
Cada 29 de marzo, las y los revolucionarios conmemoramos a la juventud que dio cara a la dictadura y puso el cuerpo en el combate frontal contra los ricos y poderosos que oprimen al pueblo y los trabajadores.
Las romerías, los actos, los rayados en las paredes, los rostros de Rafael y Eduardo Vergara mirando desde los muros, la carta de Mauricio Maigret escrita a poco de su caída en combate y las fotos de Paulina Aguirre, nos recuerdan que hubo jóvenes que eligieron ponerse en la primera línea de combate de su pueblo, cuando eso tenía un costo que hoy cuesta incluso imaginar. Y fue la juventud la que mantuvo encendida la llama de la rebeldía en los primeros años de la democracia tutelada, organizada en las poblaciones, liceos y universidades, levantando barricadas y enfrentándose a la represión cada vez que fue necesario. Fue el movimiento estudiantil el que interpeló a los poderosos en 2001, 2006 y 2011. Y fue la juventud la que cargó sobre sus hombros el principal peso de la revuelta de octubre de 2019, la que puso sus ojos para luego ser traicionada y canalizada en la institucionalidad por un grupo de jóvenes que envejecieron muy rápido al encontrarse con el poder.
El Día del Joven Combatiente no es una fecha de nostalgia. O no debería serlo. Es una pregunta que se renueva cada año y que nos interpela directamente: ¿qué estamos haciendo nosotros y nosotras con lo que ellos dejaron?
Esa pregunta fue la que nos motivó a salir a conversar con la juventud que hoy sostiene el proyecto de Mauricio, Paulina, Eduardo y Rafael, que milita en organizaciones sociales y políticas y que se dispone de lleno para empujar las transformaciones profundas que hoy requiere nuestra sociedad. Quisimos saber qué piensan, desde dónde hablan y cómo leen la realidad quienes hoy están intentando construir algo en este Chile que, hay que decirlo, no lo pone fácil.
Hablamos con cinco compañeras y compañeros: Almendra, de Estudiantes por la Causa Popular (ECP); Nina, de TejeR-Construir; Geraldine, estudiante secundaria, integrante de la Coordinadora Feminista 8M; las compañeras del Centro de Estudiantes Sinergia del Liceo 1 Javiera Carrera; y Giovanni de la Unión Socialista del Trabajo (UST). Organizaciones y espacios con trayectorias, estilos y énfasis diferentes, pero que comparten algo fundamental: están intentando hacer política desde abajo, con los recursos que tienen, en un momento que no es precisamente el más favorable para la izquierda revolucionaria.
Y hay que ser honesto con eso. El momento es duro. No estamos en el ciclo ascendente del 2011, ni en la ebullición del 18-O. Estamos en un período donde la derecha más rancia ha logrado instalar su agenda y penetrar ideológicamente en grandes porciones de nuestro pueblo y donde un sector importante de la juventud, que debería estar con nosotros, está comprando discursos de «hombres de valor» en TikTok. Donde el movimiento estudiantil secundario, que fue capaz de sacudir al país entero en 2006 y 2011, hoy subsiste en muchos liceos gracias al esfuerzo de cuatro o cinco cabros y cabras que sostienen la orgánica casi solos. Donde la palabra «izquierda» para una parte de la juventud popular suena a burocracia, a algo que no les habla. Eso es lo que hay. Y negarlos sería hacerle el juego al voluntarismo vacío, ese que cree que con poner más energía alcanza.
Pero también hay que decir lo otro. Porque si algo quedó claro en estas conversaciones es que la derrota no es total ni mucho menos. Hay rabia. Hay malestar. Hay jóvenes que sienten en el cuerpo que algo está mal, que el endeudamiento, la precariedad, la salud mental en colapso no son problemas individuales sino síntomas de un sistema que está construido exactamente para producir eso. El problema no es que no exista energía. El problema es que esa energía todavía no encuentra los canales, las organizaciones, los proyectos colectivos capaces de convertirla en fuerza real. Y algo de esa fuerza pudimos ver en la movilización del jueves 26 de marzo contra el programa de ajustes del gobierno de Kast, la primera gran movilización, esperamos, de muchas por venir que desate el conjunto del pueblo.
Estas son las voces de compañeros y compañeras que han asumido la tarea militante y que esperamos encuentren la forma de sumar a miles romper la inercia y salir de la derrota. Jóvenes que se hacen las mismas preguntas que nos hacemos todos quienes luchamos por un horizonte no capitalista : cómo construir organización en un momento de dispersión, qué significa formarse políticamente hoy, cómo conectar con la juventud que no milita, cómo sostener un proyecto revolucionario cuando el sistema hace todo lo posible para agotarte, aislarte y convencerte de que no hay alternativa.
Hay consensos importantes entre quienes hablan. Todos coinciden en que la organización colectiva y autónoma es el único camino que tiene sentido. Todos rechazan el espontaneísmo y la ilusión de que basta con «activarse» en redes sociales o marchar el 29 para cambiar algo. Todos reivindican la memoria de los que lucharon antes, no como reliquia, sino como continuidad de un proyecto que no ha terminado. Y todos, desde sus propios marcos y experiencias, señalan que la tarea urgente es construir, aunque sea de a poco, aunque sea pequeño, aunque cueste.
Las diferencias también son interesantes. Hay quienes analizan desde categorías marxistas más elaboradas, quienes ponen el acento en la realidad concreta del liceo o la universidad, quienes señalan la crisis educativa como raíz del problema, quienes recuperan la tradición del MIR como herramienta viva. No son posiciones irreconciliables, son énfasis distintos que, puestos en conversación, entregan una imagen más completa de dónde estamos parados y por dónde ir haciendo camino. Camino que la juventud está llamada a abrir y construir.
Porque eso es lo que queremos con este artículo: no entregar verdades cerradas, sino abrir una discusión que necesitamos tener. Sobre la juventud, sobre la organización, sobre qué significa ser combatiente en este Chile del 2026 con la ultraderecha en el poder y un progresismo que intentará ponerse oportunistamente a la cabeza de la oposición y la rebeldía popular.
Esa discusión no se resuelve en un artículo. Pero se puede empezar. Y la mejor forma de empezarla es escuchar a quienes disponen su tiempo a la militancia colectiva, con sus certezas y sus dudas, con su convicción y también con sus preguntas sin respuesta.

¿Cómo ven a la juventud hoy ideológicamente y en su capacidad de organización?
Almendra (ECP): Hoy la juventud popular vive una contradicción profunda. Por un lado, está atravesada por el individualismo y la sensación de inestabilidad que impone el capitalismo monopólico en su actual fase imperialista, con precarización laboral, endeudamiento, consumo como identidad, etc. Esto vuelve complicado el sumar nuevas y nuevos compañeros a las organizaciones y colectivos. Pero al mismo tiempo, también existe un malestar latente y odio de clase que no demora en aparecer frente al aumento de la precariedad y la compleja coyuntura de ofensiva antipopular y reaccionaria que ha impulsado la burguesía y el bloque en el poder con Kast a la cabeza. Podemos afirmar que la juventud no es apática, sino más bien, que sus expresiones organizativas se encuentran profundamente fragmentadas y la despolitización es fuerte. Hay energía y ganas de luchar, pero muchas veces dispersa, sin conducción ni horizonte estratégico común.
Nina (TejeR Construir): Yo creo que hoy la juventud está cruzada por una contradicción bien profunda. Por un lado, hay una sensibilidad súper extendida frente a las injusticias: el abuso, la precarización, la deuda, la crisis de la educación… eso se siente en el cuerpo. No es una generación indiferente. Pero ideológicamente hay una dispersión heavy. Falta horizonte estratégico, falta proyecto histórico. Como diría Lenin, hay mucha espontaneidad, pero poca dirección política. Se ve en las universidades y en los territorios: hay ganas de hacer cosas, pero cuesta sostener procesos, cuesta construir orgánica. Y eso no es casualidad, poh. Si esa energía no se organiza, se diluye. El sistema mismo se encarga de eso, de aislarnos, de hacernos creer que estamos solos, que todo es individual. En Conce, por ejemplo, igual hay espacios que resisten, pero la clase trabajadora en general está súper desarticulada, y eso inevitablemente repercute en la juventud. Por eso hoy más que nunca hay que dar un paso más: pasar de la crítica a la construcción. No esperar que “alguien más” lo haga. Organizarnos entre nosotras, con nuestros compañeros, levantar espacios, aunque sean pequeños al principio. Porque la historia no la hacen individuos iluminados, la hacen los pueblos organizados. Y hoy esa es la tarea urgente: dejar de estar dispersos y empezar a construir fuerza colectiva real.

Geraldine (8M): Actualmente veo a la juventud en una gran diversidad de opiniones y distintas formas de pensar por la gran variedad de información a la que hay acceso. Pero últimamente hay una fuerte presencia hacia el retroceso y lo tradicional. Y esto hace que los discursos actuales de extrema derecha, «ser hombre y mujer de valor», tengan más fuerza.
Y que el progresismo cada vez se vuelva una burla más, no una ideología. En cuanto a la organización política, hay pocos jóvenes que participen activamente de un colectivo. Quizá sí tienen organización para otros temas de interés, pero en asuntos políticos se está encontrando bajo.
Sinergia: Hoy en día vemos a una juventud bastante despolitizada. Si no se pertenece a ciertos liceos emblemáticos que muchas veces también viven dentro de una especie de burbuja política y organizativa, la politización dentro de los secundarios es bastante baja. En muchos establecimientos prácticamente no existe discusión política ni espacios reales de participación estudiantil, por lo que el movimiento secundario termina siendo sostenido por muy pocos estudiantes. La organización sigue recayendo en pequeños grupos que intentan mantener vivos los espacios de articulación. Sin embargo, se vuelve complejo construir algo más amplio cuando muchos liceos ni siquiera cuentan con centros de estudiantes activos o cuando estos existen pero son vistos más como centros de eventos que como un ente representativo del estudiantado. A esto se le suma la baja participación de los compañeros y compañeras, así como la falta de organizaciones o colectivos formados por estudiantes para estudiantes, que estén fuera de los partidos políticos tradicionales. Esto genera que exista poco interés o disposición a involucrarse en procesos organizativos.
Giovanni (UST): Hoy en día la juventud enfrenta un deterioro ideológico que se puede visibilizar en todas las tácticas, todas las estrategias políticas que se han utilizado para poder controlar, que es lo que busca el neoliberalismo. ¿Pero qué es lo que busca? Busca justamente apolitizar todo intento de acción crítica. ¿Cuáles son los resultados de eso? Vemos a una juventud preocupada de si se ve bien vestida, de si tiene el suficiente dinero para poder comprarse una zapatilla que quiera, de salir a experimentar al mundo, de salir a conocer gente de poder, salir de vacaciones, de encontrar la cadena más brillante de oro, de sobresalir por encima de su compañero, de su colega. Entonces, en ese sentido, tenemos una juventud muy debilitada en el tema ideológico, una juventud que ya perdió toda capacidad de organización, una juventud que se encarga principalmente de lo superficial que te promueve el sistema en donde lo que promueve es el individualismo, que es el arma más letal que tiene hoy en día la burguesía para poder eh desarticular las masas, que hoy, de a poco, se están volviendo particular. Con el cambio de gobierno, entendiendo que el gobierno anterior fue un gobierno populista que negoció para que no le salieran a la calle, pero este gobierno no lo va a negociar. Entonces, como va a ser un ente más radical, los jóvenes de a poco se van dando cuenta. Sin embargo, aún azota esa ideología neoliberal dentro de la juventud, donde la consume el narcotráfico, donde la consume la delincuencia, donde la consume la violencia, porque eso es justamente lo que replica el neoliberalismo, es un individualismo donde tengo que pasar por encima del otro. Por eso vemos el avance de la ultraderecha dentro de la juventud.

¿Cuáles son las claves para que la juventud vuelva a surgir como sujeto de vanguardia para la transformación social?
Almendra (ECP): Nosotros y nosotras partimos de la base de que consideramos que el sujeto de vanguardia tiene que ser las y los trabajadores, es decir, la clase trabajadora, quienes tienen la capacidad de paralizar la producción y poner en jaque a la burguesía. Las y los jóvenes, especialmente los estudiantes, han cumplido históricamente un rol dinamizador de la lucha popular y así tiene que seguir siendo, para eso vemos que es fundamental avanzar en los diferentes puntos. Debemos develar las contradicciones de clase frente a nuestras y nuestros compañeros: entender que los problemas individuales (deudas, cesantía, salud mental) tienen raíz estructural en el sistema capitalista. Avanzar en la construcción de organizaciones de base: no basta con la expresión en redes sociales o acciones espontáneas. Se necesitan espacios estables como sindicatos, federaciones, centros de estudiantes, colectivos territoriales, etc. Estudiar y formarnos políticamente: sin teoría no hay transformación. Es clave estudiar, debatir y recuperar tradiciones de lucha de nuestra clase adaptándolas al presente. Unidad en la diversidad de luchas: levantar lucha articulada con otros sectores, poniéndonos al servicio de las necesidades de nuestro pueblo y practicar siempre la solidaridad de clase. Construir desde la autonomía de clase: no depender de instituciones que administran el mismo modelo de explotación y dominación.
Nina (TejeR Construir): Para que la juventud vuelva a ser vanguardia, no basta con “activar” o llamar a movilizarse. Eso ya lo sabemos, no alcanza. Yo creo que hay tres claves bien concretas. Primero, formación política seria. Volver a estudiar, pero no desde lo académico vacío, sino desde una lectura viva de la realidad. Marx, Marini, el Che, Miguel… no como citas, sino como herramientas para entender por qué Chile es como es, por qué dependemos, por qué la educación sigue siendo un negocio aunque le cambien el nombre. Sin teoría revolucionaria, no hay práctica revolucionaria. Segundo, reconstruir orgánica. No hay sujeto de vanguardia sin organización. Y no hablo de cualquier organización, sino de una que tenga claridad estratégica, disciplina y arraigo en el pueblo. Eso lo entendía muy bien el MIR: la juventud no es vanguardia por edad, sino por su capacidad de ponerse al servicio de un proyecto revolucionario. Y tercero —y esto es clave—, no es solo “salir de la burbuja”. Es entender que somos clase trabajadora, aunque estemos en la universidad. Y probablemente vamos a seguir siéndolo. Entonces, se trata de asumir eso con todas sus consecuencias: ensuciarse las manos, dejar de creerse mejores que los demás, comprender las condiciones de vida de nuestro pueblo, construir desde ahí. No ir “a ayudar”, sino reconocernos como parte de la misma lucha. Ahí se construye conciencia de verdad. Si no, nos quedamos en discursos bonitos pero sin fuerza material.
Geraldine (8M): Una de las claves para que vuelva a surgir podría ser las redes sociales, pero el problema sería que también pueda ser una tendencia de un rato y después se repita el mismo ciclo de una vuelta al retroceso. Yo creo que debe existir una educación más reflexiva y más comprensiva porque un problema actual en Chile es la comprensión de lectura en general (esto se vio en una prueba de la OCDE de 2024) y la falta de desarrollo del pensamiento crítico.

Sinergia: Una de las claves principales es que vuelvan a surgir organizaciones estudiantiles independientes. Con esto nos referimos a espacios organizativos que no estén subordinados ni guiados por los partidos políticos tradicionales. Esto es importante porque, tal como mencionamos anteriormente, el bajo nivel de politización dentro de muchos liceos genera también desconfianza hacia la política. Cuando los partidos políticos intentan involucrarse directamente dentro de los liceos, muchas veces no consideran que cada comunidad estudiantil tiene sus propios tiempos y procesos. Existen establecimientos donde prácticamente no se discute de política, por lo que estas intervenciones terminan generando mayor distancia en lugar de fomentar la participación. Por lo mismo, creemos que una de las claves para que la juventud vuelva a surgir como un sujeto de vanguardia en los procesos de transformación social es construir bases de organización independientes y autónomas, que permitan volver a politizar al estudiantado respetando sus propios ritmos. También es fundamental que las problemáticas políticas se conecten con la vida cotidiana de los estudiantes. Cuando las demandas logran reflejar las realidades que viven día a día en su vida cotidiana o dentro de sus liceos como las condiciones de estudio, la infraestructura, la convivencia escolar o la desigualdad educativa, se vuelve más fácil que más estudiantes se involucren y se sientan parte de los procesos organizativos. En ese sentido, la tarea principal es reconstruir tejido organizativo desde los propios estudiantes, generando espacios donde la participación vuelva a tener sentido y donde la juventud pueda reconocerse nuevamente como un actor capaz de impulsar transformaciones sociales.
Giovanni (UST): Para que la juventud pueda surgir como sujeto de vanguardia, en primer lugar, se necesita una educación en donde no se promueva el mercado dentro de ese sistema, sino que se promueva la excelencia por sobre todo, en donde la juventud sea partícipe de que se salga de la burbuja en la que vive. Tenemos jóvenes de 20 años endeudados. ¿Por qué? Porque yo necesito el mejor celular, la mejor ropa, la mejor prenda. Entonces, no endeudamos. En ese sentido, claro, se vive una burbuja, una burbuja que está a punto de romperse, pero ¿quién defiende esa burbuja? Justamente el sistema. El sistema no quiere que se rompa esa burbuja porque cuando se rompe esa burbuja comienza la experimentación de lo que es ser la clase proletaria. Hoy en día los proletarios no saben que son proletarios, se consideran clase media. Entonces, ¿qué es lo que necesita la juventud y qué necesita el pueblo en general? Es justamente esa experiencia, que se den cuenta de que están siendo aplastados por una clase social, pero hoy en día no se reconoce. ¿Por qué? Porque dentro de la misma hegemonía se promueve que tú eres clase media, que tú tienes derecho a una tarjeta de crédito. Entonces, en ese sentido, nunca voy a ser pobre, el pobre es una persona que vive en la calle, y ahí es donde nos han ganado ideológicamente y por eso hay un deterioro ideológico, porque nos ganaron la cancha popular. Entonces, hoy en día la cancha popular defiende más al otro sector que al mismo sector obrero. ¿Qué es lo que necesita entonces? ¿Cuáles son las claves? En primer lugar, la educación, una contrahegemonía que es totalmente necesaria y por eso es importante la propaganda y el trabajo de masas, sobre todo de la misma juventud que ya es consciente de sí misma.

¿Qué significa hoy ser joven combatiente?
Almendra (ECP): Ser joven combatiente hoy no se reduce a una estética ni a una consigna vacía. Significa asumir un compromiso activo con la transformación social desde una posición de clase, entendiendo el momento histórico que vivimos y las tareas que este impone. Hoy, ser combatiente implica resistir la precarización, enfrentar la despolitización y construir alternativas colectivas en un escenario que empuja constantemente al aislamiento y la competencia individual. Significa también asumir un rol activo en los procesos organizativos, aportar a la acumulación de fuerza social y sostener en el tiempo los espacios de lucha. Asimismo, supone comprender que la protesta popular es una herramienta legítima de los pueblos frente a las injusticias estructurales, y que la organización es el único camino para que esa protesta se transforme en fuerza real capaz de disputar poder. En ese sentido, ser combatiente es transformar la rabia en organización consciente, y esa organización en capacidad efectiva de incidir en la realidad. Por sobre todo, ser joven combatiente es amar profundamente al pueblo: comprometerse con sus luchas, sus dolores y sus sueños y esperanzas. Es actuar con convicción, disciplina y solidaridad, entendiendo que la transformación social no es un acto individual, sino una construcción colectiva que requiere constancia, claridad política y un horizonte común de emancipación.
Nina (Tejer Construir): Ser joven combatiente hoy no es una pose ni una consigna vacía. No es solo salir el 29 —aunque también es parte de la lucha—. Es una forma de pararse frente a la vida. Para mí, ser joven combatiente hoy es asumir que vivimos en un sistema injusto y que no basta con indignarse: hay que organizarse para transformarlo. Es tener claridad de que la lucha no es individual, que es colectiva y que requiere compromiso real, incluso cuando cuesta, incluso cuando una se siente sola o cansada. También es memoria viva. Es reconocer a quienes estuvieron antes, como Miguel o Bautista, no desde la romantización, sino desde la continuidad de su proyecto, aprendiendo de sus aciertos y también de sus errores. Y en este contexto, con un gobierno que abiertamente amenaza derechos conquistados, como la gratuidad, ser joven combatiente también es defender lo que el pueblo ha arrancado con lucha, pero sin perder de vista que eso no es el horizonte final. No peleamos por mejorar el modelo, sino por superarlo. En lo cotidiano, es no soltar la organización, es formar a otras, es construir comunidad, es no dejar que el miedo o la desesperanza nos paralicen. Es, en el fondo, seguir creyendo—con los pies bien puestos en la realidad— a que la revolución es necesaria y posible, y actuar en consecuencia.

Geraldine (8M): Actualmente, ser un joven combatiente es algo que no se puede comprender porque gran parte de las y los estudiantes no tienen los conocimientos sobre qué significa ser un joven combatiente. Esto nuevamente viene desde la educación que estamos teniendo en Chile ya que, por ejemplo, los contenidos que dan cuenta de esto, no se están dando en clases y nos perdemos de conocer hechos importantes para la historia de Chile sobre todo de lo ocurrido en la dictadura. Como juventud tenemos que volver a construir ese significado.
Sinergia: Ser joven combatiente hoy en día significa asumir un compromiso real con las luchas sociales. Esto implica ser consecuente con nuestras convicciones y mantener una postura firme frente a este sistema neoliberal, y sobre todo no subordinar la organización social a los intereses de partidos políticos que trabajan desde la institucionalidad y que muchas veces terminan alejándose de las demandas colectivas. Ser joven combatiente significa organizarse, construir espacios autónomos de participación, fortalecer la organización estudiantil, territorial y popular, y actuar de manera consciente frente a las problemáticas sociales. Pero esto también implica mantener viva la memoria de quienes lucharon antes que nosotros. No olvidar a todos los compañeros y compañeras que dieron su vida a la lucha, manteniendo siempre presente que sus historias forman parte de un proceso de resistencia que continúa hasta hoy. Ser joven combatiente es comprender que la lucha no es individual, sino colectiva y que la transformación social requiere compromiso, organización y conciencia social. En ese sentido, ser joven combatiente hoy es mantener viva la rebeldía, la organización y la lucha por una sociedad más justa, aprendiendo de las experiencias del pasado y adaptándolas a los desafíos del presente.
Giovanni (UST): Los jóvenes combatientes hoy en día son prácticamente un simbolismo. Los jóvenes combatientes no son simplemente los que van a tirar una molotov, los que van a tirar una piedra, esos son jóvenes combativos, pero el joven combatiente en verdad vive en el corazón de cada joven proletario. El joven combatiente que no se da cuenta, ese mismo estudiante que está preocupado de tener la zapatilla más lujosa, más cara del último año. En verdad, también es un joven combatiente, porque igual combate dentro de sí contra el sistema neoliberal. Entonces, eso es hoy en día un joven combatiente. Claramente hay que cambiar esa figura, claramente hay que cambiar esa doctrina donde se tiene que pelear por llegar a fin de mes tanto para la juventud como para toda la clase obrera. ¿Y cuál es la idea? Hoy en día existe un grupo muy pequeño, muy minoritario de jóvenes que son ideológicamente combatientes. Son del sector anarquista, son del sector marxista o de una izquierda libertaria en donde han luchado, han salido a las calles durante incluso los 4 años del gobierno de Boric, que desestabilizó toda la articulación popular de masa y ellos siguen siendo parte de los jóvenes combatientes, pero ahí el llamado justamente es no tan solo una rebeldía. Hoy en día se asocia el término de combatiente a un joven rebelde, pero no basta solamente con ser rebelde, sino que va a bastar cuando el joven rebelde comience a accionar de manera revolucionaria. No hay que destruir por destruir, sino que se destruye para construir y eso es el principal objetivo que tenemos hoy en día los jóvenes y que hoy en día tenemos que, los jóvenes que ya tenemos la conciencia, compartirlo con el resto de la juventud para poder incentivar a que esa rebeldía se convierta en un accionar revolucionario.


