
Roberto -Zonyko- Acuña
Presidente Sindicato Akro
Algunas palabras preliminares
Hace algunos años, C. Clark publicó Revolutionary Spring, una monumental obra sobre las revoluciones europeas de 1848. En ella, Clark sugería que nuestros días tienen cierta semejanza con el periodo que antecedió a estas revoluciones, y especula que, de acercarse una revolución, esta tendría mucho en común con las de 1848. Más recientemente, M. Maiello y E. Albamonte retoman esta reflexión, marcando algunas diferencias importantes (como la existencia del imperialismo), pero sumando al paralelo establecido por Clark los balances de la Circular del Comité Central a la Liga de los comunistas, escrita por Marx y Engels en 18501.
Queremos tomar esa discusión como punto de partida para reflexionar sobre un fenómeno más modesto, pero profundamente significativo en nuestro caso: el ascenso de luchas en sectores del subcontrato municipal de áreas verdes. Sostenemos que este fenómeno puede anticipar -o leerse como- una forma embrionaria, fragmentaria y contradictoria de recomposición obrera, bajo las actuales condiciones. Tal como las revueltas obreras previas a 1848 anticiparon la entrada revolucionaria del movimiento obrero en la escena política europea, estas luchas podrían estar anunciando procesos más amplios de reorganización o recomposición del movimiento obrero, en el marco de un Gobierno de ultraderecha que implementa ataques y en medio de la pasividad de la burocracia sindical.
El fenómeno placero
Desde hace 3 meses se vienen desarrollando movilizaciones de trabajadores municipales subcontratados de áreas verdes en distintas comunas. Empresas como Akro, Pacific Green, Abastech, Solo Verde (por nombrar las más visibles) han realizado protestas, mítines, marchas, ocupaciones, campañas y huelgas impulsadas por sus trabajadores. Se trata de sectores extremadamente precarizados, plebeyos y altamente feminizados. Su composición social incluye principalmente mujeres mayores, trabajadores migrantes —especialmente haitianos— y una creciente juventud popular. Son vecinos pobres de las mismas comunas donde trabajan, empleados bajo condiciones que en la mayoría de las veces ni siquiera garantizan servicios higiénicos, comedores o espacios mínimos de descanso. Trabajan seis días a la semana por el salario mínimo, o poco más.
El modelo de negocio del subcontrato municipal funciona mediante licitaciones donde pequeños grupos empresariales se enriquecen con fondos públicos, a costa de la degradación de las condiciones laborales2. La precariedad no es accidental: constituye la base misma de la rentabilidad del sistema. Heredado de la dictadura, y legalizado por la concertación, el modelo de subcontratación es en este caso el elemento estructural que provoca las precariedades, que establece los sueldos de hambre y justifica el trato de trabajadores de segunda categoría, por lo mismo, solo el paso a planta y el fin al subcontrato puede constituir un cambio progresivo en sus condiciones laborales.
En La Florida, el recientemente formado Sindicato Akro impulsó durante el verano una campaña por servicios higiénicos bajo la consigna #PorBañosYDignidad. Lo que comenzó como una exigencia elemental escaló rápidamente, gracias a la coordinación y a una campaña pública de peso comunal que recibió apoyo de decenas de sindicatos (incluida la CUT), organizaciones comunitarias, estudiantes y agrupaciones políticas. La lucha de Akro, pasó de la coordinación a los mítines y protestas frente a la municipalidad, y coronó con la huelga legal, el mismo dia que Kast asume la presidencia, esta lucha logró arrancar la instalación de baños en distintos puntos de la comuna, un bono de término de conflicto que compenzó los días de movilización, y el derecho a existir. Al mismo tiempo, en Macul, la empresa Abastech despidió masivamente a más de cien trabajadores, dejando de golpe cientos de familias en la calle. La respuesta fue inmediata: asambleas autoconvocadas, vocerías elegidas a mano alzada y movilizaciones frente a la Inspección del Trabajo y la Municipalidad de Macul. Aunque el proceso no llegó a cristalizar formalmente en un sindicato, desarrolló formas embrionarias de autoorganización y vocerías que en los hechos actuaron como tal.

Pero fue el conflicto de Pacific Green, en Puente Alto, el que llevó el proceso a un nuevo nivel. Frente al no pago de salarios, cientos de trabajadores iniciaron movilizaciones directas contra la empresa y exigencias al Municipio. La masividad transformó la cantidad en calidad. Las protestas derivaron en marchas, irrupciones dentro de dependencias municipales y finalmente en la ocupación de la base de la empresa. En medio de esa lucha se constituyó el sindicato. El proceso fue particularmente llamativo: un pequeño núcleo, de “8 pelagatos” (como fueron llamados), pasó en apenas una semana a cerca de quinientos afiliados, sobre una planta de setecientos. No fue el sindicato el que produjo la lucha; fue la propia dinámica de lucha la que produjo la sindicalización.
La víspera de 1848
Clark sostiene que si una nueva ola revolucionaria emerge en nuestra época, probablemente adopte formas semejantes a las de 1848: “mal planificadas, dispersas, irregulares y plagadas de contradicciones”. La observación resulta sugerente para pensar el momento actual.
Durante las décadas previas a 1848, la clase obrera europea apenas comenzaba a constituirse como tal. Sus luchas eran fragmentarias, locales y defensivas. Muchas giraban en torno al salario o a condiciones mínimas de existencia. En ausencia de las grandes organizaciones obreras -que nacerán posteriormente- amplios sectores innovaban formas de asociación, mutualismo y acción directa bajo regímenes autoritarios y altamente degradados.
Las semejanzas con nuestro tiempo no son mecánicas, más bien ilustrativas. Hoy asistimos al agotamiento de décadas de -como diría Albamonte- “restauración burguesa”, como el periodo que antecede a 1848, constituyó el fin de la restauración neo-absolutista; Albamonte escribe: “En la actualidad estamos ante los albores de un nuevo período histórico. Frente a los límites de la “Restauración burguesa” se alza una nueva “primavera de los pueblos” cuya profundidad aún no es posible determinar ”3 La ofensiva contra las organizaciones obreras tradicionales durante el neoliberalismo, logró fragmentar al movimiento obrero y el propio rol pasivizador -o de desvío- de las burocracias sindicales, han producido una situación compleja: si bien existen sindicatos y mediaciones, estos estan profundamente debilitados, y en su mayoría han dejado de ser organismos de lucha. Podemos tomar a la CUT o el CDP como ejemplos, que frente a Kast, siguen hablando de diálogo social incapaces de articular una respuesta obrera a esos ataques, en especial a la mega reforma.
En ese contexto, fenómenos como el ascenso de los placeros adquieren relevancia. No porque constituyan todavía un movimiento generalizado ni mucho menos una irrupción revolucionaria, sino porque expresan una reapertura de la experiencia práctica de lucha en sectores históricamente golpeados por la precarización. Existe además otro elemento importante. Estas luchas no emergen desde los sectores industriales (o estratégicos) clásicos, sino desde sectores vírgenes, sin tradición sindical previa y descubriendo en la lucha misma, formas organizativas y métodos de lucha. En cierto sentido, esto recuerda al carácter híbrido y todavía incompleto de las revueltas y rebeliones obreras anteriores a 1848, esencialmente asalariados tejedores, semiproletarios y artesanos.
Un laboratorio obrero
El rasgo más importante de este fenómeno probablemente sea su carácter experimental.
Los trabajadores de áreas verdes están desarrollando formas organizativas híbridas, inestables y profundamente dinámicas. Algunas luchas cristalizan en sindicatos; otras se sostienen mediante asambleas, vocerías o coordinaciones improvisadas. Muchas veces la organización aparece después de la movilización y no antes. Lo que emerge en estos procesos no son sindicatos institucionalizados en el sentido clásico, sino organismos de combate construidos al calor del conflicto mismo y para el conflicto mismo. Sindicatos de lucha: inestables, precarios, muchas veces improvisados, pero profundamente dinámicos y apoyados en la movilización directa o la coordinación.
En 1831 los tejedores de Lyon habían construido sociedades mutualistas clandestinas, que en palabras del propio Pierre Charnier eran “toda una masonería obrera” para resistir en condiciones donde las asociaciones gremiales estaban prohibidas, como así también las huelgas4. Los obreros de Silesia (Prusia) en 1844, protagonizaron una rebelión espontánea por salario, sin organización previa ni sindicato, sin intervención de radicales o socialistas inició una revuelta obrera que el propio Marx, en polémica con Arnold Ruge, definió como las más consciente de sus pares (por la quema de libros contables) Ninguna de estas experiencias produjo victorias. Muchas terminaron en derrotas sangrientas. Pero todas funcionaron como laboratorios de experiencia colectiva obrera. Ese parece ser también el significado profundo de las luchas actuales. Incluso allí donde los conflictos retroceden o no logran triunfos, dejan tras de sí una experiencia acumulada:

i.) de Akro, se puede extraer la necesidad de la coordinación con otros sectores. ii.) de Abastech, las asambleas autoconvocadas y las vocerías iii.) y de Pacfic Green, los métodos combativos y la ocupación de base. Aunque hoy existen sindicatos legales y reconocimiento institucional, gran parte de las burocracias sindicales opera como freno antes que como vehículo de organización real. La extrema regulación de la huelga empuja muchas veces hacia dinámicas de hecho, huelgas salvajes o formas semiclandestinas de organización y coordinación.
En este sentido, las luchas de los placeros poseen un carácter contradictorio: son defensivas en sus demandas, básicas incluso (en Trotsky, demandas mínimas que conservan fuerza vital), pero ofensivas en sus métodos; surgen desde condiciones extremadamente precarias, pero tienden rápidamente a cuestionar autoridades políticas locales y estructuras institucionales más amplias. La exigencia salarial o puramente económica transmuta rápidamente en confrontación política con el municipio y el régimen de subcontratación estatal. Hay cierta tendencia a la permanencia de lo económico a lo político aquí.
Crisis de subjetividad y perspectivas
Uno de los rasgos más profundos de nuestra época es la crisis de subjetividad obrera producida por décadas de derrotas y pasivación5. Con luchas puramente económicas, sin sindicatos fuertes y sin grandes partidos obreros capaces de centralizar y unir la dispersión de luchas. También en esto el paralelo con la víspera de 1848 resulta sugerente. Antes de las grandes revoluciones europeas, el proletariado apenas comenzaba a reconocerse como fuerza histórica independiente. Sus primeras irrupciones estaban cargadas de contradicciones, improvisación y límites políticos.Pero precisamente en ese terreno contradictorio comenzaron a desarrollarse nuevas experiencias organizativas y nuevas conclusiones estratégicas. Las luchas de los placeros probablemente deban entenderse desde esa perspectiva. No como una irrupción acabada, sino como uno de los síntomas de una recomposición todavía molecular, parcial y desigual de la conflictividad obrera bajo condiciones históricas nuevas. Muchos de estos trabajadores votaron por Kast, decepcionados del Gobierno de Boric y de la propia revuelta, buscando una mejora económica tras la promesa de crecimiento y seguridad, pero el bensinaso y la mega reforma pulverizan esas ilusiones con rapidez, esa desesperación alimenta al propio fenómeno que analizamos aquí. Creemos que esta reflexión abre también la puerta a la Circular de 1850 y a muchas de las lecciones que Marx y Engels plantearon allí. No es este el espacio para desarrollarlas en extención y profundidad, pero podemos decir que su obsesión por delimitar una política de clase independiente, tanto en el terreno de un partido obrero (inexistente en ese momento) como en el de la autoorganización de base (todavía embrionaria) No sabemos si la lucha de placeros lograra voltear el subcontrato, pero sin constituir aún victorias económicas, ya muestra un camino político, de lecciones organizativas y de métodos de lucha, que bien proyectadas pueden constituir un aporte en la conquista de la independencia de clase y métodos propios de lucha, que es el espíritu de la circular, conquistar la independencia de clase, para la gran batalla que se aproximaba.
No se trata todavía de un ascenso generalizado del movimiento obrero. Pero sí de síntomas de recomposición en sectores históricamente fragmentados, precarizados y periféricos. Es demasiado temprano para hablar de una nueva primavera obrera. Pero en estas plazas, comunas y bases, donde trabajadores pobres vuelven a organizarse y enfrentar colectivamente primero a su patrón y luego al poder político local, pueden encontrarse algunos de sus primeros indicios.

- La situación mundial y el espectro de la primavera revolucionaria de 1848, E. Albamonte y M. Maiello, 2024 Link ↩︎
- Este aspecto necesitaria un artículo aparte. Basta con decir que, por ejemplo Akro pertenece al grupo empresarial Núcleo, el que a su vez es propietario de Paisajismo Cordillera, estas tres empresas realizan exactamente la misma labor, compitiendo por las licitaciones municipales, o el caso de Pacific Green y Solo Verde, que comparten dueño, por ende el mismo suplicio de no recibir pago. Se trata de empresas que trabajan bajo sistema cowork, desaparecen de una comuna con la misma facilidad con que llegaron. ↩︎
- En los limites de la restauración burguesa. M. Maiello y E. Albamonte, 2011. Link ↩︎
- En palabras de C. Clark “(…) era más que un simple instrumento para distribuir ayuda; representaba un intento de compensar los efectos históricos asimétricos de la libertad comercial inaugurada durante la Revolución Francesa” Y a pesar que negaba derechos de asociación y huelga “(…) seguía siendo legal que los propietarios de fábricas y los comerciantes participaran en prácticas similares a los cárteles o formaran organizaciones como las cámaras de comercio.” (la traducción es nuestra) ↩︎
- En rigor, teóricamente, como derivado de lo que Trotsky definió como crisis de dirección (programa de transición) proyectado en el tiempo sobre las conciencias obreras. ↩︎
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