Capitalismo, consumo y frenesí

Christopher Simpson B.
Militante Tejer-Construir

“El mito de Prometeo puede reinterpretarse considerándolo una escena del aparato psíquico del sujeto de rendimiento contemporáneo, que se violenta a sí mismo, que está en guerra consigo mismo.”
Byung-Chul Han

En la actualidad, no parece estéril pensar al capitalismo en sus propias contradicciones. Por ello, resulta fundamental realizar un examen crítico respecto del desarrollo del sistema-capital a escala mundial y del impacto que tuvo su imposición neoliberal en Chile hacia la década de 1970, articulado mediante el incremento de la productividad y el acelerado alcance masivo de las nuevas tecnologías.

Es innegable que, en las dinámicas del capitalismo global, el acceso a comodidades y bienes suntuarios —teléfonos móviles, Smart TVs, plataformas de streaming, vestuario y marcas de prestigio— se ha consolidado como la vía privilegiada de integración social. Sin embargo, esta integración se ha edificado, principalmente, sobre el acceso a través del endeudamiento. Como señala Von Wolfersdorff (2022):

“Hoy como ayer, las personas queremos más y más, justo lo que facilita el capitalismo. El empresario e inversionista quiere más utilidad, y el consumidor más o siempre mejor consumo. ¿Consumo de qué? Las personas, en realidad, no sabemos bien lo que queremos, afirma el economista Tomás Sedlácek. En eso ayudan otras personas, y ante todo los mercados: los vecinos, los colegas, las películas, los libros, la televisión, las redes sociales y la publicidad nos comunican todos los días lo que pudiéramos querer.”

Incluso quienes se ven materialmente privados de estos bienes encuentran las formas más creativas para agenciarse aquellos codiciados e ilusorios productos de la felicidad. Entre las dinámicas históricas asociadas a la acumulación de riqueza y abundancia, emergen también vías indirectas e ilícitas de acceso a través del delito.

Por esta razón, resulta crucial analizar la paradoja que plantea la incorporación de grandes masas al consumo. Este acceso no se traduce en una integración plena en el ámbito social ni en un progreso en términos culturales o civilizatorios; por el contrario, coexiste con una profunda crisis y con anomalías disruptivas a nivel biopsicosocial. Estas disrupciones impactan no solo en la conducta del sujeto-consumidor, sino también en las relaciones sociales que de ella emanan: tanto en la actividad productiva como en la proliferación de hábitos que enferman a la población. Como advierte Daniel Núñez (2004) respecto a la historia laboral reciente en nuestro país:

“Sin embargo, el modelo primario-exportador chileno que hoy es considerado como una de las versiones mejor logradas de un desarrollo exitoso en América Latina, oculta un periodo de crisis generalizada cargado de penurias para cientos de trabajadores y sus familias que fueron violentamente expulsados del empleo formal, pasando por largos años a engrosar las filas de la cesantía y el subempleo.”

La presente reflexión intenta comprender esta dinámica contradictoria. Mientras el modelo parece avanzar discursivamente hacia la inclusión, en la práctica se observa una profundización del descontrol, el caos y la descomposición de las bases morales tradicionalmente consensuadas por las élites para el funcionamiento de la paz social en un capitalismo profundamente desregulado.

Tanto las lógicas del trabajo —actividad racional fundamental para el desarrollo humano— como el acceso a la información, la cultura y la democracia son tópicos en constante disputa. Estos elementos deben ser puestos en tensión permanente frente al vertiginoso ritmo de las sociedades contemporáneas y sus efectos sobre las personas. No se trata solo de las incoherencias materiales que chocan en el cotidiano o de las anomias propias del sistema en términos durkheimianos, sino de cómo estas dinámicas han generado, en las últimas tres décadas, un incremento alarmante de patologías asociadas a la salud mental. Al respecto, Byung-Chul Han (2017) sintetiza la época:

“El comienzo del siglo XXI, desde un punto de vista patológico, no sería ni viral, ni bacterial, sino neuronal. Las enfermedades neuronales como la depresión, el trastorno por déficit de atención por hiperactividad (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP), o el síndrome de desgaste ocupacional (SDO) definen el panorama patológico de comienzos de este siglo.”

Lo que buscamos sostener en este escrito es la estrecha vinculación entre los elementos estructurales (el modo de producción) y los subjetivos (las relaciones interpersonales) en el capitalismo contemporáneo. Son múltiples las patologías asociadas a este supuesto «reino de la felicidad» donde el deseo, que pareciera estar resuelto, no se traduce en voluntad ni en sensación real de libertad. Según la lógica del libre mercado, bastaría con saciarse de aquellos bienes que producimos; sin embargo, lejos de conducirnos por un cauce de tranquilidad, estos productos nos alienan y nos distancian cada vez más de nosotros mismos.

Esta encrucijada ha provocado fracturas en el tejido social y cultural. Las instituciones tradicionales —la escuela, la fábrica, la universidad, los espacios laborales— ya no logran reproducir de manera irrestricta un determinado orden o normalidad. El escenario actual, confuso y escurridizo, resulta incapaz de articular discursos totalizantes o convenciones colectivas. Por el contrario, ha profundizado la lógica caótica de la no regulación, la individualidad extrema y la mercantilización de todo ámbito de la vida como un continuum. Se deshistoriza así el tiempo, volviéndolo fugaz e irrelevante, e instalando hechos e informaciones como verdades relativas que desobjetivan la realidad.

Estas tendencias atentan directamente contra el desarrollo de seres humanos mentalmente saludables. La presión ejercida por la cotidianidad y la vorágine de las redes sociales altera las capacidades de decisión y las relaciones interpares, imponiendo la ansiedad y la competencia como formas predeterminadas de interacción. De este modo, la valía personal queda supeditada a la posesión y a la capacidad de adquirir todo cuanto el mercado ofrece.

Aunque esta dinámica atraviesa a todos los rangos etarios, resulta especialmente visible en cómo los jóvenes de sectores populares intentan, por diversos medios, alcanzar aquellos bienes que les otorgan aceptación e inclusión en una sociedad sin pausas, donde el mérito y el esfuerzo ya no parecen bastar. Como analiza Teresita Fuentealba (2008):

“Es necesario aclarar que no siempre la búsqueda de ingresos tiene que ver con sobrevivencia, sino que los niños, niñas y adolescentes son receptores de publicidad y bombardeo consumista por todos lados. Ellos/as han incorporado internamente las metas que la sociedad les impone, pero los escasos recursos de su familia les permiten vivir, pero no costear bienes suntuarios como ropa de marca o artículos electrónicos. Los jóvenes, sin medir sus actos, comienzan a buscar recursos que les permitan sentirse parte de un sistema del que se sienten excluidos; una forma de integrarse es transformándose en uno de sus miembros a través de su apariencia.”

En síntesis, la desregulación de los factores sociales y culturales ha abierto un abismo entre las personas al imponer una escala de valores basada en la capacidad de pago y la ostentación. Esta lógica desata una crisis social caracterizada por el aumento de la rabia, la intolerancia y la frustración ante la imposibilidad de alcanzar las promesas del mercado. Manifestaciones trágicas de este malestar —como los sucesos registrados en el centro comercial Costanera Center— funcionan como reflejo simbólico de esta problemática. Todo ello nos permite concluir que el consumo desmedido, la ideología de mercado y el difícil acceso a la inclusión son causas centrales en la proliferación de patologías de salud mental, violencia y descomposición social.

Si bien comprendemos que este es un debate extenso que encierra interrogantes complejas, resulta imprescindible reinstalar esta discusión. La lectura dominante tiende a deshistorizar la realidad, dejándonos a merced de la dinámica irracional del consumo y de una idea distorsionada de modernización, en la que amplios sectores quedan convencidos de que solo a través del tener y acumular se alcanza una vida digna. El propósito no es argumentar en contra de la posibilidad del consumo, sino abrir el debate sobre si esta constituye la única vía de integración en el marco del capitalismo contemporáneo.

A este respecto, Iván de la Mata Ruiz (2017) caracteriza con precisión esta condición subjetiva:

“El hombre neoliberal está llamado a conducirse como una ‘empresa de sí mismo’ en que el individualismo más atroz y la competencia con los otros presiden el conjunto de sus relaciones. La búsqueda del beneficio se traslada a las relaciones entre las propias personas, a las relaciones íntimas, presididas por el cálculo y la lógica del mercado. Ser ‘empresario de sí’ significa vivir por completo en el riesgo, de una conminación constante a ir más allá de uno mismo, asumir en la propia vida un desequilibrio permanente, no descansar o pararse jamás, superarse siempre […]. La lógica de acumulación indefinida del capital se hubiese convertido en una modalidad subjetiva y a la vez es en esa subjetividad donde se amplían los mercados”

Así es como el sujeto contemporáneo convive con una sensación permanente de insatisfacción e insuficiencia, incapaz de encontrar sosiego en aquellos logros que, en otras etapas del desarrollo histórico y económico, brindaban estabilidad, certidumbre y una integración fundada en las promesas del progreso humano.

Bibliografía

Byung-Chul Han. (2017). La sociedad del cansancio (A. Saratxaga Arregi y A. Ciria, trads.). Herder Editorial.

De la Mata Ruiz, I. (2017, 28 de junio). Salud mental y neoliberalismo. Asociación Madrid de Salud Mental. Link

Fuentealba Araya, T. (2008). Niños, niñas y adolescentes en conflicto con la ley penal, desde la mirada de las peores formas del trabajo infantil. En K. Duarte y O. Torres (Eds.), Niñes y Políticas Públicas (Revista Mad, Edición Especial N.º 3, pp. 135-148). Universidad de Chile.

Núñez Arancibia, D. (2004). El trabajo desregulado en Chile, 1990-2000. Crónica de la historia oculta de una década de desarrollo capitalista. En Los trabajadores y la nueva cuestión social: repensando la realidad laboral y sindical en Chile (pp. 51-72). Ediciones ICAL.

Von Wolfersdorff, J. (2022). Capitalismo: una historia sobre innovación, inversiones y el ser humano. Taurus.

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