Imaginar un mundo nuevo: un ejercicio para dibujar horizontes posibles

«La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, para caminar.”
Eduardo Galeano

«Vivimos en el capitalismo. Su poder parece inevitable. Pero también lo parecía el derecho divino de los reyes. Cualquier poder humano puede ser resistido y cambiado por seres humanos. La resistencia y el cambio suelen empezar en el arte, y muy a menudo en nuestro arte, el arte de las palabras.»
Ursula K. Le Guin

Una de las constataciones más críticas del actual escenario político —tanto en Chile como en el mundo— es la aparente clausura de nuestra capacidad para proyectar un futuro distinto. Como bien señaló Mark Fisher, vivimos bajo el peso del realismo capitalista: «la idea generalizada de que el capitalismo no solo es el único sistema económico viable, sino que ahora es imposible incluso imaginar una alternativa para él».

Nos enfrentamos a una preocupante carencia de narrativas que logren dibujar un horizonte de posibilidad; hoy, la mayoría de las alternativas parecen confinadas a los márgenes de la lógica del capital, el patriarcado y la dominación colonial. Si bien la urgencia nos exige un programa político sólido, también nos demanda, con igual fuerza, recuperar la imaginación como acto de resistencia.

Gran parte del arte hoy solo es capaz de dibujar futuros distópicos, y las posiciones anticapitalistas, antipatriarcales y anticoloniales no logran traspasar los márgenes de la crítica, y se muestran incapaces de construir relatos que permitan visualizar otros futuros posibles. Hoy, frente a un mundo caótico, con genocidios en curso y sicópatas sueltos amenazando con guerras nucleares, con la destrucción del medio ambiente acelerada y con una avanzada de restauración conservadora, se hace imprescindible construir bolsones de esperanza, tanto en espacios de organización y relaciones sociales concretas como en el plano de la imaginación, conectando el quehacer con un futuro posible. Recuperar la potencia creadora del sentido revolucionario, traer hacia nuestro lado otra vez las concepciones de progreso y la abundancia, como palancas de sentido para pensar la vida digna y las posibilidades de desarrollo de la humanidad y sus potenciales.

Pensar ficciones, y no tanto, que imaginen otras formas de organizar el trabajo, que pongan a la ciencia y la tecnología al servicio de la restauración de ecosistemas, que piensen la inteligencia artificial y la automatización como palancas para liberar el trabajo humano, que pongan al centro el cuidado y la vida, es un ejercicio fundamental para romper el cerco del realismo capitalista y el presentismo catastrófico.

Cuando enviamos la convocatoria, varias personas nos respondieron que les resultaba muy difícil hacer el ejercicio, que el presente de guerra y el arribo de la ultraderecha al gobierno les hacían imposible imaginar futuros posibles. Esa respuesta es un síntoma de la afantasía generalizada que agobia a las grandes mayorías que vivimos un presente distópico. Como dijo alguien por ahí, el apocalipsis es ahora, y debemos encontrar formas de salir de ahí y reponer las esperanzas de la humanidad en otras formas de organizar la vida.

Quienes respondieron lo hicieron en distintos formatos: cuento, poesía, ensayo, lo que nos habla, en sí mismo, de que los caminos posibles de construcción de un imaginario de futuro y esperanza son y deben ser diversos: diversos lenguajes, diversas miradas. En cuanto a sus propuestas, el horizonte que se perfila se articula en torno a la recomunalización de la vida, entendida como la urgencia de rescatar los espacios, saberes y afectos de la lógica del mercado para devolverlos a lo común. Este nuevo imaginario se sostiene sobre un «indisciplinamiento» del conocimiento, donde se desplazan las narrativas hegemónicas para situar en el centro a los sujetos históricamente invisibilizados: trabajadores, comunidades migrantes y mujeres cuidadoras.

En este tránsito, el cuidado deja de ser una labor privada y silenciosa para convertirse en un valor político supremo y un eje de reconocimiento social. Así, la transformación no solo ocurre en las grandes estructuras, sino también en lo sensible; la risa honesta, la complicidad sin patrones y la protección de la infancia aparecen como gestos soberanos que prefiguran un orden social donde la vida, en toda su diversidad, es finalmente puesta en el centro. En ese marco común, cada autor propone dimensiones específicas de ese otro mundo posible.

Así, Miren Larramendi nos invita, a pesar de lo dificultoso de imaginar futuros utópicos, a sostener la esperanza sobre bases sólidas y sencillas, de práctica cotidiana y potencia humanizante.

Henry Renna propone la creación de Pluriversidades. Su apuesta es transformar radicalmente el «dónde», «cuándo» y «cómo» se produce el conocimiento, basándose en experiencias de movimientos sociales y pueblos originarios para construir un «socialismo del siglo XXI» y un «Buen Vivir».

María Emilia Tijoux analiza el racismo como un sistema de sufrimiento estructural. Su aporte al «mundo nuevo» es la necesidad de una reflexividad política que rompa con la criminalización de la movilidad humana y reconozca al migrante como un sujeto político y moral pleno.

Verónica Arévalo imagina una sociedad donde el trabajo de cuidado sea el centro del reconocimiento social. Su relato prefigura una plaza pública donde se celebra la jubilación de una cuidadora con el mismo honor que el de cualquier otra profesión, validando la reproducción de la vida como un valor supremo.

Jimmy Águila identifica la risa honesta y sin supervisión como un espacio de soberanía. Su apuesta es recuperar la complicidad popular lejos de la mirada del «patrón de fundo», sugiriendo que la cultura popular tiene una potencia de desborde que ninguna ideología ha podido domesticar del todo.

Nicolás Cruz ofrece una visión donde el nuevo mundo nace de las cenizas del horror actual («el esqueleto desnudo del mundo nuevo»), donde la prioridad absoluta es la paz y la protección de la vida de niños y poetas.

Esperamos que este especial de Revista Horizonte pueda motivar a que rompamos el cerco del realismo capitalista y dibujemos futuros posibles dignos y libertadores de toda la potencialidad humana que hoy es negada por el capital.

Para nosotros, ¡el Horizonte es socialista!!

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