Subió la bencina. Y ahora… ¿Quién podrá salvarnos?

Capitán Cornetta

Lunes 23 de marzo de 2026, una influencer argentina viaja a Burkina Faso para ver qué opina el ciudadano de a pie sobre la revolución de Ibrahím Traoré.

Las respuestas en la calle: es la continuación de Thomas Sankara. Lo amamos. Es un tipo que tiene visión. Logró una alternativa a la democracia.

Porque la democracia, en palabras de un ciudadano de a pie, nunca ha llevado al desarrollo a algún país. Al menos no en el África que él conoce.

Lunes 23 de marzo de 2026, el gobierno confirma el alza de precios de la bencina que la vocera de José Antonio Kast, Mara Sedini, anunciara el 18 de marzo de 2026.

Por primera vez, camioneros y radicales de izquierda unidos. Distópicos ellos. Ex constituyentes, alcaldes, diputados, las mojojojo, las maiga y las calila lila… todas… todas…

Y entre medio, una compañera picada a influencer, cuenta en su Instagram que la última vez que hubo un alza de este tipo, fue hace 54 años… lección de historia que agrava la cosa…

Y aquí la pregunta: ¿Qué pasó hace 54 años? ¿Qué pasó en los ochenta? ¿Un paralelismo entre Allende-Pinochet / Boric-Kast? ¿O algo similar en el escenario internacional?

El año 1973, como respuesta a los ataques de Estados Unidos e Israel en el golfo pérsico, los países de la OPEP subieron el precio del petróleo.

Luego, el año 1979, el triunfo de la revolución en Irán generó lo que se conoce como la segunda crisis del petróleo.

¿Efectos inmediatos? Lo que los economistas llaman estanflación: estancamiento de la economía, o bajo crecimiento, más inflación.

Cierre de empresas y un alza generalizada en el mundo occidental del desempleo que osciló en los 80 entre el 20% y 30%.

Vea los libros de economía. Lo que le digo es verdad. Gráficos y huevás… ¡Impresionante!

¿Asistimos entonces a una tercera crisis del petróleo? Esta alza, ¿es culpa de Kast o una falla estructural de la geopolítica?

Poco importa mirar acá, encima, lo inmediato. Poco importa señalar con el dedo. Si este o el otro. Lo que hay que ver son los procesos. Y los procesos, tienen ciclos.

Y la pregunta es, si sabemos que un escenario similar en los ochenta, configuró un escenario de protestas en Chile entre 1983 y 1986. ¿Eso se podría repetir?

La pregunta es, si sabemos que ante la crisis política que desató la crisis económica, hubo quienes trabajaron por un modelo distinto y otros por salvarlo. ¿Eso se podría repetir?

La pregunta es, si en la historia chilena, el resabio de la crisis que llevó a la eterna transición a la democracia, y que desembocó en el estallido de 2019, volvió a cobrar vida con el pacto elitario que restauró el sistema de partidos que produjo la crisis de 2019… ¿Esto se podría volver a repetir? ¿Redundancia sobre la redundancia?

El asunto…

El asunto es, que, si miramos más allá de la rabia inmediata, si existiera la posibilidad de un nuevo estallido, habrá quienes volverán a pactar. Pues está en el imaginario chileno de que la democracia funciona.

Aunque la defiendan pedófilos. Caníbales y gánsteres.

Aunque el modelo de la democracia occidental en el mundo sea Israel.

Y aunque en prácticamente todo el mundo no occidental se esté indicando que es un sistema muerto.

Al chileno, le gusta la democracia. Que es casi lo mismo que decir, que le gusta la derrota.

Por no decir el pico en el ojo. O en el oje… No se enoje…

El asunto…

El asunto es que, si la historia es cíclica y los ciclos se repiten, redundancia sobre la redundancia, ¿volveremos a repetir la derrota?

¿O nos atreveremos a salir de ella?

Partamos por ver.

Luego querer.

Pero querer lo que nos va a hacer bien. No lo que sabemos que pueda volver a suceder.

Siempre suyos.

Capitán Cornetta.

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