Ruralizar la ciudad: alternativas al desarrollo capitalista en contexto de expoliación urbana

Nicolás Pablo Quiroz Sandivari 1

La noción de “ruralizar la ciudad” ha comenzado a emerger en algunas reflexiones teóricas y en ciertas experiencias de movimientos sociales en Latinoamérica, aunque su origen preciso aún resulta difuso y escasamente documentado en la literatura científica. Esta idea se inscribe en un contexto de expoliación urbana, que se expresa en la fragmentación entre sujeto y objeto, rasgo distintivo de la modernidad capitalista.

Estás dinámicas de fragmentación se traducen en la mercantilización del espacio urbano, creando ambientes homogeneizados que favorecen la exclusión y la desigualdad. En respuesta a esta tendencia, emergen alternativas que integran prácticas comunitarias y enfoques ecológicos, cuestionando la hegemonía capitalista y promoviendo economías basadas en el «valor de uso» y la cooperación, la cual genera una diferenciación frente a las lógicas del capital, haciendo emerger lo alterno desde los movimientos sociales. La “ruralización de la ciudad” busca restablecer la autonomía alimentaria y las relaciones sociales tradicionales en el contexto urbano, replicando valores de uso y dinámicas de proximidad propias de lo rural en las ciudades. Movimientos sociales en ciudades como Ciudad de México, Santiago de Chile y São Paulo han establecido espacios autogestivos y proyectos de economía solidaria que se distancian de las dinámicas de acumulación del capital, proponiendo nuevas formas de producción y reproducción de la vida que se oponen a los modelos hegemónicos.

Expoliación Urbana y mercantilización de la ciudad.

El proceso de expoliación urbana se vincula con un proceso de separación entre sujeto y objeto, es decir, una fragmentación entre sociedad y naturaleza típica de la modernidad capitalista. Kowarick (1979) vincula el concepto de expoliación con:

“la destrucción de medios de vida autónomos, básicamente, en la expropiación de tierras e instrumentos productivos. Comienza a producir lo que antes hacían los trabajadores independientes para asegurar su propia subsistencia, creando bienes que se consumen a través del salario ganado mediante la venta de su fuerza de trabajo” (Kowarick, 1979, p. 55).

La expoliación urbana es un proceso que impide que las y los habitantes de un espacio urbano puedan acceder a derechos fundamentales vinculados con la producción y reproducción de la vida (Kowarick, 1979), principalmente con derechos relacionados con el trabajo, la vivienda, la soberanía alimentaria, la salud, la educación, entre otras. Por lo tanto, existe una fragmentación espacial urbana que implica despojarse de formas tradicionales de valores de uso para adoptar procesos de mercantilización del espacio urbano. Es decir, la mercantilización de la economía resulta de la producción realizada mediante la extracción de plusvalía y que fundamenta el proceso de valor de cambio, donde la mercancía asume su plena dimensión (Kowarick, 1979).

Estos procesos de mercantilización y acumulación son posibles por la fragmentación del espacio, creando representaciones espaciales basadas en la cosificación de la naturaleza y de la sociedad. Esta fragmentación espacial es colonizada por formas parceladas que permiten medir, cuantificar y vender, generando una homogeneización del espacio urbano capitalista (Lefebvre, 2013). Los espacios urbanos fragmentados se ven reflejados en ciudades desconectadas interiormente, fomentando rupturas, discontinuidades y exclusiones (Cacsire Grimaldos & Trachana, 2020). Es decir, nos encontramos ante una vida urbana que según Lefebvre (1969) aún no comienza, una ciudad que se presenta en crisis al igual que la crisis mundial agraria, lo que hace imperante la creación de una ciudad nueva y la vida nueva en la ciudad (Lefebvre, 1969).

Por otra parte, se manifiesta un urbanismo social que se vincula con lineamientos del urbanismo neoliberal. Por ejemplo, la tendencia de inversiones de desarrollo inmobiliarios y regularización de los servicios públicos deja los derechos sociales bajo la administración de la institucionalidad pública o privada (Cravino, 2023) dejando nulos espacios para la autonomía y la autogestión.

Una mujer con su hijo recorren el huerto comunitario ubicado en las Torres de Tajamar en la comuna de Providencia, Santiago (Chile).
Valores de uso y alternativas al desarrollo en contexto urbano.

Según Bolívar Echeverría (1998), en la obra de Marx existe un concepto que ha sido poco atendido: el de la forma natural de la vida o el valor de uso del mundo vital. Esto plantea la necesidad de reflexionar y abrir nuevos espacios para pensar las concreciones de la vida, incorporando al debate las dimensiones del valor de uso y de la forma natural en los procesos de reproducción social (Echeverría, 1998).

Esto significa que, más allá de los aspectos económicos y técnicos que Marx analizó con detalle, resulta crucial volver la mirada hacia las formas concretas en que las personas reproducen su vida cotidiana en relación con la naturaleza y con los bienes que producen. La forma natural y el valor de uso remiten al modo en que los objetos, los espacios y los recursos satisfacen necesidades reales y contribuyen a la vida digna, antes de ser transformados en mercancías bajo la lógica del capital. Por ello, abrir estos espacios de reflexión implica cuestionar el predominio del valor de cambio del capital y proponer alternativas que rescaten los vínculos entre sociedad y naturaleza, así como nuevas formas de habitar y organizar la reproducción social urbana.

Actualmente, las propuestas de valores de uso por parte de sectores organizados de la sociedad cuestionan la hegemonía capitalista cambiando los paradigmas de crecimiento y planteando alternativas al sistema económico dominante (Acosta & Brand, 2018), promoviendo procesos de cambio social que se han manifestado en prácticas territoriales bajo discursos y narrativas basadas en la autogestión, apoyo mutuo, cooperativismo, solidaridad, entre otras.

En este sentido, las alternativas urbanas se han vinculado a la «comunalización», basadas en la relación entre un grupo social y los bienes comunes (tierra, agua, semillas, naturaleza, entre otros), que quedan fuera del intercambio y las valoraciones de mercado a gran escala, generando alternativas reales a las formas de producción y comercialización del capitalismo global (Harvey, 2013). Por lo tanto, la conformación de “lo común” no solo se relaciona con los bienes tangibles, sino también con las relaciones sociales en el territorio, formando parte de un desarrollo local. Este enfoque considera la proximidad como práctica que supera las dificultades propias de la urbanidad contemporánea, promoviendo la cooperación y la solidaridad para producir valores de uso que se diferencian de las lógicas del capital.

Ruralizar la ciudad desde las alternativas.

Díaz (2008) afirma que una de las fragmentaciones que ha evidenciado el espacio urbano moderno ha sido la separación entre ciudad y el sistema de producción de alimentos, y por lo tanto, “ruralizar la ciudad” se comprende desde una visión productivista, buscando la optimización del uso del suelo urbano para la producción de recursos, con el objetivo de integrarlos como un componente funcional (Díaz, 2008). Sin embargo, cuando se hace referencia a “ruralizar la ciudad”, no se trata de una dimensión productiva-funcional como lo plantea Díaz (2008). Por el contrario, se busca generar procesos de autonomía alimentaria y rescatar formas de relaciones sociales basadas en “lo común”, características históricas de los espacios rurales, a través de prácticas campesinas, indígenas, afrodescendientes, entre otras. Estas prácticas rescatan valores de uso vinculados a la cooperación, donde la comunidad está estrechamente ligada a la amistad, el parentesco, las relaciones de reciprocidad y la conexión con la tierra y los bienes comunes. En resumen, se entenderá por «ruralizar la ciudad» como los esfuerzos de organizaciones y movimientos sociales que han tomado espacios y han redefinido las relaciones de producción y reproducción de la vida en contexto urbano.

En este sentido, Fernández (2016) explica dicha dimensión desde el movimiento social, señalando que la “ruralización” se “convierte en un gesto político, para la recuperación de nuestras soberanías (alimentaria, corporal, habitacional, entre otras). Es una vía para entretejer redes y relaciones, para revitalizar lo comunitario, y también para descolonizar y despatriarcalizarnos” (Fernández, 2016). Por otra parte, visiones vinculadas a la planificación urbana han planteado que las ciudades se “ruralicen”; es decir, “que adquieran de los pueblos todas aquellas características que los hacen más saludables y habitables” (Martín, 2022).

En contexto neoliberal, emergen prácticas y discursos al interior de los movimientos sociales, donde la producción y el consumo de alimentos adquieren una importancia en torno a la reproducción de la vida y a otras lógicas de intercambio entre la productora o productor con el consumidor o consumidora. Es así como las prácticas agroecológicas y de los buenos vivires permean las dinámicas urbanas, aparecen “formas de trabajo y relación que desbordan los marcos capitalistas aún dominantes, valorizando lo común, lo comunitario y el cuidado, afirmación y reproducción de la vida humana y no humana”(Collin et al., 2025, p. 3).

Bajo esta premisa, aparecen las dimensiones de los mercados de proximidad (Collin et al., 2025), que tienen que ver directamente con aspectos de afecto, solidaridad y apoyo mutuo. Es decir, la ciudad aparece como un derecho, donde existe simultaneidad y encuentros, donde aparece el derecho a la ciudad no como una perspectiva del derecho al cemento o a la infraestructura, sino que el derecho a la actividad creadora y la comunalidad (Lefebvre, 1969).

Las dimensiones sociales y culturales de proximidad añaden una capa adicional de complejidad al entender cómo las comunidades y los individuos se relacionan y se integran en sus espacios cercanos. La influencia de factores culturales en la proximidad contribuye a la formación de identidades locales, tradiciones arraigadas y conexiones más profundas entre las personas y sus entornos inmediatos.

La economía de la proximidad postula que el territorio lejos de ser un espacio neutro, constituye un marco a escala humana, donde se elaboran convenciones sin las cuales el mundo sería invivible, por lo demasiado grande y demasiado incomprensible (Pecqueur, 1998, p. 142).

La proximidad, al facilitar la interacción y el entendimiento mutuo, actúa como un catalizador para la acción colectiva que busca contrarrestar desigualdades y promover alternativas al desarrollo capitalista en contextos urbanos. Esta proximidad pueden llevar a proyectos que aborden el desarrollo desigual (Smith, 2020) presente en contextos de extractivismo y acumulación por desposesión2

Una mujer mira un cartel explicativo de una «cocina comunitaria» (equivalente a olla común o comedor comunitario en Chile) en la Ciudad de México (Comunicación OPFVII <en línea>).
Experiencias de alternativas al desarrollo capitalista de carácter urbano.

La propuesta de los movimientos sociales que buscan alternativas a la acumulación capitalista se vincula con procesos de autonomía y el desarrollo de lógicas comunitarias en grandes ciudades. Muchos de estos movimientos urbanos de resistencia están relacionados con iniciativas de pobladores y pobladoras en la lucha por la vivienda, así como con movimientos socioambientales y feministas, que han dado un sustento político al habitar la ciudad.

Por ejemplo, en Ciudad de México y según González & Zibechi (2020) existen más de 380 espacios político- culturales y educativos relacionados con proyectos de economía solidaria, autogestión, apoyo mutuo, medicina tradicional, feminismo, huertos urbanos, comedores populares, entre otros (González & Zibechi, 2020). En este sentido, las y los participantes de estos movimientos se van definiendo como comunitarios, okupados, independientes, autogestivos o autónomos (COIAA). Es así como se va armando una red de producción y reproducción de la vida que se diferencia de los circuitos del capital y de sus dinámicas de mercantilización de la ciudad.

Este entramado de espacios y experiencias da cuenta de lo que Lefebvre (1969) identifica como procesos de producción social de lo urbano que emergen desde los sectores populares con proyecto propio, en contraposición a las dinámicas de acumulación capitalista y a la lógica de mercantilización que domina el espacio de la ciudad. De este modo, se construye un territorio de resistencias y propuestas que se expresa en prácticas concretas de reproducción de la vida, donde el valor de uso, la autogestión y la apropiación común del espacio confrontan el predominio del valor de cambio.

Por otra parte, en Santiago de Chile, en las últimas décadas han emergido una variedad de movimientos sociales urbanos relacionados con temáticas socioambientales y feministas. El 2019 se crea una cooperativa de abastecimiento denominada “La Minga” la cual tiene como objetivo:

“empezar a dar una disputa al neoliberalismo en el campo práctico y atacar al sentido común, por eso la cooperativa buscó trabajar en el cotidiano. Y qué más cotidiano que la comida y los artículos de aseo que usamos en nuestras casas todos los días. A partir de eso, nos fijamos tres principios para trabajar: la soberanía alimentaria, el comercio justo y la alimentación saludable” (Fossa, 2020).

Las experiencias que emergen en contextos urbanos marcan una respuesta concreta frente a la crisis de reproducción de la vida bajo el neoliberalismo. Estas prácticas no se limitan a la denuncia o a la resistencia simbólica, sino que buscan intervenir en los aspectos más básicos de la cotidianidad, allí donde el capital ha colonizado las relaciones sociales más elementales. Al enfocarse en lo alimentario, el abastecimiento y el acceso a bienes esenciales, estas iniciativas ponen en cuestión los circuitos tradicionales del mercado y plantean formas alternativas de organización social que disputan el sentido común impuesto por el modelo dominante.

Desde esta perspectiva, lo que se configura es una práctica que recupera el valor de uso de los bienes y de los procesos de intercambio, generando espacios para el ejercicio de la autogestión y el fortalecimiento de lo común. Este tipo de propuestas se inscribe en un horizonte más amplio de búsqueda de autonomía y reapropiación de las condiciones materiales de existencia, desafiando las formas de dependencia que impone el capital en la vida urbana y cotidiana.

Por último, en Brasil, los movimientos urbanos han luchado contra la alienación de la ciudad, creando proyectos de desarrollo comunitario y generando procesos de subsistencia y abastecimiento. En São Paulo, el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) estableció en 2008 la comuna «Dom Hélder Câmara», una organización productiva y de economía solidaria en contexto urbano, la cual ha desarrollado nuevos modos de producción y redistribución solidaria de la renta en un contexto neoliberal (Zapata, 2022).

Las iniciativas que surgen en estos contextos urbanos bajo estas formas colectivas, expresan un desplazamiento de las luchas sociales hacia el terreno de la producción material y la organización de la vida económica en la ciudad. Este tipo de experiencias cuestiona las fronteras rígidas entre lo rural y lo urbano, al trasladar al espacio citadino prácticas comunitarias que tradicionalmente se asociaban al campo, como la producción colectiva y el reparto solidario de bienes y recursos. En este sentido, estas propuestas no solo buscan satisfacer necesidades inmediatas de subsistencia, sino que también abren caminos hacia nuevas formas de estructuración económica y social en el ámbito urbano, en tensión con el individualismo y la competencia promovidos por el neoliberalismo.

Además, al articular procesos productivos y de redistribución solidaria, estos proyectos desafían la lógica hegemónica de la ciudad como espacio de consumo y acumulación, posicionándola como un territorio posible para la construcción de economías alternativas, basadas en el trabajo colectivo y la cooperación. Así, lo comunitario deja de ser un mero recurso simbólico y se convierte en una práctica material que transforma las condiciones de vida en el entorno urbano.

El Movimiento de los Trabajadores Sin Tierra (MST) de Brasil es un ejemplo de la vanguardia popular organizada. Con más de 1 millón de militantes, no limita sus demandas a la historica reivindicación de la Reforma Agraria. Por el contrario, en áreas rurales y urbanas levanta iniciativas que responden a la necesidad de construir soberanía alimentaria autogestiva. El 17Abril de 2020 -en plena pandemia del COVID19– y en el marco de la Jornada Nacional de Luchas, distribuye 500 toneladas de alimentos saludables en todo Brasil. Cooperativas de la reforma agraria donan leche producida en los asentamientos bajo métodos agro-ecologicos, mientras que manos solidarias (frente urbano del MST) produce miles de mascarillas.
Conclusiones.

La expoliación urbana, impulsada por la mercantilización y fragmentación del espacio, representa una manifestación de la modernidad capitalista en la sociedad urbana. Este proceso no sólo despoja a los habitantes urbanos de derechos esenciales, sino que también fomenta desigualdades. En contraposición, la definición de «ruralizar la ciudad» puede ser usada como una propuesta para fortalecer alternativas al desarrollo capitalista que sean viables social y políticamente, integrando valores de uso y principios de proximidad propios del entorno rural en el contexto urbano.

Al restablecer prácticas comunitarias y enfoques ecológicos, se promueve una economía basada en la cooperación y la autonomía alimentaria. Movimientos sociales en diversas ciudades han demostrado que es posible establecer espacios autogestionados y proyectos de economía solidaria que replantean las dinámicas de acumulación.

Estas experiencias evidencian que la integración de valores rurales en el entorno urbano puede ofrecer soluciones efectivas frente a las desigualdades y la mercantilización del espacio, generando nuevas formas de producción y reproducción de la vida que resisten y transforman las estructuras hegemónicas. “Ruralizar la ciudad” implica promover una nueva sociedad urbana, sustentada en valores y prácticas que nacen de la crítica a la vida cotidiana urbana impuesta por la ciudad neoliberal actual.

Referencias.

Acosta, A., & Brand, U. (2018). Salidas del laberinto capitalista: Decrecimiento y postextractivismo. Rosa Luxemburg.

Cacsire Grimaldos, R. A., & Trachana, A. (2020). El urbanita tecno-nómada y la Ciudad excluyente. I2 Innovación e Investigación En Arquitectura y Territorio, 8(2), 5. https://doi.org/10.14198/i2.2020.2.02

Collin, L., De Oliveira, G., Montoya, D., Aguilar, E., & Juárez, N. (2025). Redes Alimentarias Alternativas y Economía Solidaria en México. Redes Alimentarias Alternativas y Economía Solidaria, La Jornada del Campo (213).

Cravino, M. C. (2023). Paradigmas de intervención estatal en asentamientos populares en América Latina (1970-2020). Cuaderno Urbano, 34(34). https://doi.org/10.30972/crn.34346560

Díaz, G. A. (2008). Ruralizar la ciudad. Metodología de introducción de la agricultura como vector de sostenibilidad en la planificación urbana. Tesis Doctoral. Universitat Politècnica de Catalunya (UPC).

Echeverría, B. (1998). Valor de uso y utopía (1st ed.). Siglo Veintiuno.

Fernández, F. (2016). A ruralizar la ciudad: Resistencia y comunalidad en la urbe. https://www.biodiversidadla.org/Documentos/A_ruralizar_la_ciudad_resistencia_y_comunalidad_en_la_urbe

Fossa, L. (2020). La Minga: La cooperativa de abastecimiento de Santiago que crece tras el estallido social. https://interferencia.cl/articulos/la-minga-la-cooperativa-de-abastecimiento-de-santiago-que-crece-tras-el-estallido-social

González, J. F., & Zibechi, R. (2020). Barrios en movimiento, los espacios autónomos en la Ciudad de México. https://desinformemonos.org/barrios-en-movimiento-los-espacios-autonomos-en-la-ciudad-de-mexico/

Harvey, D. (2005). El “nuevo” imperialismo: Acumulación por desposesión. CLACSO. http://biblioteca.clacso.org.ar/clacso/se/20130702120830/harvey.pdf

Harvey, D. (2013). Ciudades Rebeldes: Del derecho de la ciudad a la revolución urbana. Akal.

Kowarick, L. (1979). A espoliação urbana (1st ed.). Coleção Estudos Brasileiros.

Lefebvre, H. (1969). El Derecho a la Ciudad (1st ed.). Ediciones Península.

Lefebvre, H. (2013). La producción del espacio (Primera Edición). Capitán Swing.

Martín, D. (2022). Ruralizar las ciudades. https://ethic.es/2022/10/ruralizar-las-ciudades/

Pecqueur, B. (1998). La Economía de la Proximidad. Ecuador Debate.

Smith, N. (2020). Desarrollo desigual. Naturaleza, capital y la producción del espacio. (Primera). Traficantes de sueños.

Zapata, R. de la R. (2022). Organización productiva y economía solidaria: La comuna urbana Dom Hélder Câmara, una propuesta autogestiva urbana para vivir bien en la ciudad de São Paulo, Brasil. Revista Latinoamericana de Antropología Del Trabajo, 6, 1–20.


  1. Maestría © en Geografía Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM. Licenciado en Historia y Ciencias Sociales de la Universidad de Artes y Ciencias Sociales ARCIS, Chile. Integrante del Movimiento por el Agua y los Territorios MAT y Fundación Chile Sin Ecocidio. Email: nicoquirozsan@gmail.com, nicolasquirozs@comunidad.unam.mx ↩︎
  2. Harvey (2005) sostiene que el capitalismo global, al no lograr sostener su acumulación mediante la reproducción ampliada de forma sustentable, ha recurrido cada vez más a mecanismos de desposesión como estrategia para mantener su expansión (Harvey, 2005). ↩︎

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