
Marco Paulsen. Miembro del Comité Editorial de “Réplica Comunista”
“Recuerde que la tormenta es una buena oportunidad para que el pino y el ciprés muestren su fuerza y su estabilidad”. Ho Chi Minh
Introducción.
Compañeras y compañeros:
Hace cincuenta años, en abril de 1975, los tanques del Frente Nacional de Liberación del Sur ingresaban a Saigón. Fueron precedidos tanto por las topas de Ejército popular, como de las y los guerrilleros que estaban a la vanguardia en la lucha por la liberación y la unificación de Vietnam, culminando de esta forma la ofensiva final de la guerra popular a través de la insurrección que logra la toma de la capital del régimen títere del sur. Sellaban de este modo, una de las más grandes victorias de los pueblos oprimidos durante el siglo XX.
La imagen parece mágica, un sueño hecho realidad concreta, los pueblos son capaces de vencer, la guerrilla se toma los centros de poder y los militares y funcionarios yankees huyen despavoridos[1], en helicópteros, desde los techos de la embajada, dejando abandonados pertrechos, documentos y a cientos de “colaboradores”. Funcionarios, militares y delatores vietnamitas que estaban al servicio de los EE.UU y del régimen títere neocolonial.
Se derrotaba finalmente (aun considerando que nada termina finalmente) tanto a la potencia imperialista que ya había (casi) abandonado el combate directo como a la burguesía local y a sus lacayos.
El pueblo vietnamita, conducido de manera creativa por su partido comunista, vencía, en el lapso de cuatro décadas, no a una, sino a tres potencias imperialistas – Japón, Francia y Estados Unidos- mediante una lucha prolongada, heroica, nacional y profundamente arraigada en el sentimiento y sueños populares.
Para quienes en ese tiempo, hace 50 años ya, padecíamos de la ola de dictaduras militares impuestas por los gobiernos imperialistas de los EE.UU y las grandes burguesías monopólico-financieras, las imágenes de la guerrilla vietnamita entrando victoriosa en Hanoi, hoy Ciudad Ho Chi Minh, nos provocaban una alegría solidaria, internacionalista, cómplice, una alegría que nos era negada por el terrorismo de estado y la brutal violencia desatada por los poderosos.

Hoy, más que una efeméride lejana, conmemoramos una experiencia de liberación revolucionaria cuya vigencia política y estratégica interpela de lleno a las luchas de nuestro continente, de nuestro presente, de nuestra clase y nuestros pueblos.
Guerra popular prolongada, cómo aplicación concreta de la estrategia general de guerra de todo el pueblo, que culmina victoriosamente a través de un proceso insurreccional en el cual las diferentes clases de tropas combinadas en su capacidades y roles, junto a la participación masiva de las masas y sus organizaciones, fue el camino recorrido por el pueblo vietnamita para lograr la victoria y el poder.
Afirmamos que en este camino fue fundamental, irreemplazable, la existencia de un partido que fuera capaz de proponer e impulsar una línea política cimentada en principios intransables y adaptada a la historia, experiencias, tradiciones del pueblo vietnamita y a la formación socio económica concreta. Un pueblo, todos los pueblos, somos capaces de realizar el camino de la revolución, el pueblo vietnamita se enfrentó y fue capaz de expulsar a las tropas de la principal potencia imperialista del mundo, utilizando un amplio y combinado repertorio de formas de lucha, todas ellas pensadas en la acumulación efectiva de fuerzas para la revolución, no aceptando participar en la institucionalidad del régimen.
Es una proeza que debe ser fuente de inspiración, en particular en los momentos en que pensamos que nuestro camino es cuesta arriba, pareciera que tenemos un enemigo imbatible, nuestra debilidad y fragmentación nos abruma. Debemos ser capaces de extraer lecciones y perspectiva estratégica, considerando que la construcción de un verdadero poder popular, en proceso de enfrentamiento y radicalmente antagónico al poder burgués, es fundamental para la victoria de la revolución.
La participación subordinada, aunque se vista de “relato” revolucionario, además de dividir y desgastar fuerzas populares, en última instancia contribuye a legitimar y fortalecer la institucionalidad de la explotación y la dominación.

Breve reseña histórica: de la ocupación a la liberación.
«¡El espíritu de lucha del pueblo crece ante nuestros ojos! Unámonos y unifiquemos nuestra acción para derrotar a los japoneses y a los franceses«. Ho Chi Minh
Vietnam, bajo dominio colonial francés desde mediados del siglo XIX, vivió una brutal explotación feudal-colonial. La estructura socioeconómica estaba basada en la gran propiedad agraria, que detentaba una casta de propietarios rentistas/feudales y que mantenía al pequeño campesinado mayoritario sometido al tributo y a la miseria.
Mientras, las ciudades comenzaban a experimentar una incipiente proletarización bajo condiciones coloniales. Es importante en este punto no dejarnos encerrar por pre-concepciones, la sociedad feudo colonizada en Indochina no era una repetición mecánica del feudalismo europeo, ni por lo demás de alguna otra sociedad.

En la lucha contra esta ocupación colonial se formaron una organización juvenil y diferentes organizaciones o partidos comunistas, los cuales se unificaron en 1930 en el Partido Comunista de Indochina, fundado y dirigido por Ho Chi Minh. Estas organizaciones buscaban fortalecerse y ligarse a las masas populares. Comprendieron que la lucha de liberación nacional, en un país sometido a la ocupación y explotación colonial, debía rescatar un importante sentimiento nacional y por lo tanto contenido y línea política patriótica revolucionaria antimperialista, que supiera unir las demandas justas de independencia nacional y redistribución de la tierra, en el camino de construcción de una alternativa socialista, como continuación ininterrumpida de la revolución democrática. La cual, esta última, por lo demás no podía ser realizada por ninguna facción de la clase burguesa en ciernes.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la ocupación japonesa exacerbó la dominación contra el pueblo de toda Indochina. En este contexto surge y se fortalece en Vietnam la Liga para la Independencia de Vietnam (el Viet Minh), fundada en 1941 bajo la dirección del Partido Comunista de Indochina.
El Viet Minh se configuró como un gran frente de liberación nacional, aglutinando a campesinos, obreros, intelectuales, sectores medios y parte de la burguesía nacional que se oponía a la ocupación japonesa, junto a otros partidos políticos y organizaciones religiosas. Es decir, se constituye como un agrupamiento, un gran bloque popular que fue capaz de unificar en la acción y bajo una plataforma revolucionaria de radical confrontación con el enemigo a los diferentes sectores, pueblos y clases en contradicción con el imperialismo.
Nos parece importante destacar que el éxito de esta línea política se basa, en gran parte, en que la construcción de este frente, unitario, amplio y en lucha contra el sectarismo, justamente es conducido por un partido revolucionario, el PCI (Partido Comunista de Indochina).
El partido construye, organiza, aporta, pero no se diluye en este frente, mantiene la independencia política orgánica y lucha por la conducción política de este mismo frente, no subordinándose a una línea política o alianza bajo la conducción de otra clase.
En 1945, tras la derrota japonesa, el Viet Minh proclama, en agosto de 1945, la República Democrática de Vietnam en Hanoi. No obstante, Francia intenta reimponer su dominio, desatando la Primera Guerra de Indochina (1946-1954).

Esta culmina con la decisiva victoria en Dien Bien Phu, comandada por el genio militar de Vo Nguyen Giap, quien lideró una guerra de pueblo en armas, movilizando a millones, con apoyo masivo del campesinado.
Es en esta lucha que se comienza a diseñar la concepción de guerra popular prolongada, teoría político militar que se basaba en la participación de las más grandes capas del pueblo, en el caso de Vietnam el campesinado muy fuertemente, la creatividad popular para contrarrestar la superioridad logística del enemigo, la creación de armamento popular y la resolución de problemas desde lo más simple y posible a ser realizado por las masas populares.
Es de vital importancia destacar la teoría militar de la guerra de todo el pueblo, en la aplicación a las condiciones de la formación socioeconómica y la tradición vietnamita toma la forma y contenido de Guerra Popular Prolongada, reconoce que el mando y la conducción de lo militar en su formulación estratégica, es político, es el partido quien conduce, “el partido manda al fusil” y el poder radica en el fusil.
«Tu objetivo en la guerra puede ser aniquilar al enemigo por completo o dejar sus fuerzas parcialmente intactas, pero con su voluntad de luchar destruida». Nguyen Giap
Tras los Acuerdos de Ginebra (1954), Vietnam fue dividido en dos: el norte, bajo control revolucionario, y el sur, bajo un régimen títere sostenido por EE.UU. Desde entonces, la lucha contra el gobierno colaboracionista de Saigón —una oligarquía dependiente y militarizada— y la ocupación estadounidense dio paso a una nueva fase: la Guerra de Vietnam (1955-1975).

La guerra de Vietnam enfrentó decididamente a dos concepciones del mundo y la sociedad.
El norte popular y revolucionario emprendió el camino de la independencia y la construcción del socialismo, realizando las necesarias transformaciones para que las masas, el pueblo y la clase trabajadora se hiciera protagonista del destino de toda la sociedad bajo el principio de la solidaridad, la igualdad y la lucha contra toda opresión.
En el sur se establecía el gobierno títere que instauró un modelo de explotación y opresión, negación de los derechos personales y colectivos. Un régimen procapitalista en una formación socio económica donde aún permanecía el dominio de una naciente burguesía rentista parasitaria, de explotación agrícola e introducción de procesos de industrialización germinales, con un proletariado minoritario pero que comenzaba su organización en condiciones de negación incluso de los derechos democráticos.
Una vez más, el partido comunista es capaz de interpretar de manera correcta no solo las reivindicaciones y demandas inmediatas del pueblo, sino que unificarlas en una plataforma que marchaba hacia la verdadera independencia, liberada del yugo neocolonial y a sabiendas que ningún sector de la burguesía local, por más democrática que se quisiera presentar podía ser capaz de llevar adelante las tareas democráticas ni menos revolucionarias.
La unidad de todos los sectores en lucha se construye precisamente en función de la lucha decidida, con verdadera participación popular, enfrentada radicalmente a las formas de dominación política (abiertas o encubiertas) que la institucionalidad del sur neocolonial presentaba. Es en el desarrollo de la guerra que se va construyendo la identidad y el programa, el destino es la toma del poder político para la victoria, no la reforma de un sistema incapaz de humanizarse.
Durante dos décadas, el pueblo vietnamita enfrentó la maquinaria militar más poderosa del mundo. Y la derrotó. Lo hizo no solo con armas, sino con una política de construcción de poder popular, basada en la unidad estratégica de clases, bajo la conducción del partido revolucionario, en la reforma agraria radical, en la movilización consciente del pueblo y la convicción de que la independencia y el socialismo eran inseparables.
El internacionalismo cubano, la solidaridad con los pueblos que optaron por la liberación del colonialismo imperialista (fase del capitalismo moderno en siglo 19), es posiblemente la relación más cercana que tenemos con Vietnam. En 1969 Salvador Allende senador visita Vietnam. Sin embargo, es Cuba Socialista la primera república que reconoce el gobierno del FLN con su embajada en Hanoi (El 2 de diciembre de 1960).

El rol del Partido Comunista, la unidad de clases y el poder popular.
El Partido Comunista de Vietnam, bajo la dirección de Ho Chi Minh y el general Nguyen Giap, no fue únicamente un aparato de combate. Fue una fuerza política que supo construir hegemonía entre las masas populares, especialmente entre el campesinado, que era más del 80% de la población. Supo articular una alianza obrero-campesina-intelectual y también atraer a sectores de la pequeña burguesía urbana y de la burguesía nacional patriótica, dentro de una perspectiva estratégica de frente único nacional antiimperialista. En el caso concreto de las condiciones socio económicas de Vietnam, sí existía un sector burgués nacional, oprimido y en contradicción antagónica con el imperialismo y la burguesía compradora lacaya.
El poder popular en Vietnam no fue retórico. Se materializó en zonas liberadas, en la redistribución de tierras, en escuelas clandestinas, en hospitales rurales, en estructuras de gobierno revolucionario paralelas y enfrentadas al régimen de Saigón. La estrategia militar estuvo íntimamente ligada al trabajo político. La guerra era, en sí misma, una forma de organización del pueblo.
Frente a esto, el régimen de Saigón -construido artificialmente por EE.UU.- fue expresión de una clase terrateniente y burguesía subordinada, incapaz de generar legitimidad popular. Sostenido por el terror, la corrupción y la dependencia absoluta de la ayuda militar y económica estadounidense, fue incapaz de enfrentar a un pueblo movilizado y con conciencia nacional.
Lecciones para América del Sur, hoy.
Compañeras y compañeros: el ejemplo vietnamita nos habla, sobre todo, de estrategia. En tiempos donde la izquierda institucional en América del Sur vuelve a transitar por los callejones del reformismo, del electoralismo sin bases, y de la conciliación de clases, el caso de Vietnam nos recuerda algunas verdades incómodas pero necesarias:

No hay liberación nacional sin transformación revolucionaria del orden social. La independencia política fue, para Vietnam, inseparable de la lucha por el socialismo. Las medias tintas, los pactos con las oligarquías, conducen a la derrota o al estancamiento. (por ej. en Chile el pacto del 15 de noviembre y la trampa constituyente).
El poder popular no se decreta desde arriba ni se institucionaliza desde el Estado burgués. Se construye desde abajo, en la lucha, en la autodefensa, en la organización territorial, en la experiencia directa del pueblo como sujeto activo. No hay poder constituido como tal, en el interior de los márgenes de la institucionalidad de la dominación.
La guerra popular debe ser concebida por las masas populares como una guerra justa y necesaria. Los pueblos reconocen y practican la violencia revolucionaria de masas, es parte del despliegue y aprendizaje de las luchas contra la opresión, es auto defensa y capacidad ofensiva. La práctica de la guerra no es un deseo buscado por las masas, la guerra es cruenta y dolorosa, se desarrolla desde la desventaja y la defensa estratégica, para poder vencer, como todas las guerras, debe ser sentida, vivida como una guerra justa, inevitable y con un destino de victoria.
La política se expresa también en la construcción de un sistema o entramado muy amplio de alianzas internacionales. La solidaridad internacional cumplió un rol muy importante en la contención de la maquinaria de terror imperialista, si pudo haber sido aún más aterrador y genocida. La solidaridad con Vietnam y las protestas contra la guerra al interior de los EE. UU significaron un frente más en la guerra, un frente político y diplomático vital para la victoria. Pensemos hoy por ejemplo en Palestina bajo una guerra genocida del Estado sionista, la debilidad de la manifestación callejera, de masas y radical contra el genocidio no es capaz de detener y ni siquiera atenuar la agresión genocida.
La violencia revolucionaria no es un culto ni una tragedia, sino una necesidad histórica frente a estructuras de opresión violentas. La guerra popular prolongada en Vietnam no fue una elección fanática, sino la única vía ante un enemigo de clase que defendía sus privilegios y los del imperialismo. La paz sin justicia es sumisión. La guerra de todo el pueblo debe ser traducida a las condiciones concretas de cada pueblo en lucha, pero considerando siempre el carácter del Estado y la violencia reaccionaras de las clases dominantes.
Las transformaciones profundas no vienen desde el Parlamento, sino desde la lucha de masas. La experiencia vietnamita muestra que los momentos constituyentes surgen desde procesos insurreccionales, que van moldeando el proceso largo de guerra popular no desde reformas negociadas con las élites.

Conclusión.
Hoy, en un continente sacudido por el avance del neofascismo, la militarización de los territorios, la recolonización extractivista y el fracaso de los progresismos institucionales, la experiencia vietnamita ilumina el camino. No como modelo mecánico, sino como fuente viva de estrategia, de ética revolucionaria y de confianza en el pueblo organizado.
La lucha por la libertad, la independencia y el socialismo, es obra de los pueblos en lucha, es creación heroica, no puede estar sujeta, sometida ni condicionada por lealtad, apoyo ni sumisión a otra potencia capitalista aunque esta esté en contra a su vez del principal enemigo imperialista, los Estados Unidos de Norteamérica (USA).
Las contradicciones entre potencia capitalistas no generan aliados estratégicos para la clase trabajadora y los pueblos oprimidos. No se puede avanzar sin independencia de clase hacia un destino de independencia y revolución.
Recordar Vietnam no es nostalgia. Es afirmación de que los pueblos, incluso los más pobres, incluso los más masacrados, pueden vencer si se organizan, si construyen con la vista puesta en el poder, si se atreven a desafiar la historia.
Como dijo Ho Chi Minh:
“ Nada es más precioso que la independencia y la libertad «.
[1] Se trata de los funcionarios que quedaban en Vietnam, civiles y militares. Dos años antes, el 29 de marzo de 1973, culminaba la intervención directa de las tropas de los EE.UU, de acuerdo a la firma de los acuerdos de paz de París. De esta forma la derrota política y militar de las FF.AA estadounidenses se consagraba y se daba un gran paso en el camino de la unificación de Vietnam.

