CRONICA DE FUEGO

David Aniñir

I

Esa noche pasado la 1:00 am, el Colo, me llamó al departamento. Venía viajando de regreso desde el sur. Con calma me lanza:

⎯ David, hay un incendio en el pasaje, anda a ver a mi mami.

El Titi, mi otro hermano que vive cerca, atinó escuchando el sonido de las sirenas de los bomberos y salió disparado. En ese momento mi mami dormía sola en su casa.

Mi vecino Daniel se paleteó y me trasladó en su auto desde Renca, mientras trataba de calmarme

⎯ Tranquilo peñi.

En el camino me fui enterando que la casa que se quemaba era la de Doña Raquel, una anciana con demencia senil que vive, con su hijo Claudio adicto a la pasta base, frente a la casa de mi mami

Al llegar, en el pasaje se agolpaban carros bomba, pacos, vehículos, vecinos y familiares. La casa se había consumido completamente comprometiendo parte de casas vecinas adheridas. Ninguna tenía cortafuegos. La sobrepoblación del barrio, la autoconstrucción con material medianamente ligero de las nuevas familias había hecho lo suyo.

Mi mami estaba bien junto mi hermano Titi y el incondicional cuidado de los vecinos en situaciones de desgracia. En el pasaje la gente comentaba y calmaban el lamento de los afectados.

Mi mami, sola, anciana, cargando los últimos diagnósticos médicos en proceso, suspiró y dominó ese temor que dejan estos siniestros, con los ojos fijos.
Afuera los escombros carbonizados ya se apilaban en la calle.

II

Los vecinos duermen con la tensión habitual en estos casos. Yo pego pestañeos de un par de horas en la habitación al lado de la de mi vieja, al fondo de la casa.

De pronto despierto con una luz intensa e intermitente que entra desde la ventana. Corro la cortina y veo una inmensa llamarada subiendo por el techo de la casa vecina, la casa pegada de atrás.

De un salto despierto a mi vieja y la conduzco a un lugar seguro. Saco la bicicleta y el colchón, quito la tranca de la puerta del patio trasero y saco a mi vieja a la entrada de la calle. Recién ahora me pongo a gritar pidiendo agua.

Un paco entra doy el agua y se dispone a manguerear el fuego que se acerca a las piezas. El paco ordena que saque a mi mami. Pero ella con los nervios se ha ido a evacuar al baño y no hay como sacarla.

Llamo a mi hermano Titi y le balbuceo lo que pasa. Llega César Painen, mi vecino. El paco sigue manguereando y luego se retira a su procedimiento. Nosotros arrojamos baldadas de agua sobre el muro del techo de la pieza vecina y seguimos con la manguera piñufla. Mi mami se acerca porque quiere guardar sus tesoros. Ahora llega la Lourdes Painen, hermana menor de César, en bata y sacamos definitivamente a mi mami a la calle. Se logra bajar la intensidad del fuego.

Los bomberos haciendo la doble pega en la pobla logran socavar las llamas, ahora solo habita el humo tóxico suspendido en nuestros pulmones.

El resultado; las llamas de este segundo incendio se llevaron completa la casa de atrás y la que estaba al lado, un antro de mala leche, que era justamente donde se originó el siniestro todo por culpa de descuidos y los desproporcionados vicios de indigentes

III

El fuego afortunadamente no logró llegar a las piezas de madera seca, vieja y carcomida al lado de nuestras piezas, o sino el resultado pudo haber sido más desastroso.

La casa estaba vacía. Juanito Riquelme y su prole se habían ido apañar el dolor de su hermana Carmencita quien había sido afectada por el primer incendio, mientras se quemaba su propio hogar.

La mañana siguiente del martes 17 de septiembre, un halo de angustia colectiva habitaba en el barrio. Dos tragedias, con dos horas de diferencia, a un pasaje de distancia. Muchos habían viajado por las fechas. Estaban en el sur o en la playa.

No faltó el vecino que atribuyó el origen del fuego a las fuerzas del maligno Belcebú. Otros alimentaban la sospecha al encadenamiento voraz de las llamas ardientes de incendios que consumen la selva de la Amazonía en Bolivia y Brasil. Otros decían que era la venganza del Pillán hecho carne en los consumidores de pasta base y sus disputas territoriales por la venta del material menos pateado. Algunos especulaban que la culpa era del gobierno y su permisividad en decretar diez días de feriado patrio, provocando el desenfreno, exceso y descontrol con veintitrés muertos en accidente viales, solo en los dos primeros días de festivo.

Nunca sabremos las causas, quizás una sobrecarga eléctrica o el consumo de pasta base sin control.

Ese mediodía del martes mi madre fue a abastecerse de verduras a la feria del sector donde además se encontraría con sus viejas, como le dice ella a sus vecinos y vecinas con quienes se reportan el estado de salud, contienen sus lamentos o ríen con bromas picantes. En esta ocasión el tema era la brutal experiencia de la noche anterior. Todos hablaban sobre el doble incendio, cuando de repente alguien divisó en lo alto del cielo, una fumarola negra, emergiendo desde el fondo de la Pobla.

⎯¡Noooo!

⎯¡No puede ser conchasumadre!

⎯Qué chucha está pasando!

La gente exclamaba exaltada entre los gritos de

¡Papah, tomateh, cebollah, limonesh, caseraa!

¡Peras, manzanaaah caseeritaa!

Partí a buscar a mi mami a la feria quien regresaba a tranco corto, descompensada, mareada por los medicamentos y una aflicción ante la viscosa humareda en el cielo.

A las 12:25 minutos, según el video que registré por whatsapp, se producía un tercer incendio en la Pobla a tan solo ocho horas del incendio anterior.

En calle Lo Duarte, que es el límite oeste de La Colo con la población Digna Rosa, donde el eriazo de una iglesia de mormones, se levantó un negocio inmobiliario. Una edificación de dos pisos con hileras de piezas ínfimas a migrantes haitianos. Departamentos de hacinamiento, donde probablemente nunca se hicieron los resguardos eléctricos que terminaron produciendo la sobrecarga fatal. Dos departamentos quedaron totalmente quemados.

La gente no podía creer todo lo siniestrado en tan poco tiempo. Aún no acababan de retirar los escombros de uno y ya se estaba generando otro. Los pobladores se tapaban la boca con ambas manos invocando al Altísimo, al ver la negra humareda a un par de cuadras, mientras los que podían corrían improvisando su actitud bomberil.

¡La estamos viendo negra, conchatumare!

¡Cómo podimoh estar tan quemados culiao!

La weá, qué mierda está pasando…

¡Cómo chuchaaa…!

Se escuchaba en el sentido común de la gente el golpe del triple impacto. Parecía una maldición. No había otra explicación posible. Nada lo explicaba, ni el calentamiento global justificaba estos tres incendios en un corto rango de tiempo. Solo la sobrecarga eléctrica y el consumo de pasta base.

IV

Ese martes 17 de septiembre, el almuerzo fue silencioso. Superado el impacto decido dar señales en Renca e ir por mis materiales de trabajo; mi compu y otras herramientas.

Esperaba la micro en la Avenida Salvador Gutiérrez, fuera de la pobla, cuando de pronto se escuchan sirenas. Imposible distinguir si es que eran ambulancias, bomberos, seguridad ciudadana o los pacos, mejor dicho, los carabibuenos cuando se trata de incendios. El aullido de las sirenas en el sector era un trauma abierto. De repente la calle se llenó de ambulancias y vehículos municipales.

Es curioso, extraño e irresistible conjeturar sobre las energías elementales. Los elementos vitales de la existencia. Fuego, tierra, agua y aire. Temperatura, carne, sangre y respiración. El misterio de la vida que podría dar pie a muchas explicaciones y hablamientos desde el átomo hasta dios.

Cuando volví a la pobla, un par de horas más tarde, todavía continuaban sacando los escombros de los tres incendios anteriores.

En el pasaje los saludos entre vecinos eran más fraternos, no por las fuckin fiestas patrias, sino por el calor humano. Los comentarios ahora se centraban, con la alaraca correspondiente, de un cuarto incendio en la Sara Gajardo, la población vecina por el oeste con La Colo.

¿Me estay weando Mauri culiao?

En serio weón

Paren su weveo, déjate de bromas ¡boludo conchatumadre!

Y así fue cómo decidí ir por aquel informe visual repleto de testimonios a la pobla vecina. Entre los pobladores y la vecina propietaria de la botillería “Dame fuego”, ubicada al lado de Los Polleros lo supe todo

Sí, fue aquí al lado -afirmó doña Eva-

El vecino se quedó dormido, a eso de las tres de la tarde, raja, con el cigarro prendi´o

La misma historia se repetía. Hacinamiento, sobrepoblación, autoconstrucción de mejoras, instalaciones eléctricas truchas, alto consumo de drogas y más copete.

Pero los vecinos la hicieron corta y lograron apagar
el brote de fuego justo antes
que llegarán los bomberos, sino queda la mea zorra, vecino.

Así me contó doña Eva. El susodicho, víctima principal, sostenía su propia versión.

Andaba terrible loko, no me acuerdo de nada,
de los nervios ni podía abrir la puerta de
la pieza y gritaba caleta.

En ninguno de los incendios se registraron víctimas humanas, si se nos fue el Tobi, el perrito de doña Raquel que pereció en las llamas.

Después, para dar broche a la desgracia se dejaron caer los oportunistas de siempre aprovechándose del dolor ajeno solo para utilizarlo en campañas políticas, prometiendo el cielo y la tierra.

Algo de fortuna para el alma se presentó en una mínima lluvia, la noche siguiente sobre Cerro Navia. Fueron como lágrimas ardientes cayendo en la pobla.

Hoy, un viento intenso ondula el valle pretendiendo limpiar este mal aire siniestro como antesala a la aureola de fuego que traería el próximo eclipse.

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