
Comisión política Tejer-Construir
El 11 de septiembre no es solo una fecha más en el calendario. Es un sangriento recordatorio de cómo los poderosos, cuando sienten que el pueblo les amenaza, recurren a la violencia militar para la preservación de sus privilegios.
Al acercarnos nuevamente a la conmemoración del golpe cívico militar que derrocó al gobierno de la Unidad Popular encabezado por Salvador Allende, la porfiada realidad nos pone hoy frente a un contexto político y social marcado por la contienda electoral. Pero a diferencia de antaño, en la actualidad no tenemos una izquierda sólida, coherentemente orientada hacia la justica social, la supresión de la explotación, la mejora de las condiciones de vida de la clase trabajadora y la construcción del socialismo. Por estos días de desorientación ideológica la izquierda se encuentra profundamente fragmentada, tristemente desconectada de las mayorías y con ausencia de un proyecto político sustantivo que desafíe al status quo de la sociedad capitalista.
El golpe que no cesa.
El Golpe de Estado del 11 de septiembre no fue un accidente de la historia. Fue el resultado de una conjura entre la burguesía nacional, el imperialismo y las fuerzas armadas, quienes respondieron con el odio propio de la mala clase al avance del gobierno de Allende y las masas populares que empujaban con fuerza para la conquista de los derechos para una vida digna. Fue desde la Unidad Popular y también por fuera de ella (como el caso del MIR) que se lograron avances como la creación y fortalecimiento del área de propiedad social del Estado y la profundización de la reforma agraria. Pero el proyecto de la izquierda no sólo fue económico. Fue un intento de construir una sociedad donde el bienestar colectivo primara sobre el lucro individual.
El golpe y la dictadura que se estableció por largos 17 años, la cual no solo destruyó un gobierno, sino que desmanteló un proyecto de sociedad e hizo retroceder años de lucha por la conquista de derechos para los sectores populares. Privatizó las empresas estatales, motor fundamental para el desarrollo nacional; impuso el Plan Laboral, que debilitó profundamente a la organización sindical; entregó los derechos sociales al mercado privado, profundizando la precarización y la desigualdad.
Este panorama de injusticia y desigualdad continúa pasados ya 35 años desde el inicio de los gobiernos concertacionistas, pero no solo persiste sino que ha sido profundizado durante la larga transición y la democracia tutelada.
La Izquierda a la Izquierda del Gobierno.

Transcurridos 52 años del golpe y a 35 años del inicio de los gobiernos concertacionistas, quienes nos encontramos a la izquierda del actual gobierno aún no logramos salir de la derrota. A pesar de los incontables intentos, de las luchas y despliegues en los territorios, permanecemos en una posición marginal cuando se trata de ofrecer alternativas convincentes a las masas populares. Hoy el pueblo trabajador no ve en quienes estamos a la izquierda del gobierno una salida posible a las condiciones de explotación a las cuales está sometido.
Muestra de la condición de derrota y marginalidad es lo recientemente ocurrido en la conformación de pactos y listas parlamentarias por fuera del oficialismo. La imposibilidad de contar con figuras que pueden poner en la discusión pública un programa alternativo a la profundización del modelo neoliberal, ser referencia de lo que inspira el acumulado de luchas representadas en esta izquierda, la fragmentación y las malas prácticas en el ejercicio de la política.
La urgente necesidad de salir de esta marginalidad nos llama a insistir y generar un proyecto político unitario de la izquierda anticapitalista que pueda ser recibido por las masas populares como una alternativa al modelo dominante, que entregue una visión de esperanza en la transformación de las estructuras sociales, políticas y económicas que dan cabida a tanta miseria y desigualdad.
Es muy importante, a nuestro juicio, que podamos comprender desde la izquierda honesta y clasista que debemos trabajar en una clave que no sea dominada por la coyuntura electoral, entendemos y compartimos que la lucha electoral es un campo donde se debe entrar en la disputa, pero también estamos convencidos que no es donde se deben centrar los esfuerzos, sabemos que en las victorias electorales no reside el poder, que sin un pueblo organizado y en pie de lucha nunca será posible avanzar hacia el socialismo que tenemos como horizonte, es ahí donde debe estar el núcleo de los esfuerzos, en la construcción de esa fuerza, una fuerza política y social que tenga como motor un programa transformador.


