
Álvaro Lártiga
Dirigente Sindical – Militante Tejer-Construir
El pasado 25 y 26 de agosto, se realizó en Antofagasta el Primer Plenario Laboral, organizado por la Confederación de Sindicatos Bancarios y del Sistema Financiero y la Federación de Sindicatos de BHP Chile. En dicha instancia, Álvaro Lártiga, secretario del sindicato Paicabí, realizó una intervención en la que entregó un diagnóstico de la actual situación del movimiento sindical y dejó planteadas algunas preguntas que las y los propios trabajadores organizados deben responder para hacer frente a la ofensiva patronal y de ultraderecha y superar la dispersión del campo popular. La presentación original sirvió de base para el artículo que se presenta a continuación.
Contexto y marco institucional: El Plan Laboral como derrota histórica
El análisis de los pilares fundamentales de la libertad sindical —la organización, la negociación colectiva y el derecho a huelga— exige un diagnóstico tanto colectivo como profundo sobre su eficacia actual. La estructura jurídica y laboral en Chile, sintetizada en el Plan Laboral, no representa un hecho aislado, sino la manifestación institucional de una derrota política y social de la clase trabajadora. Este marco, consolidado como un reflejo de la contrarrevolución de la dictadura militar y posteriormente preservado en sus términos estructurales por el pacto de la Concertación, opera como un auténtico blindaje institucional en favor de los sectores patronales.
Frente a este escenario, la labor sindical se enfrenta de manera cotidiana a severas cortapisas normativas. Aunque en el imaginario colectivo se aspira a modelos de negociación ramal o por rama de actividad —como los observados en Argentina o Uruguay—, la realidad objetiva muestra un movimiento sindical chileno altamente debilitado, con una capacidad de incidencia pública sensiblemente reducida y con serias dificultades para posicionarse como un actor determinante dentro del movimiento social.
Trayectoria del ciclo de movilización (2007-2022) y el proceso constituyente

El desarrollo del sindicalismo en las últimas décadas permite identificar un ciclo de alza en la movilización social y laboral que tuvo hitos emblemáticos. Este período se inició hacia el año 2007 con la huelga de los trabajadores subcontratados de El Teniente, continuó con las luchas del sector forestal —marcadas por el asesinato del trabajador Rodrigo Cisterna—, se extendió hacia las huelgas del sector agrícola y encontró un punto de inflexión con el surgimiento de la Unión Portuaria de Chile.
El sector portuario se consolidó como uno de los pocos actores con capacidad estratégica para alterar y forzar modificaciones en la legislación laboral. No obstante, la posterior fragmentación del gremio portuario —evidenciada en la existencia de dos organizaciones distintas— es reflejo del propio reflujo del movimiento. Este ciclo de ascenso, que se extendió hasta el estallido social y derivó en el proceso constituyente, concluyó tras el plebiscito de septiembre de 2022.
Durante la discusión constitucional se vislumbró la posibilidad de transformar las correlaciones de fuerza entre el capital y el trabajo, abogando por el reconocimiento pleno de la libertad sindical y el derecho a huelga. Sin embargo, el resultado electoral negativo marcó el inicio de un período de estancamiento, caracterizado por la pérdida de expectativas y por la desconexión entre la agenda legislativa promovida en el ámbito parlamentario (como la Ley Karin o la Ley de Conciliación de la Vida Personal y Familiar y Laboral, ley de las 40 horas ) y un movimiento sindical carente de la musculatura social necesaria para articular e impulsar activamente dichas reformas.
Diagnóstico de la fragmentación y límites del marco actual

Uno de los principales indicadores de la debilidad del sindicalismo chileno radica en su extrema atomización. Paradójicamente, Chile registra una de las tasas de número de sindicatos más altas de América Latina; sin embargo, esto no representa una fortaleza, sino una manifestación explícita de la diáspora, la fragmentación y la división de la clase trabajadora.
En la práctica, los procesos de negociación colectiva quedan restringidos al ámbito de la empresa, transformándose frecuentemente en meros trámites procedimentales donde las organizaciones apenas logran sostener instrumentos colectivos mínimos. Asimismo, el ejercicio de la huelga se ve fuertemente desincentivado por el contexto de incertidumbre económica y precarización. A esta compleja realidad se suma el amplio sector de trabajadores informales, quienes se encuentran al margen del derecho a la sindicalización y de los espacios mínimos de diálogo o negociación.
Desafíos y rol estratégico de los sectores clave de la economía
Para revertir el actual estado de repliegue se requiere reconstruir la capacidad de organización y articulación sindical, asignando un papel prioritario a las ramas estratégicas de la economía nacional, tales como la minería, el sector portuario, el sector forestal y el agro. A diferencia de los sindicatos de menor escala, cuya capacidad de presión es limitada a nivel institucional, las movilizaciones en los sectores estratégicos poseen el alcance suficiente para paralizar circuitos productivos clave y generar un impacto inmediato en las decisiones del Estado y del gobierno.
Por ello, las organizaciones de estos sectores estratégicos están llamadas a actuar como un ‘paraguas social’ y solidario para el conjunto del tejido sindical. La superación de la crisis actual no provendrá de acciones aisladas, sino de la capacidad de tejer alianzas transversales con otros sectores populares y territoriales —como movimientos estudiantiles y de pobladores—, integrando la dinámica sindical con las demandas de las comunidades e historia territorial.
Finalmente, la construcción de la unidad de clase no implica homogeneidad ni la ausencia de tensiones internas. Por el contrario, requiere asumir la convivencia entre diversas corrientes políticas e ideológicas dentro de las organizaciones. Recomponer la fuerza política y social de los trabajadores exige superar las afinidades personales y estructurar espacios colectivos capaces de incidir decisivamente en un nuevo ciclo de transformación social.
Preguntas al presente: Conflictividad social, horizontes de expectativa y reconstrucción de la musculatura popular
A partir de las características antes mencionadas, es importante señalar algunos elementos.
Las fases de ascenso o aceleración de la lucha sindical estuvieron históricamente determinadas por los niveles generales de alta conflictividad social en la sociedad chilena de los últimos 20 años. Conflictividad que se expresó en el ciclo al alza de luchas sociales, y cuya cristalización fue el estallido social del 2019 . Esta capacidad de protesta laboral se potencia y se potenció cuando existe un malestar social difuso, pero que logra catalizarse y proyectarse política y simbólicamente en el espacio público. El Estallido Social funcionó como un punto de condensación y cristalización de ese malestar, logrando abrir temporalmente un nuevo horizonte de expectativas colectivas, donde lo impensable se volvió posible y necesario.
La respuesta de las clases dominantes a este ciclo politico de malestar social, y la incapacidad del pueblo por un lado, como tambien la incapacidad de la izquierda de intención revolucionaria por vertebrar la crisis, y construir una salida de largo aliento a ella, significó que los partidos del reformismo pasivo fueraan la primera respuesta inconclusa a la crisis y al periodo de hegemonias cortas de los bloques dominantes, dando paso a que la ultra derecha, en este periodo, esté llevado adelante las politicas de ajuste del capital, en contra del valor de la fuerza de trabajo.
Otro elemento que acompaña las características de las hegemonías cortas también se expresa, a diferencia del periodo anterior, en que amplios sectores sociales del pueblo carecen de horizontes de expectativas, es decir, de representaciones sociales positivas, donde depositar y ordenar nuestra experiencia de vida. En cambio, transitamos el malestar social en “frío” donde los horizontes predictivos se encuentran momentáneamente bloqueados, producto de derrotas sociales/políticas e institucionales. En esta etapa, el malestar social no desaparece, sino que se encuentra replegado de forma no disruptiva. La coyuntura actual representa precisamente este estado de enfriamiento social, donde la falta de cauces políticos bloquea la capacidad de movilización de la clase trabajadora.
Por tanto unas de las tantas interrogantes para la reconstrucción del campo popular y de la izquierda como representación son:
- ¿Cómo reconstruir la musculatura social y popular (e incluso de las organizaciones de izquierda) en un contexto de horizontes de expectativas bloqueados y malestar en frío?
- ¿Qué actores y sujetos sociales, en este nuevo ciclo, poseen la potencialidad estratégica para reabrir dichos horizontes de expectativas y rearticular el tejido movilizado?
- ¿Bajo qué vías y alianzas es posible transitar desde la resistencia fragmentada hacia una politización efectiva de las demandas populares?
Estas son algunas de las preguntas que los diversos colectivos, franjas organizadas del pueblo, movimientos sociales y partidos debemos ir respondiendo a través de procesos de articulación y de unidad política, de debate programático, de fortalecimiento en unidad del campo popular y sindical, pero sobre todo, con una clara intención de potenciar las capacidades políticas de la clase trabajadora.


