Palabras de despedida a un camarada y amigo

Se nos ha ido un luchador.

Sergio Hernández Díaz, Alberto, fue un compañero muy enérgico, un militante apasionado y un ejemplo de entrega a la lucha revolucionaria. Su ímpetu y su devoción lo caracterizaron hasta el final.

Con Alberto nos conocimos en un acuartelamiento de la Fuerza Central del MIR, en febrero de 1980. Ahí me preguntó mi edad, pues yo tenía 23 años recién cumplidos, y me dijo que él cumpliría 39. Él era mayor que todos los demás miembros de la Fuerza Central y por eso quedó bautizado cariñosamente como “el viejo”.

Viniendo de realidades y experiencias muy diferentes teníamos sin embargo una vivencia común: ambos habíamos llegado al MIR desde otros partidos políticos y habíamos vivido la experiencia de cambiarse de partido, una decisión que no es fácil de tomar, como alguna vez me lo comentó. Nuestro desarrollo y maduración política nos llevó a converger en el MIR, y con el tiempo, a converger finalmente en la Fuerza Central del MIR. Habíamos llegado a la síntesis de nuestras respectivas trayectorias.

Vivimos juntos muchas experiencias concretas inolvidables, pero una de las últimas quedó sin concretarse. En 1984, ya estando en el exilio, el viejo me conversó la idea de rescatar a nuestros compañeros presos, lo que sería nuestra última acción, ya que el MIR se estaba acabando como organización revolucionaria y no había nadie más capaz de hacerlo. Pero en la práctica, sin apoyo del Partido, ello no fue posible, desgraciadamente. Pero de esas conversas recuerdo que el viejo me dijo un día: “contigo, Viracocha, yo voy a cualquier operación”. Y la verdad es que yo también iba a cualquier operación con el viejo. El hecho de haber compartido anteriormente los nervios, la adrenalina y la intensidad del combate nos daba una confianza mutua que es difícil de superar.

Vivimos juntos el exilio, comenzando en Argentina, desde donde fuimos rápidamente expulsados. Luego, en Suecia, logramos montar trabajo solidario que generaba plata, la que enviábamos a los presos políticos en la década del 80 y principios de los 90. Muchos compañeros trabajaron intensamente en este trabajo solidario durante algunos años, pero si no hubiera sido por el ímpetu y la fuerza del viejo, aquello no habría llegado nunca al nivel de organización y estabilidad que alcanzó. Pero Alberto vio que eso no duraría mucho tiempo más y él pensaba que un trabajo más estratégico lo podía hacer mejor desde Cuba, y hacia allá se trasladó.

En Cuba siguió entregando su experiencia y sus conocimientos con gran pedagogía, como correspondía al profe que había sido hace tantos años. Sus enseñanzas están presentes en muchos compañeros y compañeras que pasaron por su escuela durante dos décadas.

Después de que los últimos presos políticos salieron de Chile el viejo trató de hacer una reunión en La Habana a fines de los 90. La idea era hacer conjuntamente un análisis y una evaluación de lo que fue la experiencia del MIR, principalmente los que pasamos por la Fuerza Central y las Milicias de la Resistencia Popular. Pero no hubo mayor interés, pues los compañeros que habían estado presos ya habían hablado de todo ello en la cárcel durante años y no sentían la necesidad de volver a hacerlo. Éramos sólo nosotros dos los que no habíamos tenido la oportunidad de discutir todo aquello con los demás sobrevivientes de la Fuerza y las Milicias.

Por allá por el año dos mil el viejo ya estaba escribiendo un análisis de nuestra experiencia y yo me sumé a su idea para discutir y completar algunos pasajes. Finalmente, esos textos de reflexión se convirtieron en el libro La experiencia de la Fuerza Central del MIR 1979-1983. Vivencias y reflexiones de dos sobrevivientes y fue lanzado en agosto de 2017 en la Biblioteca Nacional, en Santiago de Chile.

La materialización de ese proyecto se logró gracias al apoyo imprescindible prestado por compañeros revolucionarios de una nueva generación, una generación que recogió la experiencia del MIR y desarrolló nuevas formas de trabajo y de lucha dentro del nuevo marco político del país.

Quien presentó el libro en el lanzamiento fue nada menos que nuestro camarada de lucha Guillermo Rodríguez Morales, a quien aprovecho este espacio para rendirle también un homenaje. Algo que nos unió a los tres, fuera de la militancia en el MIR y el haber estado en la primera línea de combate en aquellos años, fue el hecho de que los tres nos mantuvimos en la posición revolucionaria hasta el final.

Por eso aceptó Guillermo Rodríguez, sin vacilar, ser el presentador y moderador del lanzamiento de nuestro libro, lo que para nosotros fue un honor. Ese fue el cúlmine de la profunda relación que nos unía a los tres, algo que sólo los que han compartido un ideal y el sonido del combate pueden testimoniar.

¡Camarada Alberto, hasta la victoria siempre!

Viracocha.
Suecia, 9 mayo de 2026.

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