DEL FRACASO DEL PROGRESISMO AL ASCENSO DEL NEOFASCISMO ULTRALIBERAL

Breve balance de la teoría social progresista y su apología a la fragmentación

Cristhian Riquelme1, militante Tejer-Construir

EL NEOFACISMO ULTRALIBERAL

Mucho se está repitiendo en estos tiempos una importante frase de Antonio Gramsci en la cual señala: «El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos»(2023). Esta frase hace relación a los peligros que subyacen en una crisis de hegemonía, donde la falta de una alternativa clara permite la irrupción de fuerzas totalitarias. El periodo de transición, o el interregno – como lo llamaba Gramsci – permite la aparición de fenómenos políticos, sociales y culturales, extremos.

En este sentido, hay una disputa en como calificar el fenómeno de esta extrema derecha que irrumpe con un discurso más rupturista y que aprende a utilizar mejor que las izquierdas los medios existentes. No vamos a hacer un análisis profundo de las distintas categorías que se intentan utilizar para caracterizar el fenómeno, sólo vamos a señalar dos cosas.

Primero, el problema de las ciencias políticas, y las ciencias sociales en general, es que congelan los fenómenos políticos en el tiempo, y son incapaces de historizar a los movimientos que los impulsan, lo cual no permite vincular los nuevos con los del pasado, a pesar de que estos en sus propias dinámicas concretas dan cuenta de su evolución2. Para nosotros, los fascismos no son un movimiento homogéneo en su doctrina económica y tampoco sostienen un proyecto político acabado3, ya que muchas veces el discurso no fue consecuente con su práctica, sino más bien enmascaró su verdadera esencia.

En este sentido, consideramos que un rasgo fundamental de estos es que siempre irrumpen como fenómeno cuando el capitalismo está en crisis, y representan a los grupos más violentos de la pequeña y mediana burguesía, que son utilizados por la gran burguesía para defender sus intereses de clase cuando sienten que estos están en riesgo. Es decir, los fascismos son el perro rabioso de las clases dirigentes, que vigilan y evitan la irrupción de alternativas capaces de poner en riesgo su hegemonía, pues no tienen ningún problema para combatirlas directamente, y violentamente de ser necesario. Es más, generalmente tampoco están del todo satisfechos con él orden democrático-liberal, y están dispuestos a fortalecer los mecanismos coercitivos para garantizar su control.

Segundo, es verdad que el progresismo liberal, disfrazado de propuestas de izquierdas, adopta un discurso antifascista para presentarse como opción «racional» o «democrática», mientras perpetúa las estructuras neoliberales que, según Slavoj Žižek (2011), alimentan el auge de las extremas derechas, y evita cuestionar las raíces del capitalismo global. Claramente, en los dos últimos procesos de elecciones presidenciales en Chile, esto se ha manifestado nítidamente, pues sobre todo para el caso de la elección de Gabriel Boric, su alternativa no significó una salida hacia políticas socialistas o populistas, sino hacia una continuación del neoliberalismo como lógica de políticas públicas y sociales4.

No obstante, las abstracciones sirven para entender en su esencia los fenómenos sociales, pero la política actúa sobre la realidad concreta, donde la población no es aún consciente de lo que nos señalan estas, y son particularmente las clases populares las que sufren las consecuencias de las doctrinas extremas de la burguesía. Para el caso del nuevo fascismo ultraliberal de los países dependientes, este intensifica la superexplotación, dificulta más acceder a una vivienda, entre otras cosas, y presiona por retroceder aún más en derechos políticos y sociales, sin hablar del recrudecimiento de la represión, si es que esta no toma un carácter abierto y sin justificaciones discursivas como hoy sucede en EE.UU.

El hecho de que los procesos eleccionarios nos obliguen a optar por apoyar el mal menor que nos ofrece el progresismo liberal, es el resultado del fracaso de la izquierda socialista que aún subsiste, debido a su incapacidad de actuar unitariamente y representar una alternativa real. No es una fortaleza, pero la política de marginarse de estos procesos y la discusión a través de una justificación moral que intenta apoyarse en un discurso pseudo político, no permite ninguna posibilidad real de superar la marginalidad, más allá de los discursos al interior de estas organizaciones. Tampoco el oportunismo que buscó subirse al carro de los que tienen alguna posibilidad, aunque la historia de estos procesos recientes, no muestran un consecuente crecimiento cuantitativo o cualitativo a partir de dicha política, sino incluso un retroceso.

EL PROGRESISMO Y LA FRAGMENTACIÓN COMO POLITICA

Desde nuestro punto de vista, estamos asistiendo al fracaso del progresismo que capitalizó las luchas de las primeras décadas del siglo XXI, el cual quería sepultar discursivamente el fenómeno detrás de la categoría del imperialismo, así como intentó dejar en segundo plano la lucha de clases como el motor de la historia, y la teoría del valor como base de la sociedad capitalista. Un progresismo que, tomando como ejemplo la social democracia europea, consecuentemente con esta, intentó alejarse cada vez más de la tradición contractualista que había mantenido durante parte del siglo XX, y se acercó cada vez más a los intereses burgueses. Un progresismo que, a través de las nuevas filosofías postmodernas, se funde cada vez más con el liberalismo. El mismo que intenta reciclarse los últimos años a partir de las perspectivas post coloniales y algunas decoloniales, pero que en su esencia no es muy diferente al postmodernismo.

La influencia cultural de “las metafísicas post” (Kohan, 2013), tiene su origen en las derrotas políticas de la izquierda en Europa y en todo el mundo, incluyendo para América latina, para fines del siglo XX, lo cual obliga el repliegue de la fuerzas populares a sus espacios territoriales y sociales. Frente a la falta de una coordinación general, surgen movimientos sociales que mantienen las resistencias en su propio ámbito específico, razón por la cual, Néstor Kohan (2013), nos señala: “Sólo después de que esto sucedió vinieron las legitimaciones a posteriori, post festum, de las metafísicas académicas que transformaron la necesidad en virtud”.

Para el caso de Chile, estos sectores sociales, principalmente capas medias, son generalmente más ilustrados que las grandes mayorías populares, se organizan en espacios geográficos y en luchas específicas, denominándose a sí mismos como “movimientos sociales”, y en algunos casos, agitando consignas anti-partidarias. Durante la década pasada, fueron capaces de generar algunas coyunturas, o a lo menos capitalizarlas5, y alcanzar cierta masividad coyuntural, pero los últimos años – a partir de la participación de estos en la fracasada Convención Constitucional – fueron desapareciendo y llegando hasta una casi inexistente capacidad de convocatoria.

Frente al culto a este particularismo, el partido no era necesario para la acción política, no obstante, los últimos años su incursión en el plano electoral ha significado la construcción de estructuras políticas que les permita avanzar por esa vía. Sin embargo, también hay que llamar la atención de que existen individualidades a quienes cualquier marca partidaria les sirve si se trata de sus propios proyectos – disfrazados de colectivos – para escalar en espacios institucionales.

IMPERIO E IMPERIALISMO

En este contexto, en el plano teórico, Antonio Negri (2006), en colaboración con Michael Hardt (2006), intentan reformular el concepto de imperialismo, ya que para ellos este se encontraba asociado a Estados-nación hegemónicos que dominan territorios extranjeros a través de la fuerza militar y/o la explotación económica (EE. UU). Bajo el nuevo orden mundial, de acuerdo con sus planteamientos, surge el IMPERIO, el cual correspondía a un sistema de poder descentralizado, reticular y sin un centro territorial fijo. No existía uno o más Estados hegemónicos, sino una red de poderes económicos, políticos, culturales y militares que actúan conjuntamente. Es decir, ya no existían los estados-nación, sino “economías”, y este lenguaje se volvió cotidiano en las distintas izquierdas. Al igual que en las teorías postmodernas y postestructuralistas, para Negri no existía sujeto, y este es suplantado por “las multitudes”, las cuales se mueven en la contradicción de un imperio que supuestamente promueve la cooperación y movilidad, creando y fortaleciendo una multitud cooperante y autónoma.

Esto contrasta con lo que nos plantea un filósofo marxista como István Mészáros (2010), quién señala que la exigencia de precisión en la definición de la agencia histórica, significa ser serios en el intento de superar el capitalismo. Un sujeto genérico es, en su análisis, una ilusión que condena al movimiento emancipatorio a la irrelevancia o a la absorción, porque no logra articular la mediación concreta entre la crítica teórica y la práctica revolucionaria. Para este autor, el sujeto debe ser tan preciso y totalizador en su definición como el sistema que busca abolir. El sistema capitalista tiene una capacidad enorme para absorber y vaciar de contenido las categorías genéricas. Términos como «el pueblo», «la gente», «los ciudadanos» o «los oprimidos» son fácilmente cooptados por la ideología dominante y el discurso político liberal.

Quedándonos con esto último, la convulsa geopolítica actual nos demuestra que el imperialismo, en consecuencia, la dependencia de la periferia capitalista, y el orden social de clases como factor de primer orden, no sólo subsisten, sino que su negación ha permitido desarmar ideológicamente al progresismo y con ello las actuales izquierdas. Así, corrieron ríos de tinta durante más de tres décadas desde la academia universitaria para deshacerse de estas categorías, pero la realidad les abre pasó violentamente al no ser asumidas por las pseudos izquierdas que, para esta altura, están completamente desarraigadas en las clases populares, y sólo se expresan en las revistas científicas que nadie lee, sino es para producir otro paper, o tesis universitarias.

La crisis de hegemonía del imperio estadounidense, nos muestra un Estado-nación que actúa violentamente frente al riesgo de perder parte de su hegemonía. Este intenta reafirmar su dominio territorial a través de la acción militar y medidas económicas punitivas con alcance global. Es decir, contradiciendo completamente las ideas de Negri que tanto consenso tenían en la academia y el progresismo en general. Por otro lado, fenómenos como la acción visiblemente deliberante de una gran burguesía mundial asociada a la industria tecnológica, como es el caso de Elon Musk, entre otros, nos muestra que el poder de clases es más nítido que nunca, así como el caso de la publicación parcial de la información sobre la red del pedófilo, Jeffrey Epstein. Esto último, nos plantea como las clases dominantes tienen la percepción de que pueden actuar con total impunidad, así como afirma su total despreció por las clases populares.

EL SUJETO

Por otro lado, desde la sociología del trabajo, Ricardo Antunes (2013), trata de definir históricamente esa agencia totalizadora de la que hablaba Mészáros, y desde la información empírica disponibles nos demuestra como ciertos sectores que en la época de Marx tenían otras dinámicas, a través de procesos de subsunción del trabajo, hoy han constituido un proletariado de servicios que produce o participa en la producción del plusvalor, a través de procesos de valorización globales, donde la esfera de la producción y circulación están cada vez más imbricadas. Así, Antunes, define a un nuevo sujeto como “la-clase-que-vive-del-trabajo”, la cual “incluye a todos aquellos que viven de su fuerza de trabajo, teniendo como núcleo central los trabajadores productivos. No se restringe, por lo tanto, al trabajo manual directo, sino que incorpora la totalidad del trabajo social, la totalidad del trabajo colectivo asalariado” (2013).

Sin embargo, el progresismo nos hablaba del fin del trabajo a través de autores como Jeremy Rifkin (1996), André Gorz (1982) o el mismísimo Jürgen Habermas (1997). Todos desde una perspectiva eurocéntrica que cuestionaba la centralidad del trabajo en la sociedad actual, así como la lucha de clases y la teoría del valor en Marx. Estás teorías son desmontadas por Antunes (2013), pero son las que han influenciado a parte importante del progresismo de las últimas décadas y han generado en la práctica una distancia con la clase trabajadora, cuando no una total ruptura entre los intereses del nuevo proletariado y el de las castas políticas social-liberales, independiente de que puedan mantener relaciones con la burocracia sindical.

Si bien durante la últimas décadas pudimos ver una caída del trabajo productivo clásico en los países centrales, esto no significó el mismo fenómeno en todos los países periféricos, donde la tendencia en muchos de ellos fue su aumento. No obstante, si existe una tendencia en números globales al aumento del trabajo de servicios, el cual – como ya lo señalamos – por medio de un proceso de subsunción formal, real, e incluso digital, se ha proletarizado (nuevo proletariado de servicios); fenómeno que también aplica al trabajo de muchos profesionales. Esto ha significado nuevas formas de producción de valor, directo e indirectos, material e inmaterial, así como una imbricación cada vez mayor entre producción y circulación, siendo esta última fundamental para rentabilizar el capital.

FRAGMENTACIÓN V/S TOTALIDAD

Por otro lado, esta ese elemento que hace única a la ciencia marxista por sobre las ciencias sociales particulares y su tendencia de las últimas décadas a sobre especializarse. Nos referimos a lo que entendemos en el marxismo y la dialéctica como “totalidad concreta”, donde posteriormente al proceso de abstracción, los momentos en el análisis se relacionan, y entonces observamos sus contradicciones. Es decir, para el marxismo no podemos comprender la esencia de los fenómenos si no relacionamos sus distintos momentos.

No obstante, la división de las ciencias sociales en distintas disciplinas, y posteriormente la sobre especialización de estás, ha ocultado las contradicciones presentes en la sociedad. Esto último sirvió aún más para construir un discurso apologético de la fragmentación, y el cuestionamiento a la idea de totalidad, acusando de autoritaria y meta relato por su capacidad abarcadora para la comprensión de los fenómenos sociales. Así el culto a lo específico, la particularidad y la espontaneidad en la acción, creó un pensamiento fragmentario que hasta el día de hoy desarma a la izquierda a la hora de construir una estrategia política que sobrepase su campo de acción particular, y muchas veces puede incluso llegar a enfrentar a distintos sectores movilizados por sus reivindicaciones (Por ejemplo: Trabajadores y ecologistas).

La convulsión social que se registró a finales de la década pasada, obligó a parte de las ciencias sociales a buscar perspectivas más abarcadoras, las cuales superaran en parte la fragmentación. Obviamente no podía ser Marx y su idea de totalidad concreta, que comparte con Hegel, las que guiarán esas reflexiones, ya que las ciencias sociales han invertido durante más de un siglo sus esfuerzos para intentar refutar su pensamiento revolucionario. Por esta razón, se intentan apoyar en la “teoría de la complejidad” de Edgar Morin (1990), quien comparte con Marx una perspectiva que reacciona a la fragmentación del conocimiento, no obstante, Marx busca herramientas para transformar la realidad, mientras Moris sólo busca comprenderla, lo cual tiene efectos importantes a la hora de utilizar algunos de los dos métodos.

La naturaleza del todo para Marx es determinada y jerarquizada en el análisis, tiene un núcleo estructurante por descubrir, ya que no todos los fenómenos tienen el mismo peso. Para Moris el sistema es abierto, no tienen un motor principal y la organización es policéntrica y el azar juega un papel constitutivo. Esto hace que la idea de totalidad en Marx permita determinar y jerarquizar las distintas contradicción en relación con su capacidad estructurante. Para el caso de Moris, eso es imposible porque su fin último no se trata de transformar la realidad, porque para él las tensiones son insuperables.

Sin embargo, en la última década no ha dejado de prevalecer una perspectiva fragmentaria, que utilizando o no a Moris6, sólo entiende la unidad en la medida que es capaz de unir y sumar reivindicaciones, las cuales sólo tienen una relación prácticamente accidental o interseccional7; es decir, lo que podríamos simplificar vulgarmente como una “lista de supermercado”, la cual agrega automáticamente las demandas de cada grupo que se incorpora a la pseudo unidad como una suma de elementos. Los intentos de comprender esta totalidad en forma jerarquizada, donde la categoría de clase es transversal a las otras, pero no por eso las tiene que invalidar, es menospreciado desde el progresismo como anacrónico. Desde nuestro punto de vista, en la práctica eso ha colaborado en alejar a las clases populares de las izquierdas, porque no se ha priorizado en ellas, ya que no son considerados sujetos de cambio, sino “ignorantes” a los que se le puede “rotear” por su conservadurismo8, y que a lo sumo hoy podrían ser otros individuos más dentro de las “multitudes”.

El PROGRESISMO

Todo esto nos permite comprender que las concepciones derrotistas del progresismo para el caso chileno, el cual renuncia al socialismo como horizonte emancipador9, y abraza las perspectivas liberales, así como en el resto de América Latina, donde tal vez las renuncias son menos drásticas, pero también se abraza una teoría social que elevó un culto a la fragmentación, y hoy cosecha sus derrotas sin haber llegado a gestionar de verdad un modelo hegemónico. Esto nos permite tomar y aplicar en forma relativa la tesis de Ruy Mauro Marini que señala:

“… el reformismo, por el hecho mismo de sacudir hasta sus cimientos la sociedad burguesa sin atreverse a destruirla, acaba por constituirse en la antesala de la contrarrevolución” (Marini, 1976).

¿Por qué en forma relativa? Porque a diferencia de entonces, hablamos del progresismo, un movimiento político más heterogéneo, y que utiliza herramientas teóricas distintas a las del viejo reformismo; sin embargo, en lo cultural incomoda a la clase dominante más conservadora y esta siente amenazada su hegemonía. Para el caso chileno, Gabriel Boric gobernó para las clases dirigentes en todo lo fundamental, aceptó su agenda política con los temas claves y no impulsó ninguna agenda reformista importante. Aun así, para ellos era un enemigo que debían destruir y reaccionaron abrazando a las posiciones más radicales de la derecha, llevándolas a la conquista del ejecutivo en el aparato estatal.

El actual neofascismo que llega al gobierno en Chile, no es el clásico que conocimos de la Alemania nazi o la Italia del siglo XX, porque ocurre en un contexto de un Estado-nación dependiente, en los cuales las contradicciones están mucho más agudizadas y las clases subalternas racializadas. Podemos señalar que existe un colonialismo interno, que es el concepto que utilizaron algunos autores como Pablo González Casanova (2006), y que describe cómo una clase dominante (étnico, racial o regional), ejerce control, explotación y desposesión sobre clases y grupos subalternos dentro de un mismo Estado, similar a una relación metrópoli-colonia.

El neofascismo latinoamericano no se afirma en una procedencia étnico-racial autóctona de los propios territorios, sino en su ascendencia generalmente europea. Esto también provoca que su forma de concebir las cuestiones económicas, siempre son en subordinación a los países centrales, dentro del capitalismo mundializado. Objetivamente existe una crisis capitalista, la cual se agudiza con las luchas inter imperialistas que producen conflictos comerciales y bélicos, lo cual desarrolla una percepción de crisis en la hegemonía misma de las clases dominantes. Estas, para mantener su riqueza y tasas de ganancias en este contexto, necesitan aumentar la super explotación de la fuerza de trabajo, pero sienten la tarea más difícil si existen un mínimo de derechos laborales que ya están normalizados por la población. Esto es lo que genera la emergencia del fascismo, entre otras cosas.

En conclusión, lo que queremos señalar es que lo que ha entrado en crisis es la teoría política y social sobre la que se afirmaba el progresismo, la cual no dio al ancho ni para interpretar la realidad, ni menos realizar transformaciones importantes. No obstante, su fracaso además de golpear a toda la izquierda abrió las alamedas – no para que pasara el hombre y la mujer libres – sino para que el neofascismo llegué nuevamente al poder político pero, como siempre en su inicio, legitimado frente a las masas.

No queremos decir con esto de que las izquierdas socialistas estamos en mejores condiciones, pues aún no hemos encontrado el camino para superar la derrota que sufrimos a partir de la última década del siglo XX, sin embargo, esta derrota no fue en las ideas, o en la capacidad de gestionar Estados, sino principalmente militar. Es decir, las izquierdas socialistas sí fueron capaces de lograr revoluciones, transformar estructuras políticas, lograr una gestión social de la economía, sacar de la pobreza y el analfabetismo a millones de personas; es decir, construir sociedades más justas. No obstante, su derrota fue para algunos casos cultural, pero principalmente militar.

Para el caso de la URSS, y las experiencias de Europa del Este, la derrota tuvo cierto aspecto cultural significativo, porque una vez que creó un nuevo Estado, este no fue capaz de sostener un relato que fortaleciera su hegemonía, derivó en el autoritarismo y la baja participación de la clase trabajadora en el proceso. Sin embargo, lo indiscutible es que las clases dominantes tuvieron que apostar al exterminio físico de millones de militantes en todo el mundo para poder sofocar su rebeldía e ideas emancipatorias.

Para el caso del progresismo, su fracaso es por mucho menos, ya que en algunos casos si logra avanzar en forma importante en la distribución de la riqueza, a través de aumentos salariales, algunas nacionalizaciones parciales, y la ampliación de derechos individuales, entre otras cosas; no obstante, no logra quebrar las viejas estructuras de poder de clase, así como tampoco la dictadura de los mercados. Frente a la debilidad de las organizaciones de las clases populares, no rompe las amarras que permitan que estás se fortalezcan para una actitud más deliberativa, y mantiene intactos los factores estructurales de la dependencia latinoamericana. Para el caso chileno, el problema es mayor, ya que decide responder buscando resolver cuestiones sociales a través de las mismas políticas neoliberales de los últimos más de 50 años, es decir, políticas que fortalezcan la iniciativa privada.

REFERENCIAS

Antunes, Ricardo (2013). LOS SENTIDOS DEL TRABAJO. ENSAYO SOBRE LA AFIRMACIÓN Y LA NEGACIÓN DEL TRABAJO. Herramienta ediciones. Buenos Aires, Argentina.
Gorz, André (1982). ADIOS AL PROLETARIADO. MÁS ALLÁ DEL SOCIALISMO. El Viejo Topo. Barcelona, España.
González Casanova, Pablo (2006). SOCIOLOGÍA DE LA EXPLOTACIÓN. Clacso Libros. Buenos Aires, Argentina.
Gramsci, Antonio (2023). CUADERNOS DE LA CÁRCEL. CUADERNOS 1-5 (1925-1932). Akal. Madrid, España.
Habermas, Jürgen (1997). TEORÍA DE LA ACCIÓN COMUNICATIVA. COMPLEMENTOS Y ESTUDIOS PREVIOS. Ediciones Catedra. Madrid, España.
Mészáros, István (2010). MÁS ALLÁ DEL CAPITAL. HACIA UNA TEORÍA DE LA TRANSICIÓN. Vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia. Presidencia de la Asamblea Legislativa Plurinacional. La Paz, Bolivia.
Morin, Edgar (1990). INTRODUCCIÓN AL PENSAMIENTO COMPLEJO. Gedisa Editorial. Barcelona, España.
Marini, Ruy Mauro (1976). EL REFORMISMO Y LA CONTRARREVOLUCIÓN. ESTUDIOS SOBRE CHILE. Serie Popular Era. México.
Negri, Antonio & Hardt, Michael (2006). IMPERIO. Ediciones Paidós, Buenos Aires.
Kohan, Néstor (2013). NUESTRO MARX. La Oveja Roja, Madrid.
Rifkin, Jeremy (1996). EL FIN DEL TRABAJO. NUEVAS TECNOLOGÍAS CONTRA PUESTOS DE TRABAJO. EL NACIMIENTO DE UNA NUEVA ERA. Ediciones Paidós, Ciudad de México.
Žižek, Slavoj (2011). PRIMERO COMO TRAGEDIA, DESPUÉS COMO FARSA. Ediciones AKAL. Madrid, España.

  1. Antropólogo, miembro de la Comisión Política de Tejer-ConstruIR ↩︎
  2. Muchas veces sucede que los propios movimientos y/o sus miembros se reconocen a sí mismos como parte o herederos de una tradición política, lo cual no es considerado por los “analistas”. ↩︎
  3. Para el caso de los capitalismos centrales, estos tienen un importante rasgo proteccionista en los económico, pero para el caso de la periferia es más bien ultraliberal. Esto porque en la economías dependientes subsiste históricamente un colonialismo interno, y una identificación de las clases dirigentes con los países de su ascendencia. ↩︎
  4. Es decir, su política no estuvo orientada a fortalecer derechos colectivos y universales, sino más bien al gasto social focalizado y el fortalecimiento de la iniciativa privada. ↩︎
  5. Para el caso de las movilizaciones secundarias de la década del 2000 y universitarias de 2011, no existió una conducción de parte del progresismo que después llegó al gobierno, no obstante, la incapacidad – y fragmentación – de los otros sectores de las izquierdas de visualizarse en el resto de la sociedad, permite que ellos capitalicen las movilizaciones sin la necesidad de haber conducido estás. Es justamente el hecho de que existe un paréntesis en la tradicional correlación de fuerzas en la CONFECH, lo que permite escalar la demanda de Educación gratuita y llevar la movilización a límites insospechados. ↩︎
  6. Como señalábamos antes, para Moris todos los fenómenos tienen el mismo peso. ↩︎
  7. La categoría interseccional no nos parece la más apropiada para referirnos a la dialéctica entre la totalidad y lo particular, ya que no excluye ver todo como una suma. ↩︎
  8. Esto se ha vuelto común desde los partidarios y votantes del progresismo, siempre más vinculados a las capa medias, quienes actúan como barras de football, al igual que el caso de las derechas. ↩︎
  9. Hay que considerar que aún hay fuerzas progresistas que en sus principios se definen como socialistas, pero que en la práctica no están dispuestas a llevar un proyecto de ese tipo adelante, y que al mismo tiempo condenan a Cuba Y Venezuela. ↩︎

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