Donald Trump, presidente de Estados Unidos (se trata de evitar una guerra entre una potencia que desciende y una potencia emergente). En el corto plazo, la guerra de Irán se convirtió en un zapato chino para Trump y en parte se prolonga por los intereses israelíes en juego en la región.

Para América Latina, el nuevo orden internacional es más que relevante por cuando USA determinó en su nueva política internacional una actualización de la Doctrina Monroe:

“Queremos asegurar que el hemisferio occidental permanezca razonablemente estable y suficientemente bien gobernado para prevenir y desalentar la migración masiva a los Estados Unidos; queremos un hemisferio cuyos gobiernos cooperen con nosotros contra los narcoterroristas, los cárteles y otras organizaciones criminales transnacionales; queremos un hemisferio que permanezca libre de fuerzas extranjeras hostiles. La incursión o la propiedad de activos clave que sustentan cadenas de suministro críticas, y queremos asegurar nuestro acceso continuo a ubicaciones estratégicas clave. En otras palabras, haremos valer y aplicaremos un Corolario Trump a la Doctrina Monroe.”2

Venezuela y Cuba ya han sido víctimas de esa nueva política norteamericana.

2-. Correlación de las fuerzas sociales. Este es probablemente el campo más complejo y en el que carecemos de información actualizada y confiable. Incluso más, carecemos de análisis social. Les invito a pensar, cuánto sabemos de las clases dominantes (algo, que les va muy bien) de las clases medias (muy asimiladas al modelo y al consumo) y de la clase popular, sabemos poco o nada.

¿Podemos definir “correlación de fuerzas sociales”?

Gramsci asocia el análisis de las fuerzas sociales al “grado de desarrollo de las fuerzas productivas”. ¿Cuál es la posición de la clase popular chilena en el campo de las fuerzas productivas? ¿Dónde está el pueblo trabajador? ¿Con qué capacidades organizativas y de actoría social cuenta el pueblo trabajador?

3-. Correlación de fuerzas políticas. Del sistema político, sabemos que se recompuso luego del Estallido Social y que los partidos están sufriendo diversas transformaciones, tanto en la derecha como en el centro y la izquierda.

Y así como sabemos poco del pueblo, también sabemos poco de la Izquierda. ¿Cuántas izquierdas existen hoy en Chile? (Izquierda parlamentaria, Izquierda extraparlamentaria, Izquierda social asociada a los movimientos sociales y a la sociedad civil popular en sentido amplio). ¿Qué posiciones representa cada izquierda? Se puede indagar, pero la verdad es que no es fácil hoy en día, especialmente sobre las izquierdas menos institucionalizadas.

Si saltáramos ahora al campo de las relaciones entre la estructura y las superestructuras, ¿qué podríamos afirmar?

Que vivimos en una sociedad neoliberal relativamente estable, pero fuertemente escindida. Que reproduce patrones históricos: Cada ave en su corral.

¿Qué significa “estabilidad neoliberal”?

Que las bases del sistema no están amenazadas. Para algunos analistas ni siquiera lo estuvieron en medio del Estallido social de 2019. También significa que diversos grupos sociales –de las clases dominantes, clases medias y clases populares- se sienten bien integrados y representados por el modelo. Sin embargo, el modelo ha requerido ajustes que buscan asegurar su mayor rendimiento, para lo cual el actual gobierno ha emprendido las reformas pertinentes.

La pregunta política es cuánto puede resistir la sociedad las actuales reformas neoliberales que son básicamente ajustes en el gasto público y mayores facilidades para la inversión nacional y transnacional (eso es al menos lo declarado, tal vez solo sea, por ahora, aumento en las tasas de acumulación y atraer la inversión extranjera).

Para responder seriamente a esta pregunta nos faltan datos de la clase popular. Hay reacciones que no se producen automáticamente, por ejemplo, el alza en las bencinas y el diesel no se tradujo en una repulsa popular. Ni siquiera en los sectores más afectados como los taxistas y los camioneros…

Los recortes en el gasto social pueden socavar las bases de apoyo del gobierno en el mediano plazo. No parece previsible una reacción masiva o significativa en el corto plazo (tampoco lo ha sido en Argentina, donde el ajuste ha sido más radical).

Veamos, por otra parte, qué significa “cada ave en su corral”

Este es un dato estructural y al mismo tiempo cultural (o superestructural). En Chile, ha existido la tendencia, habida cuenta de su estructura clasista, a que la sociedad opere de manera dualizada. Es decir, culturalmente escindida, de tal modo que los ricos se relacionan con los ricos y los pobres con los pobres. Las clases medias son débiles y de tránsito. Expresan un deseo, dejar de ser pobres o la amenaza de la pobreza (por eso también se les denomina “aspiracionales”).

En la lógica neoliberal pareciera que se realiza la igualdad, pero es más bien simbólica, ya que se realiza básicamente en el consumo. Ese es el logro neoliberal: el mercado hace posible la ilusión de la igualdad.

Pero, la metáfora de “cada ave en su corral” tiene otra dimensión, más interesante. Que el pueblo (o segmentos) del pueblo se recrean en tanto que pueblo. ¿Qué significa esta experiencia?

Significa que importantes capas de la clase popular no renuncian a su identidad popular, pero, más que eso, recrean formas y estrategias de desarrollo y sobrevivencia. Viven con relación a las clases dominantes experiencias de resistencia, oposición o sentido de la diferencia. No es la conciencia de clase, pero sí la ruptura de clase.

Esta experiencia subjetiva puede o no alcanzar algún desarrollo organizativo o comunitario

La experiencia comunitaria es una apelación a “lo común” que puede expresarse en diversos lugares sociales. En el caso de nuestras poblaciones, lo comunitario tiene un cierto arraigo “territorial”, categoría por mucho tiempo ignorada por la izquierda cuya meta principal suele ser el cambio en el Estado (nuestras izquierdas son estatistas)

Una perspectiva territorial tiende a fijar como lugar de cambio la sociedad, y al menos discursivamente en los orígenes de la izquierda el cambio debía ser en la sociedad (y luego o paralelamente en el Estado). En este contexto, la pregunta que hay que hacerse es de qué modo se recrea lo comunitario en nuestras poblaciones o qué iniciativas pueden reforzar el desarrollo comunitario.

No se trata, por cierto, de un desarrollo comunitario deslavado y despolitizado, sino de un principio de nuevas formas de politización, o si se prefiere, del desarrollo de una “política popular”. (Una política popular que no se define solo porque “representa al pueblo”, sino porque está constituida por sujetos populares, o sea, porque es expresiva de actorías populares).

Por cierto, una política popular va más allá de lo poblacional, implica a una diversidad de actores, que hasta ahora aparecen disgregados: los partidos políticos de izquierda, los movimientos sociales, los sindicatos y centrales sindicales, gremios como los profesores o los de la salud, etc.

La “unidad del pueblo” es de este modo uno de los problemas estratégicos a resolver en el propio pueblo. Sin la unidad “en la diversidad” no hay muchas posibilidades de que las fuerzas populares progresistas se constituyan en una fuerza política significativa. La derrota de la Convención Constitucional (2021-2022) es muy expresiva de estos límites en el sentido de que al exacerbar las diferencias identitarias (feminismo, ambientalismo, pueblos originarios, etc.), el resultado general es desastroso. La unidad del pueblo como “Unidad Popular” o como el momento “populista” del movimiento popular es fundamental en América Latina3.

  1. Voy a tomar como referencia el texto: A. Gramsci. La política y el Estado moderno, Ediciones Península, Barcelona, 1971. Pp. 107 y ss. ↩︎
  2. Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos de América. Noviembre de 2025. Ver en Mario Garcés, “La nueva situación mundial y latinoamericana”, lunes 2 de marzo de 2026. Encuentro Latinoamericano de Traperos de Emaús ↩︎
  3. Ver: Ernesto Laclau. La razón populista. FCE. Buenos Aires. 2007 ↩︎
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